Adiós a Zulema Galperín: la actriz que empezó tarde, se rió de todo y dejó huella en la tele, el cine y el teatro
A los 90 años murió la intérprete que pasó del escritorio al escenario, participó en Chiquititas, Gasoleros y Puan, y se ganó un lugar propio en el humor con la Abuela cocainómana de Duro de domar.
Me cuesta arrancar esta nota sin una sensación rara en el cuerpo, porque cada vez que se va alguien así, una parte de la pantalla y de las tablas se queda más chica. Zulema Galperín murió a los 90 años y la noticia la confirmó la Asociación Argentina de Actores y Actrices, que además la despidió destacando su interés permanente por aprender, por formarse y por estar activa, incluso cuando el cuerpo ya no acompañaba del todo. Lo que sigue es un recorrido por una carrera que empezó tarde, recién en los noventa, pero que alcanzó una variedad enorme de registros y formatos, desde la televisión masiva hasta el teatro más experimental, pasando por el cine, la publicidad y las plataformas de streaming que se sumaron en los últimos años.
Una tardía vocación que se volvió oficio
Antes de pisar un escenario, Zulema había pasado años trabajando en tareas administrativas, una vida más bien ordenada, de oficina y papeleo, que poco tenía que ver con los camarines y los guiones. El salto se dio en la década del noventa: en 1997 se anotó en el taller de Entrenamiento Teatral del Teatro Regio, en pleno centro porteño, y a partir de ahí no paró. Lo que empezó como un hobby, como una manera de sacarse las ganas, se fue transformando en una segunda profesión, con su afiliación a Actores en el año 2000 como sello formal de algo que ya era un camino cierto y compartido con colegas.
La tele grande: del drama al policial
En la pantalla chica, la Galperín se movió como pez en el agua por distintos géneros. Estuvo en ficciones muy recordadas por el público argentino, como Chiquititas y Gasoleros, donde se codeó con elencos que eran verdaderos semilleros de estrellas infantiles y juveniles, y también en propuestas más oscuras o adultas como Poliladron, Verdad consecuencia, Primicias, Epitafios, Viudas e hijos del rock and roll y Buenos chicos. Más cerca en el tiempo se la vio en la miniserie En París, y en el universo de las plataformas acompañó series como Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim, un mapa amplio que muestra a una actriz curiosa, sin miedo a cambiar de registro ni de pantalla.
Si hay un personaje que quedó en la memoria colectiva, ése fue el de la Abuela cocainómana, que Zulema interpretó junto a Sebastián Presta en el segmento Préstico de Duro de domar, el programa que conducía Roberto Pettinato en los años en que la tele de cable todavía se miraba con reverencia. La pareja cómica funcionaba a base de timing, de una energía muy descontracturada y de un humor algo delirante, y le permitió a Galperín llegar a un público más joven, el que no la había visto en los dramones ni en los unitarios. Lo que la guionista no se cansaba de repetir en los pasillos, y acá lo digo de memoria, era que esa abuela era querible justamente porque no se parecía en nada a la actriz: Zulema, me consta, era más bien tímida, de hablar bajito y mirar mucho antes de decir una frase.
En cine dejó títulos para todos los gustos: pasó por Los justos, Eva Perón, Pacto de silencio, Blindado, Los adoptantes y La estrella roja, y en los últimos años se lució en Puan y en La extorsión, dos películas muy distintas entre sí pero que confirman su capacidad para meterse en proyectos autorales sin perder presencia. En 2021 participó además en Superhéroes y heroínas urban@s, una miniserie surgida de un taller de la Fundación SAGAI, donde compartió el capítulo La página en blanco con María del Carmen Simari y Mirta Calza Citín, en un ejercicio de ficción colectiva que la tenía fascinada.
Donde Zulema se mandó quizás la apuesta más arriesgada fue en teatro, y muy especialmente con Fango negro, escrita por José Gabriel Núñez y dirigida por César Sambataro para el grupo Clan-Destino, una experiencia singular en la que la función se representaba dentro de un colectivo que circulaba por las calles de Buenos Aires y los espectadores la vivían como si fueran pasajeros de una línea imaginaria. Más convencional, pero igualmente valiosa, fue su participación en Motivos para levantarse por la mañana, de Germán Akis y Raúl Baroni, en el Teatro Arlequino, una de esas salas chicas del centro donde la cercanía con el público se vuelve parte del texto.
- Nació el 18 de abril de 1936 y murió a los 90 años, según confirmó la Asociación Argentina de Actores y Actrices.
- Empezó a actuar en la década de 1990, después de años de trabajo administrativo, y se formó en el taller de Entrenamiento Teatral del Teatro Regio en 1997.
- Se afilió a Actores en 2000 y mantuvo actividad gremial y formativa hasta sus últimos años.
- En televisión participó en Chiquititas, Gasoleros, Poliladron, Verdad consecuencia, Primicias, Epitafios, Viudas e hijos del rock and roll, Buenos chicos y la miniserie En París.
- En plataformas formó parte de Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim.
- En cine se la vio en Los justos, Eva Perón, Pacto de silencio, Blindado, Los adoptantes, La estrella roja, Puan, La extorsión y en el unitario La página en blanco de Superhéroes y heroínas urban@s.
- Hizo teatro con Clan-Destino en Fango negro, dentro de un colectivo que recorría Buenos Aires, y en Motivos para levantarse por la mañana, en el Teatro Arlequino.
- Se ganó al público con la Abuela cocainómana, personaje que compartía con Sebastián Presta en Préstico, el segmento de Duro de domar.
La Asociación Argentina de Actores y Actrices, donde estaba afiliada desde 2000, la despidió con un comunicado que rescata su costado de estudiante eterna, de alguien que nunca dejó de tomar talleres y seminarios, incluso cuando ya tenía una trayectoria larga. Esa imagen, la de la actriz que empezó tarde y que a los 60, 70 y hasta los 80 años seguía probando cosas nuevas, es probablemente la mejor herencia que nos deja Zulema Galperín, y la que más me gusta guardar cuando pienso en ella. Para quienes quieran rendirle homenaje en persona, el velatorio y los actos de despedida se organizan a través de la Asociación Argentina de Actores y Actrices, en su sede de la calle Alsina, y los horarios y salones confirmados se pueden consultar en las redes oficiales de la entidad, que es el canal donde la familia y el gremio van a centralizar toda la información sobre el último adiós.
