Dos caídas, un frío en la espalda y varias citas pendientes en la tierra del dragón
Tirante y Juan Manuel Cerúndolo se despidieron rápido del ATP 500 de Pekín. Lo que sigue: Navone, los dos Cerúndolo y Báez. Y un Etcheverries que, antes de chocar con Tsitsipas, se calzó el kimono.
Arrancamos la gira con un viento que pela y dos argentinos que ya están en el micro de vuelta. Porque en Pekín la nieve no cae, pero caen los sets, y a veces caen los dos juntos.
Thiago Tirante, el número 52 del mundo, fue el primero en saltar a la cancha frente al alemán Jan-Lennard Struff, ubicado un escalón más abajo en el ranking. La historia duró lo que tarda en hervir el agua del mate: 6-1 y 6-4, y a casa. Sin drama ni épica, apenas un trámite que el europeo resolvió con la frialdad de quien sabe que en estas canchas rápidas no hay lugar para el titubeo.
Juan Manuel Cerúndolo, la otra promesa de la camada, tuvo un rato mejor. Se le plantó al chino Bu Yunchaokete, perdió el primero 6-2, se acomodó y se llevó el segundo 7-5 para hacer creer. Pero en el tercero el local lo quebró y se quedó con el pase por 6-4. El chico se fue con la frente alta y el corazón un poco más duro, como suele pasar cuando uno se enfrenta a un rival que juega con público propio y el aliento como combustible.
Lo que viene: tres debuts argentinos en la misma jornada
- Mariano Navone, 45 del mundo, se cruza con el australiano Alex de Miñaur, número 10 y candidato firme al título.
- Francisco Cerúndolo, 22 del ranking, enfrenta al neerlandés Botic Van De Zandschulp, 40, que entró desde la qualy y llega sin presión.
- Sebastián Báez, 51, se mide con el local Juncheng Shang, ubicado en el 250, en un partido que pinta accesible en el papel y siempre traicionero en el cemento asiático.
Es el combo completo: un top ten, un hueso de qualy y una invitación con hambre. Tres partidos, tres contextos distintos y, si me apuran, tres finales distintas para un mismo día de oficina.
Tokio: Etcheverry, karate y Tsitsipas
Mientras en China la delegación se reacomodaba, en Tokio el plato fuerte lo tiene Tomás Etcheverry, número 30 del mundo. Su debut es de esos que no regalan nada: del otro lado de la red lo espera Stefanos Tsitsipas, 44, griego y habituado a las luces grandes, que llegó al cuadro desde la clasificación.
Antes de calzarse la raqueta, Tomi se dio un gusto fuera de programa. Junto a Luciano Darderi, el ítalo-argentino que vive la gira con el número 19 a cuestas, participó de una sesión de karate. Movimientos, risas, katas improvisadas y la postal simpática que el circuito asiático siempre regala cuando aprieta la rutina. Después, sí: raqueta y a trabajar.
Veremos qué dejan estos argentinos en la gira. Porque si en Beijing el debut fue un suspiro corto, todavía quedan tres cartas por jugar en la misma jornada y un cruce en Tokio que, gane o pierda, vale por la experiencia. Lo que viene, ahora sí, hay que salir a ganarlo en la cancha.
