Cuando el corazón avisa sin dolor de pecho: las señales que muchas mujeres ignoran
Una cardióloga británica enumeró los síntomas cardíacos que suelen pasar inadvertidos en mujeres, desde el cansancio al subir escaleras hasta una indigestión a la madrugada, y marcó la línea entre una consulta programada y una guardia.
Acá en la cuenca, en la cocina de Irma, 52 años, el tema aparece mientras revuelve el mate: ella cuenta que el mes pasado sintió un peso raro en el hombro izquierdo cada vez que subía al segundo piso por la escalera del trabajo. Lo mandó al estrés, a la mala noche, a cualquier cosa menos al corazón, hasta que una compañera la empujó a hacerse un chequeo. Esa escena, tan común en nuestras conversaciones de barrio, es exactamente el punto que quiso poner sobre la mesa la cardióloga Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, cuando habló de los síntomas cardíacos que en las mujeres suelen pasar inadvertidos.
Para la especialista, la trampa más frecuente es la del clásico dolor de pecho. Ese síntoma, cinematográfico y ruidoso, aparece en los manuales, pero en la vida cotidiana el corazón puede avisar por otros carriles: una molestia que se repite al subir escaleras, un cansancio intenso al tender la cama, una mandíbula pesada al caminar rápido o un brazo que duele sin razón aparente. Lo clave, dice Banerjee, no es solo qué se siente, sino cuándo se siente.
La regla del esfuerzo: si se repite, merece consulta
Banerjee destacó un patrón claro para llamar a un médico: que el dolor, el agotamiento o la falta de aire aparezcan de manera reiterada durante el esfuerzo físico, sin una explicación evidente. El malestar puede ubicarse en la mandíbula, el cuello, los hombros, la espalda o uno o ambos brazos, aunque no haya dolor de pecho. Para nosotros, que tantas veces atribuimos esas molestias al estrés o a dormir mal, el consejo es concreto: si la señal se repite con el esfuerzo, hay que pedir turno.
¿Por qué duele un brazo y no el pecho? La explicación tiene nombre médico. Cuando el corazón recibe menos oxígeno del necesario, transmite señales dolorosas a la médula espinal. Como esas vías comparten conexiones con otras regiones del cuerpo, el cerebro puede terminar registrando la molestia en un hombro, en una mandíbula o en un brazo. No es un capricho del cuerpo: es una confusión de cables que muchas mujeres pagan con un diagnóstico tardío.
Indigestión, acidez y otros mensajes disfrazados
Las sensaciones digestivas también complican el reconocimiento. Banerjee recomienda consultar cuando la acidez o la indigestion surgen sin relación con las comidas o en horarios poco habituales, por ejemplo, durante la madrugada. La cardióloga describió el caso de una paciente con episodios de eructos y malestar digestivo que terminó necesitando stents por una enfermedad coronaria grave, detectada mediante un angiograma. La moraleja, para Irma y para cualquiera que esté leyendo: una indigestion que aparece caminando, subiendo escaleras o de madrugada, sin haber cenado pesado, no es una indigestion.
- Síntomas para consultar al cardiólogo: dolor en mandíbula, cuello, hombros, espalda o brazos que se repite con el esfuerzo, aunque no haya dolor de pecho.
- Acidez o indigestión fuera de horario de comidas, sobre todo de madrugada o durante la actividad física.
- Cansancio desproporcionado al hacer tareas cotidianas, como tender la cama o subir escaleras.
- Dolor de pecho que se siente como pinchazos o pellizcos, no solo como una presión.
- Combinación de sudores fríos, náuseas, mareos o sensación de pánico con dolor o molestia en el pecho: en este caso, guardia sin demora.
Menopausia, hormonas y un riesgo que crece en silencio
Banerjee señaló que la superposición con síntomas menopáusicos puede demorar la consulta. Además, después de la menopausia aumenta el riesgo cardiovascular: la disminución de estrógenos se vincula con cambios en la presión arterial, el colesterol y la acumulación de grasa abdominal. Por eso la especialista recomendó controles periódicos de presión y colesterol, una indicación que vale para todas las mujeres a partir de cierta edad, incluso cuando se sienten perfectamente bien.
Antes de cerrar, vuelvo a Irma, 52 años, revolviendo el mate en la cocina. Ella todavía no se hizo los estudios, pero ya sabe que la próxima vez que el hombro le avise en la escalera va a pedir un turno, no un ibuprofeno. Y esa, en el fondo, es la única conclusión que importa: prestar atención a las molestias, registrar si se repiten con el esfuerzo y no dejar pasar lo que el cuerpo intenta decirnos. Porque acá en la cuenca, como en cualquier otro rincón del país, el corazón de las mujeres también merece ser escuchado antes de que grite.
