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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cinco paradas en Buenos Aires para probar empanadas que viajaron desde el norte sin perder el sello de origen

En San Telmo y Recoleta funcionan locales que sostienen recetas salteñas, catamarqueñosas, riojanas y sanjuaninas con masa casera, carne cortada a cuchillo y precios que van de 3.200 a 4.000 pesos la unidad; las reseñas en plataformas digitales los ubican entre los más valorados de la ciudad.

Por Bruno YutronichTurismo y glaciares · · hace 5 d
Cinco paradas en Buenos Aires para probar empanadas que viajaron desde el norte sin perder el sello de origen

A veces uno recorre varios kilómetros dentro de Buenos Aires y tiene la sensación de que la ciudad se estiró hasta tocar Salta, Catamarca, La Rioja o San Juan, y lo hizo, claro, sin mover los pies de la vereda porteña: lo hizo a través de una empanada que viaja entera en una fuente de horno o en una bolsa de papel, con su masa, su relleno y el recuerdo del pueblo de donde partió la receta. Esa experiencia, que mezcla memoria y sabores del interior, la protagonizan cinco locales que se reparten entre San Telmo y Recoleta y que las plataformas digitales de reseñas, esas que todos consultamos antes de decidir dónde sentarnos a comer, vienen convirtiendo también en paradas obligadas para quienes buscan la empanada regional mejor calificada por sus propios clientes.

Los números lo confirman, y conviene leerlos con atención porque hablan por sí solos: los puntajes van de 4,4 a 4,7 estrellas sobre 5, y el volumen de opiniones acumuladas supera, en la mayoría de los casos, las mil quinientas reseñas, con picos que trepan hasta las 4.800. En un mercado gastronómico saturado de propuestas, sostener ese nivel de calificación con semejante caudal de clientes que se toman el trabajo de dejar su testimonio no es un dato menor: es, en buena medida, una señal de que la receta original se mantiene intacta y de que la experiencia de mesa sigue siendo consistente visita tras visita.

El Gauchito: la riojana que se fríe y se celebra en San Telmo

En el corazón de San Telmo funciona El Gauchito, un local que se hizo conocido por su empanada riojana frita, esa que llega a la mesa dorada, crujiente y con un relleno que se desborda apenas se la corta. La receta, según cuentan quienes la trabajan a diario, lleva carne de roast beef cortada a cuchillo, una proporción de dos kilos de cebolla por cada kilo de carne, papas, verdeo, huevo y aceitunas, lo que termina configurando ese perfil jugoso y ligeramente dulce que distingue a la versión de La Rioja. El local acumula 4,7 estrellas y más de 1.700 reseñas en Google, y la unidad se paga a 4.000 pesos.

Peña La Morena y La Cocina: la salteña y la catamarqueñosa se cruzan en Recoleta

Sobre la calle Austria, en pleno Recoleta, funciona desde 2018 Peña La Morena, un local nacido con propuesta salteña y que convirtió su empanada de masa casera con carne cortada a cuchillo en su producto principal, aunque el menú se extiende con humita en chala, locro y guiso de lentejas, clásicos del norte argentino que completan la experiencia. El salón imita una pulpería y suele tener música en vivo, un detalle que ayuda a entender por qué los clientes lo describen como un viaje gastronómico más que como una simple salida a comer. Tiene 4,6 estrellas y cerca de 3.800 reseñas, y la empanada se consigue a 3.273 pesos, aunque la unidad promediada en el material se ubica en 3.200 pesos.

A pocas cuadras, La Cocina trabaja con la misma receta desde 1977 y se especializa en la versión catamarqueñosa: el relleno se saltea con caldo vacuno y lleva papa, verdeo y huevo, mientras que la masa se elabora sin grasa, lo que la vuelve más liviana y la diferencia de otras propuestas de la ciudad. Entre las variedades más pedidas están la clásica de carne, la de pollo y la que los propios habituales bautizaron Pikachu, preparada con cebolla caramelizada, dos quesos y picantes bolivianos. El local tiene 4,6 estrellas y más de 2.100 reseñas, con un precio por unidad de 4.000 pesos.

El Hornero y El Sanjuanino: tradición porteña con raíces en el oeste y el norte

Dentro del histórico Mercado de San Telmo funciona El Hornero, un puesto que combina empanadas fritas y al horno con platos de olla y que se destaca por sus versiones de carne cortada a cuchillo, salteña y de mondongo, esta última una opción ideal para los días fríos. El local tiene 4,5 estrellas y alrededor de 1.500 reseñas, un número que refleja una clientela fiel que suele volver para probar las distintas variedades de la carta.

El recorrido se completa con El Sanjuanino, una de las casas más antiguas del circuito: abrió en 1960 sobre la calle Sánchez de Bustamante y desde 1977 funciona en su local de la calle Posadas, cerca de Callao, en pleno Recoleta. Allí las empanadas de carne, jamón y queso, o pollo, salen fritas o al horno, y la cocina trabaja con el mismo proveedor de carne desde hace cuatro décadas, un detalle que aporta mucho a entender la regularidad del producto. El local acumula 4,4 estrellas con más de 4.800 reseñas, la cifra más alta del grupo.

Qué tener en cuenta antes de elegir

  • Precios: la unidad va de 3.200 a 4.000 pesos, según el local y la variedad elegida.
  • Origen de la receta: salteña (Peña La Morena), catamarqueñosa (La Cocina), riojana frita (El Gauchito), sanjuanina (El Sanjuanino) y combinaciones del norte en El Hornero.
  • Puntaje y reseñas: entre 4,4 y 4,7 estrellas, con volúmenes que van de 1.500 a más de 4.800 opiniones en plataformas digitales.
  • Barrios: la recorrida se puede hacer a pie entre San Telmo y Recoleta, dos zonas con buena conexión de transporte.
  • Mejor momento para ir: la franja de la cena permite combinar la empanada con la propuesta cultural de cada salón, especialmente en Peña La Morena, que suele ofrecer música en vivo.

Ahora bien, más allá de los datos fríos, lo que une a estos cinco locales es una decisión gastronómica que vale la pena destacar: la sostener la receta original —los ingredientes, las proporciones, los tiempos de cocción y, sobre todo, la mano del cocinero— frente a la tentación constante de adaptar el producto al paladar porteño. En cada caso, el cliente termina viajando sin moverse de la mesa, y ese viaje, que empieza en una masa fina o crocante y termina en un relleno que recuerda al pueblo de origen, es el verdadero atractivo de esta recorrida.

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Bruno YutronichTurismo y glaciares

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