Cuando el villano se sube al pedestal: Guillermo Toledo vuelve a la carga contra Torrente y abre un debate incómodo
El actor volvió a cuestionar el lugar que ocupa el personaje de Santiago Segura en su propia saga y asegura que Segura se enoja cada vez que se lo plantea. La discusión invita a preguntarse de qué nos reímos cuando el cine español convierte al antihéroe en bandera.
Vayan anotando, porque lo que Guillermo Toledo acaba de poner sobre la mesa no es una queja menor ni un cruce entre colegas devenido en anécdota de pasillo: es una pregunta que la saga Torrente arrastra desde su primera entrega en 1998 y que, según parece, nunca terminó de responderse dentro del propio filme. Yo, que vengo siguiendo esta historia desde aquellos años en los que Santiago Segura irrumpió con un tipo obeso, grosero y fascistoide que se convertía en el centro de todas las carcajadas, no puedo menos que detenerme a pensar en serio cuando alguien del propio elenco se planta y dice lo que muchos murmuraban en privado.
Un espejo que incomoda
Toledo, que además de actor es una de las voces más lúcidas del teatro español contemporáneo, fue a lo suyo: a poner el dedo en la llaga sin anestesia. Dijo, en una entrevista reciente, que Torrente concentra todo lo peor de la España más oscura, y cuando uno repasa la lista que mencionó (fascismo, racismo, homofobia, machismo) no puede menos que reconocer que el personaje efectivamente las abraza con entusiasmo. Lo que Toledo cuestiona es el lugar que la saga le termina dando a ese concentrado de incomodidades: en vez de convertirlo en el antagonista que la historia necesita para que el héroe de turno tenga sentido, lo subió al pedestal y le puso la cámara a favor.
“Se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe.”Guillermo Toledo
Lo de que Segura se enfada es, claro, el condimento que le faltaba al asunto, porque no estamos hablando de una crítica distante entre desconocidos, sino de algo entre dos tipos que compartieron pantalla y rodaje, en El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo (2004) y después en La reina de España (2016). Cuando el que te lo dice es alguien que te vio actuar, te dirigió o se sentó a tu lado en un set, el comentario pesa de otra manera.
Un trozo de carne, tres personas negras y la pregunta incómoda
De qué nos reímos, en definitiva
A mí, que me he criado leyendo a Art Spiegelman, mirando a los Monty Python y de tanto en tanto visitando el chapliniano Tiempos modernos para entender cómo funciona la fábrica del humor con filo, la fórmula que Toledo propone me suena conocida: el humor que incomoda es el que obliga a revisar, mientras que el humor que aplaude lo que dice combatir termina siendo un escudo cómodo para los sectores que se ríen con eso y, de paso, se sienten habilitados a repetirlo en la mesa familiar del domingo. La diferencia, como él mismo la describió, está en esa frase que a mí me parece la llave de todo: tienes que aprovechar esa risa para que el público diga de qué me estoy riendo.
La ambigüedad como coartada
Ahora bien, lo que más me interesa del asunto no es quién tiene razón en el plano moral, sino algo que la pregunta final del material que estoy trabajando destila y que a mí me parece el corazón del problema: la ambigüedad. Porque en el fondo la saga Torrente siempre se escudó, como bien señala Toledo, en una suerte de territorio gris en el que el personaje era tan exageradamente incorrecto que la defensa automática era que se trataba de una sátira, cuando en realidad el público en muchos casos no salía de la sala pensando en el espejo, sino tarareando elogiando al tipo simpático que les había hecho pasar un buen rato. La ambigüedad, mal administrada, deja de ser ambigüedad y se vuelve licencia, y la licencia tiende a naturalizar lo que dice denunciar. Y eso, miren lo que les digo, es justo lo que Toledo está cansado de señalar y lo que, por lo visto, encuentra en su amigo y colega Segura una resistencia difícil de remover.
¿Hay que pedirle al humor que traiga consigo siempre un manual de instrucciones? Probablemente no, porque entonces dejaría de ser humor y se convertiría en un panfleto. Pero la pregunta por el lugar del personaje en la propia historia que lo contiene es legítima, venga de donde venga, y el hecho de que moleste tanto dice bastante de cómo están repartidas las incomodidades en la industria del cine español. La próxima vez que uno se cruce con Torrente en una plataforma o en una reposición televisiva, quizá valga la pena hacerse la pregunta que Toledo viene formulando hace años: ¿de qué me estoy riendo, en definitiva?
Para quien quiera profundizar en el cruce, quedan como referencia obligadas las películas compartidas por ambos: El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo (2004) y La reina de España (2016), disponibles en plataformas de streaming según catálogo regional, además de los registros del trabajo de Toledo con Animalario, accesibles en los archivos del teatro alternativo español. Mientras Segura prepara lo que sigue con su criatura más, el debate sigue abierto y, a juzgar por la reacción del protagonista, seguirá incomodando en cada nueva entrega.
