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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Apnea del sueño en mujeres: cuando el cansancio de cada día esconde algo más

Cansancio diurno, dolor de cabeza matinal, insomnio y cambios de humor suelen atribuirse al estrés o a la menopausia, pero pueden ser señales de apnea obstructiva del sueño. Los cuestionarios y algunas pruebas hogareñas no siempre alcanzan para detectarla, y la consulta profesional se vuelve clave.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 27 d
Apnea del sueño en mujeres: cuando el cansancio de cada día esconde algo más

La pava empieza a silbar a las siete de la mañana en la cocina de Marta, que tiene 52 años y vive acá en la cuenca. Se sirve un café, se sienta un rato y me dice, como si fuera una confesión: "Llego a la noche muerta, duermo como un tronco y me levanto peor". A su alrededor, en cualquier barrio del conurbano o del interior, hay miles de mujeres que repiten esa queja sin saber que detrás puede esconderse algo más que agotamiento.

Un trastorno que se cuela sin hacer ruido

Porque la apnea obstructiva del sueño, que tantas veces se asocia con los ronquidos fuertes del marido, tiene en las mujeres una cara distinta y más silenciosa. Aparece camuflada en el cansancio de todos los días, en el dolor de cabeza que aparece apenas suena el despertador, en la dificultad para dormir o para mantenerse dormida y hasta en esos cambios de ánimo que se le endilgan al estrés, a la menopausia o al clásico insomnio. Una revisión reciente sobre el trastorno calcula que hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas podría estar sin diagnóstico, y que cerca del 40 por ciento no presenta los síntomas más conocidos, esos ronquidos intensos y los ahogos nocturnos que todos tenemos en la cabeza cuando alguien dice apnea.

Por eso, si el malestar persiste, no alcanza con descartarlo en una primera consulta rápida. Los cuestionarios que cruzan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello sirven para estimar el riesgo, pero tienden a identificar menos casos entre mujeres. Algunas pruebas que se hacen en el domicilio también pueden registrar de manera incompleta ciertas alteraciones respiratorias, sobre todo las que se concentran en la fase REM del sueño, esa etapa en la que soñamos.

Qué mirar antes de descartar el problema

  • Sueño fragmentado, con varios despertares a lo largo de la noche, aunque no siempre se recuerden.
  • Cansancio diurno sostenido, somnolencia y dificultades para concentrarse.
  • Dolor de cabeza al despertar, especialmente si se repite casi todas las mañanas.
  • Cambios de ánimo, irritabilidad o sensación de no recuperar energía aun durmiendo varias horas.
  • Antecedentes o factores de riesgo como hipertensión, diabetes, sobrepeso, embarazo o menopausia.

Si después de esa primera evaluación el resultado no muestra alteraciones pero los síntomas siguen ahí, el profesional puede indicar un estudio nocturno en un centro especializado. Allí se observan la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos del cuerpo y las distintas fases del descanso, lo que permite ver lo que en casa se escapa. El mecanismo es más sencillo de lo que parece: la garganta reduce o bloquea de manera repetida el paso del aire, el oxígeno baja y el cuerpo responde con despertares breves, casi siempre imperceptibles, que terminan por fragmentar el sueño. Con el tiempo, ese cuadro se asocia con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas, y por eso entra en la conversación cualquier antecedente cardiovascular que la paciente tenga en su historia clínica.

Embarazo, menopausia y la importancia del equipo médico

Hay dos momentos de la vida en los que la apnea puede aparecer o empeorar: el embarazo y la menopausia. En ambos casos, el abordaje tiene que ser compartido. Durante la gestación, el equipo obstétrico y un especialista en sueño tienen que trabajar en sintonía, y si hay una cirugía programada, corresponde avisar al equipo médico porque algunos procedimientos cambian con este trastorno. El tratamiento más conocido es la CPAP, un equipo que mantiene abierta la vía respiratoria mediante una presión de aire constante, pero su indicación y su ajuste se definen caso por caso, nunca de manera automática.

Antes de cerrar la nota vuelvo a la cocina de Marta, que ya se terminó el primer café y está pensando en el segundo. "Yo decía que era la edad, que era el trabajo, que era todo", me cuenta mientras acomoda las tazas. Hoy sabe que esas ganas de dormir a cualquier hora y ese dolor de cabeza de cada mañana no eran caprichos del cuerpo. Acá en la cuenca, en cada casa donde una mujer se levanta rendida y nadie le encuentra explicación, la invitación es la misma: consultar, persistir si el cansancio no se va y no conformarse con un primer estudio que no detectó nada. A veces, el alivio empieza por hacerse la pregunta correcta a tiempo.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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