Cerúndolo, el argento mal presentado y bien jugado: se comió el cuento y se quedó con todo
Perdió los dos primeros sets, lo anunciaron como chileno en el Arthur Ashe y terminó festejando en cinco parciales ante Fritz para meterse por primera vez en los octavos del US Open.
El viento en Nueva York no es viento, es una declaración de principios: te revolea la pelota, te revolea los nervios y, si te descuidás, te revolea el partido. A Francisco Cerúndolo le pasaron las tres cosas el sábado en el Arthur Ashe, y aun así terminó ganando. Yo, en su lugar, ya me hubiera subido a un taxi rumbo al hotel después del primer set. Pero el muchacho tiene otra sangre.
El arranque fue de película de terror para el lado argentino. Taylor Fritz, diez del mundo y mimado por el público local, salió a comerse la cancha como quien pisa la alfombra de su casa. Cerúndolo firmaba errores no forzados como si fueran autógrafos y en dos sets ya estaba 6-3 y 4-6 abajo, con la moral más fría que un café dejado en la tribuna.
Chile, Argentina, da igual: lo importante era ganar
Como si el destino quisiera sumarle condimento al asunto, la organización del US Open cometió un papelón que ya es clásico de los torneos grandes: lo presentaron como chileno. Sí, chileno. A un porteño criado entre polvo de ladrillo y pizzerías de barrio. Cerúndolo, concentrado en lo suyo, levantó la mano a las tribunas y siguió caminando, porque el hombre tiene claro que lo accesorio se resuelve solo cuando lo principal funciona.
- Cerúndolo perdió los dos primeros sets contra Fritz (3-6 y 4-6).
- Se repuso con dos parciales idénticos de 6-3 y forzó el quinto.
- Cerró el partido con otro 6-4 tras quebrar el saque de Fritz con una doble falta del estadounidense.
- El encuentro duró 3 horas y 41 minutos en el Arthur Ashe.
- El argentino llegó a octavos del US Open por primera vez en su carrera.
El punto de quiebre: la derecha y el servicio
Cuando el partido parecía perdido, apareció el Fran que todos conocemos: el de la derecha pesada, el que no te deja respirar en el rally y el que, cuando se enoja, te pasa por encima sin pedir permiso. Empató el marcador, le sacó el temple al estadounidense y en el set decisivo le aguantó tres situaciones de quiebre con primeros sazos que entraban como pan caliente. Después llegó la doble falla de Fritz y, con eso, la sentencia.
Lo de Cerúndolo me hace acordar a esas jornadas de oficina en las que arrancás con todo en contra, te comés tres reuniones horribles, el café se enfría y, cuando ya te querés ir a tu casa, te aparece un mail salvador. Así jugó el argentino: feo, feo, feo, y de pronto, luminoso. Ahora se le vienen los octavos y la pregunta que todos nos hacemos: ¿aguanta este nivel o fue un espejismo de una tarde caliente? Veremos.
