Cuando la ayuda del celular se vuelve una pesadilla: la trampa de las billeteras virtuales que nadie te cuenta en la pantalla
Las tasas que prometen las fintech parecen salvadoras a fin de mes, pero la letra chica y el interés compuesto transforman un préstamo chico en una bola que no para de crecer. Organismos de defensa del consumidor en Neuquén ya reciben reclamos y empujan un plan oficial para salir del pozo.
Acá en la cuenca, doña Mabel tiene 58 años, atiende un kiosco de barrio y me cuenta con la bolsa de pan bajo el brazo que el mes pasado pidió trescientos mil pesos por la billetera del teléfono para pagar la luz y la cuota del alquiler. Lo que iba a ser un alivio de diez días se transformó, según me dice mientras ordena los medialunas, en una deuda que ya casi duplica lo original y que ella no sabe cómo va a pagar. La escena se repite en las mesas de las cocinas neuquinas: familias que recurren al crédito digital para gastos básicos y terminan enganchadas en un mecanismo que las propias autoridades locales califican, sin rodeos, como casi usurero.
El problema, como me lo explica Pablo Tomasini, titular de la Dirección de Protección al Consumidor, no es solo la tasa de interés que las plataformas de billetera virtual publican a toda pantalla en el momento de ofrecer el crédito. Lo grave, dice el funcionario, está en la letra chica: cargos adicionales, condiciones contractuales redactadas de manera confusa y un sistema que, según sus palabras, termina siendo casi usurero para los ciudadanos que menos tienen.
Salarios que no alcanzan y un pozo que se hace bárbaro
El trasfondo de por qué la gente termina en estas situaciones lo pone sobre la mesa Fernando Schpoliansky, secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén. Para el funcionario, los sueldos, las jubilaciones y los ingresos de los trabajadores independientes y los pequeños comerciantes vienen perdiendo la carrera contra la inflación desde hace años, y cuando la plata no alcanza para llegar a fin de mes, el crédito digital aparece como la única salida visible. Esa decisión, advierte, es el inicio de un calvario: una deuda que era pequeñita se te va haciendo cada vez más grande producto de los intereses. Cuando te querés acordar, tenés un lío bárbaro.
Los números acompañan ese diagnóstico. El índice de morosidad en Argentina ronda el veinte por ciento, una cifra que quintuplica el promedio de los países vecinos de la región, donde la mora se ubica entre el cuatro y el cinco por ciento. Es decir: acá, uno de cada cinco hogares con crédito tiene problemas para pagar, y la diferencia no es casualidad, sino el resultado de un combo de inflación alta, ingresos aplastados y financiamiento caro.
La salida oficial: un préstamo para escapar del crédito caro
Para quienes ya están atrapados en la rueda, existe una herramienta concreta. Se trata del Régimen Especial de Refinanciación de Deuda, que ofrece préstamos de hasta cincuenta millones de pesos con una tasa fija anual del treinta y cinco por ciento. Tomasini lo describe sin titubear como una tasa muy accesible, diría blandísima, pensada para que las familias puedan cortar el ciclo y dejar de pagar intereses sobre intereses. La idea, me subraya, es salir del pozo a costo financiero razonable y no seguir acumulando deuda sobre deuda.
Cobranzas que acosan y los derechos que pocos conocen
Desde la Dirección de Protección al Consumidor también me confirman que están recibiendo denuncias por hostigamiento de empresas de cobranza. Si te llaman de manera insistente, te amenazan o te proponen condiciones que te parecen abusivas, esa conducta no está permitida y se puede denunciar. El consejo práctico que nos da Tomasini es tan simple como poderoso: capturar la pantalla cada vez que te contacten, guardar los mensajes y presentarse en el organismo con esa prueba para iniciar un reclamo formal que puede terminar en sanción para la empresa.
Lo que hay que mirar antes de aceptar el crédito en el celular
- La tasa nominal que figura en la promoción no es la tasa real: siempre pedir el costo financiero total, que incluye comisiones e impuestos.
- Leer la letra chica antes de aceptar, sobre todo los puntos sobre mora, intereses punitorios y caducidad de las promociones.
- Evitar financiar gastos cotidianos como comida, alquiler o servicios con créditos que después no se pueden pagar en término.
- Si la deuda se vuelve impagable, consultar el Régimen Especial de Refinanciación antes de tomar un nuevo préstamo para cubrir el anterior.
- Guardar toda la comunicación con la app y con las empresas de cobranza, porque las capturas son la prueba central del reclamo.
Antes de cerrar la nota vuelvo a la cocina de doña Mabel, que mientras acomoda los facturas me dice que nunca imaginó que un préstamo tan chico la iba a poner contra las cuerdas. Nosotros, los que caminamos las cuadras del barrio y escuchamos estas historias en las verdulerías y en las paradas del colectivo, sabemos que el problema no es individual sino estructural. La advertencia de Tomasini y de Schpoliansky apunta a un cambio de hábito que cuesta mucho en un país donde los ingresos no alcanzan: no usar el crédito digital para resolver el día a día, porque la pantalla muestra una promesa que el extracto, tarde o temprano, termina desmintiendo.
