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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Caminar quince minutos y cuidar el descanso: la fórmula que, según una especialista, puede sumar bienestar a la vida sexual

La fisioterapeuta Erika Lydon habló de los beneficios del movimiento moderado, los riesgos de pasarse de rosca con el entrenamiento y el papel del sueño, el estrés y el suelo pélvico en el deseo.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 18 d
Caminar quince minutos y cuidar el descanso: la fórmula que, según una especialista, puede sumar bienestar a la vida sexual

Acá en la cuenca, cuando uno se imagina una consulta médica, casi siempre piensa en un consultorio con camilla y tensiómetro. Pero la conversación sobre la que uno se cruza esta semana empieza en otro escenario: una cocina cualquiera, con la pava que empieza a silbar y una vecina que, después de leer sobre entrenamiento y libido, se pregunta si lo que le pasa es normal. Tiene 54 años, se llama Marta, y dice que lleva meses sin ganas. Antes de desesperarse, conviene escuchar lo que dice una especialista que se dedica, precisamente, a entender cómo se mueve el cuerpo en la intimidad.

Erika Lydon es fisioterapeuta especializada en suelo pélvico y, en diálogo con este portal, planteó que empezar con movimientos que uno pueda sostener —como caminatas de 15 minutos— y aumentar el esfuerzo de manera gradual suele ser la puerta de entrada más razonable. La idea, según explicó, no es transformarse en atleta de un día, sino encontrar algo agradable y posible de mantener en el tiempo, porque los beneficios, cuando aparecen, suelen ser un efecto derrame de una rutina que ya forma parte de la vida.

Una referencia, no una promesa

Como referencia general para la mayoría de las personas adultas, Lydon mencionó la pauta clásica: 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado o 75 minutos de actividad intensa por semana, sumados a dos jornadas de trabajo de fuerza. La aclaración es importante y la propia especialista la repitió: esos números apuntan a la salud general y no constituyen un tratamiento específico para el bajo deseo ni garantizan cambios en la libido. En el medio siempre juegan el estado emocional, las horas de sueño, lo que cada uno come y hasta cómo se transitan los vínculos.

Antes de sumarle ejercicios: consultar si algo duele

La recomendación práctica que la especialista repite en cada charla es que, antes de lanzarse a sumar abdominales o series en el gimnasio, conviene atender las molestias que ya están. Si hay dolor o preocupación por el desempeño sexual, lo razonable es consultar con un profesional de la salud o con alguien formado en fisioterapia de suelo pélvico. Esa musculatura, sostuvo Lydon, sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse; a veces, en realidad, lo que necesita es aprender a relajarse.

  • Los ejercicios de Kegel pueden servir en algunos casos, pero si los músculos quedan contraídos o tienen dificultades para soltar, las relaciones pueden volverse dolorosas.
  • Entrenar demasiado, sin alimentarse de forma adecuada ni respetar la recuperación, puede terminar jugándole en contra al deseo.
  • Antes de sumar una rutina, conviene descartar molestias y consultar con un profesional si algo duele o preocupa.

Por qué moverse puede ayudar a la vida sexual

Cuando uno piensa en lo que pasa entre las sábanas, pocas veces se detiene en la circulación. Sin embargo, Lydon fue clara al respecto: el trabajo aeróbico cuida el corazón y los vasos sanguíneos, y eso facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales. Ese flujo interviene en la erección y puede contribuir tanto a la excitación como a la función sexual femenina, así que no es un detalle menor. El descanso y el manejo del estrés también pesan: la tensión sostenida suele complicar el interés sexual, mientras que el movimiento, bien dosificado, puede mejorar el ánimo y facilitar la relajación. El entrenamiento de fuerza, agregó, puede colaborar con procesos vinculados a la energía, el estrés y el equilibrio hormonal, aunque insistió en que los tiempos de respuesta varían de persona a persona y que dormir mejor o sentirse menos estresado puede notarse antes que un cambio en el deseo propiamente dicho.

Vuelvo entonces a la cocina del principio, con la pava ya apagada y la taza entre las manos. Marta, mi vecina, escucha la lista de recomendaciones con esa cara de quien sabe que empezar es la parte más difícil. Le digo lo que le diría cualquier lector atento: no hay atajos mágicos, pero caminar quince minutos, dormir mejor y hacerse un chequeo cuando algo duele suele ser un buen primer paso. Uno a uno, esos pequeños cambios terminan sumándose, y a veces —acá en la cuenca, entre nosotros— alcanzan para que la vida, también la sexual, vuelva a tener otro ritmo.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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