Jueves, 27 de agosto de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Dinosaurios en la vereda: por qué Abrams cree que su película no es (ni quiere ser) Parque Jurásico

El productor defiende la apuesta de David Robert Mitchell por los suburbios como escenario y cuestiona la comparación inevitable con la franquicia de los noventa. La película, con Ewan McGregor y Anne Hathaway, cerró su corrida en cines con 89 millones de dólares sobre un presupuesto de 80.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

Hay una imagen que se me quedó pegada cuando arranqué a leer las declaraciones de J.J. Abrams sobre El final de Oak Street, y es la del columpio de un patio trasero de cualquier barrio americano con un tiranosaurio asomando por encima del cerco. Esa mezcla entre lo cotidiano más absoluto y lo absolutamente prehistórico es, justamente, la apuesta que el productor defiende a capa y espada frente a un público que, según los números, no terminó de acompañar la propuesta en las salas de cine.

La película dirigida por David Robert Mitchell y producida por Abrams a través de Bad Robot llegó a los cines este verano con una premisa que, a primera vista, parece un capricho: dinosaurios sueltos en los suburbios. Y acá viene el primer dato que duele: con un presupuesto estimado de 80 millones de dólares, el filme cerró su paso por la taquilla mundial con 89 millones, lo que en la industria se traduce en una temporada floja, sobre todo para una propuesta con esa escala de estrellas y de marketing.

Bienvenidos a la calle

Antes de entrar de lleno en lo que dijo Abrams, vale la pena detenerse un segundo en la sala donde uno imagina que se proyecta este film, porque la película misma parece pensada para esa experiencia. Imagínense la butaca, las luces bajando, y en lugar de la clásica pantalla con una isla remota y un helicóptero sobrevuelando la copa de los árboles, aparece una calle residencial, con sus casas con garaje, sus buzones de correo, sus bicis tiradas en el césped. Esa decisión estética, la de bajar la épica a la altura de un autobús escolar, es el corazón del argumento que el productor esgrimió para diferenciarla de la franquicia Jurásico.

“Me encantan las películas de Jurassic tanto como a cualquiera, pero esas películas, en su mayor parte, se desarrollan en esas hermosas selvas, en esas islas lejanas. El enfoque de David aquí consistía precisamente en la yuxtaposición de la vida familiar suburbana, absolutamente cotidiana (columpios y furgonetas de helados, piscinas elevadas y autobuses escolares) con los dinosaurios.”J.J. Abrams

Lo que Abrams plantea, en el fondo, es una operación de despiste frente a la comparación inevitable que sobrevuela cualquier estreno que tenga un dinosaurio en el afiche. Parque Jurásico, la saga de Steven Spielberg que arrancó en 1993, vive y muere en escenarios de aventura exótica: islas privadas, parques temáticos que son una trampa, selvas impenetrables. El final de Oak Street, en cambio, propone lo contrario: que el terror más genuino aparece cuando lo descomunal se cruza con lo reconocible, con la postal del barrio donde uno crió a sus hijos.

El final, entre lo que se pensó y lo que quedó

Hay un detalle que me parece especialmente jugoso y que a veces se pierde en el ruido de los números de taquilla: el desenlace que llegó a las salas no fue el primero que se pensó. Tanto McGregor como Hathaway habían contado, en declaraciones previas al estreno, que durante el desarrollo del proyecto se manejó una alternativa más oscura y más compleja, y que lo que finalmente vio el público fue una resolución distinta. Abrams, en esta misma ronda de promoción, volvió a poner el foco en ese contraste entre suburbio y criatura, y aseguró que quienes se hayan enganchado con los trailers van a encontrar en la sala exactamente lo que se les prometió.

Ahora bien, y acá va la pregunta incómoda que sobrevuela todo el asunto: ¿alcanza con mudar la selva tropical por una calle con buzones para diferenciar una película de dinosaurios en un mercado que ya vio de todo? Abrams lo dijo con sus palabras, y las cito de nuevo porque resumen su postura: la gente está deseando ver historias nuevas, historias originales, y para mí el atractivo innegable de esta película es el hecho de que se desarrolla en los barrios residenciales. Es una declaración de principios, sí, pero también es una lectura bastante optimista de lo que viene buscando el público que, según los 89 millones recaudados, esta vez optó por otros títulos o directamente por quedarse en casa.

Para mí, lo que deja esta conversación es la imagen de un productor que prefiere defender la identidad del proyecto antes que lamentarse por la caja, y eso, en una industria tan obsesionada con el resultado del fin de semana de estreno, no es menor. La película se puede buscar en plataformas de streaming y en circuitos de cine independiente, y la conversación sobre si los dinosaurios tienen que seguir viviendo en islas o si ya les toca bajar a la vereda recién empieza.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

Te puede interesar