Cuando el amor se vuelve dependencia: señales cotidianas que aparecen en la mesa, en la calle y en la cocina
Una revisión de 102 estudios publicada este año encontró asociaciones entre la dependencia emocional y la baja autoestima, la violencia psicológica y las dificultades de apego, aunque sus resultados no permiten diagnosticar a nadie en particular. Acá en la cuenca, el tema resuena entre vecinas, amigas y profesionales que ven cómo se confunde apego con pérdida de identidad.
Son las ocho de la mañana y en la cocina de Marta, 52 años, suena la pava mientras ella me cuenta, con ese tono de quien ya lo pensó mucho, que durante años dejó de juntarse con sus amigas del barrio cada vez que a su pareja se le cruzaba un plan distinto. "Yo no quería discutir, prefería quedarme", dice mientras revuelve el mate. La escena, que podría repetirse en cualquier esquina de acá en la cuenca, abre una pregunta que la psicología viene debatiendo hace rato: dónde termina el apoyo afectivo y empieza la dependencia emocional.
Una revisión de 102 investigaciones publicada en 2026 cruzó datos de estudios de distintos países y encontró asociaciones consistentes entre dependencia emocional, baja autoestima, violencia psicológica y dificultades vinculadas al apego. Los resultados, aclaran los autores, no sirven para diagnosticar a una persona ni para establecer una causa única: lo que muestran son patrones que se repiten en la literatura científica cuando se analiza cómo se construyen ciertos vínculos de pareja.
Señales que aparecen en lo cotidiano, no en el á
Para nosotros, que caminamos estas calles y escuchamos a diario, el tema aparece menos en los grandes gestos y más en las decisiones chiquitas. Dejar una actividad para evitar una discusión. Callar una necesidad por miedo a que la otra persona se vaya. Necesitar su aprobación antes de tomar cualquier decisión propia. Son situaciones que, miradas en conjunto, pueden dar la pauta de cuánto espacio personal queda dentro de la pareja.
- Se dejan amistades o reuniones para no generar conflicto en la pareja.
- Se silencian necesidades o desacuerdos por temor a un alejamiento.
- Las decisiones propias, incluso las menores, esperan la aprobación del otro.
- Se le asigna a la pareja la responsabilidad casi total del bienestar emocional.
- La relación empieza a afectar el descanso, el trabajo o los vínculos sociales.
La American Psychological Association señala que la intimidad y la cooperación pueden desarrollarse sin que se desplace la identidad personal. Pedir compañía en un momento difícil o compartir una preocupación no significa, por sí mismo, perder autonomía. La diferencia, remarcan los especialistas, aparece cuando sostener el vínculo implica relegar de manera persistente amistades, responsabilidades o intereses propios.
Qué dice la evidencia y qué no dice
La revisión de los 102 estudios advierte, además, que los trabajos analizados usaron definiciones dispares, lo que vuelve delicada cualquier generalización. Sus hallazgos no permiten equiparar dependencia emocional con amor maníaco ni con adicción al amor, categorías que a veces circulan mezcladas en conversaciones de café y en notas de divulgación. La dependencia emocional, coinciden los manuales de salud mental, describe patrones de relación y no constituye un diagnóstico independiente.
“Pensar que nadie más puede estar bien sin la otra persona, o que ningún proyecto propio es posible fuera de la pareja, puede convivir con el afecto. Lo que hay que observar es si eso termina afectando el descanso, el trabajo, los vínculos con amigas y amigos o las decisiones de cada día.”American Psychological Association
Vuelvo a la cocina de Marta. Mientras corta el pan, me dice que lo que la ayudó no fue una gran revelación, sino algo más de a poco: volver a juntarse con sus amigas, recuperar un taller de costura que había dejado y aprender a decir que no sin sentir que la relación se iba a romper. "No es que ahora sea todo color de rosa", aclara con una sonrisa, "pero volví a tener aire". En la voz de una vecina de 52 años aparece, sin teorizarlo, lo que la literatura científica intenta medir: que el apoyo afectivo puede convivir con límites y proyectos propios, sin que una sola persona cargue con toda la responsabilidad por el bienestar de la otra.
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