Cuentapropismo de necesidad: la mitad de los informales cobra hasta $400.000 y la otra mitad queda por debajo de la canasta básica
Los datos del Instituto Universitario CIAS para el primer trimestre de 2026 exponen la distancia entre quienes trabajan por su cuenta con y sin registro. El comercio, la construcción y los servicios personales concentran al grueso de esa inserción laboral, que el segundo trimestre ya ubica al 25,5% de los ocupados.
En el primer trimestre de 2026, los trabajadores por cuenta propia que se movieron sin registro cobraron un promedio mensual de $541.000, según el relevamiento del Instituto Universitario CIAS. La mediana, sin embargo, quedó en $400.000: eso quiere decir que la mitad de ese universo se llevó a su casa ingresos iguales o menores a ese monto, una cifra que queda por debajo del valor de la canasta básica para un adulto, línea que ese mismo relevamiento fija como umbral de referencia.
El contraste aparece de inmediato cuando se mira al otro lado. Los cuentapropistas formales percibieron en el mismo período un promedio de $1.391.000 mensuales, más del doble que sus pares sin registro, y el conjunto de las personas ocupadas se ubicó en $1.104.000. La brecha se repite cuando la comparación se hace por hora trabajada: $4.435 entre los informales contra $9.154 entre quienes están registrados, siempre según el mismo informe.
Menos horas, menos ingresos y menos trabajo del que quieren
La cantidad de horas dedicadas a la actividad termina de completar la radiografía. Los independientes sin registro trabajaron un promedio de 30,5 horas semanales, casi ocho menos que los formales, que llegaron a 38. Y no fue porque quisieran: el 29% de los informales declaró tener menos horas de trabajo de las que buscaba, lo que apunta a un mercado laboral que les ofrece de manera intermitente changas, ventas y arreglos por debajo de sus necesidades.
El propio CIAS fue tajante al describir lo que está ocurriendo. Para Santiago Poy, vicerrector de la institución, se trata de un "cuentapropismo de necesidad", una modalidad asociada a la búsqueda urgente de ingresos más que a un proyecto económico voluntario. El 76% de estos trabajadores no tiene un local para desarrollar su tarea y el 22% carece incluso de local, máquinas y vehículo, lo que deja a buena parte del grupo trabajando en la calle, en la vereda o puerta a puerta.
Dónde se concentra el fenómeno
- Comercio: 635.000 personas, 30% del total. Reúne almacenes, kioscos, puestos de feria y ventas por internet.
- Construcción de pequeña escala: 402.000 personas, 19%. Arreglos, changas y refacciones en viviendas.
- Servicios personales: 354.000 personas, 17%. Peluquería, jardinería, estética y cuidado de personas.
- Actividades complementarias: reparaciones, producción artesanal, transporte de pasajeros y preparación de comida.
Sobre esa base territorial, la Encuesta Permanente de Hogares registró en el segundo trimestre de 2026 que el conjunto de los trabajadores independientes alcanzó el 25,5% de los ocupados, 1,8 puntos porcentuales más que un año atrás. El salto equivale a unas 307.000 personas que en doce meses pasaron a insertarse por su propia cuenta, en muchos casos en la informalidad.
La foto queda armada. Más de la mitad de los cuentapropistas informales no llegan a cubrir la canasta básica de un adulto, una proporción muy por encima de lo que se observa en los registrados, y el grueso se desempeña en rubros con baja barrera de entrada pero también baja capacidad de acumular capital. Es la contracara exacta de un mercado de trabajo que empuja hacia afuera y que, mientras tanto, sigue dejando a un millón y medio de argentinos afuera de cualquier registro. Le pido al Gobierno que deje de mirar los promedios: el problema está en la mitad de abajo.
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