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Martes, 3 de noviembre de 2026
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Dos jubilados contra el agua sucia: la serie británica que revisa décadas de vertidos

La miniserie "Negocios turbios" reconstruye, en tres episodios, cómo una inquietud local en los Cotswolds terminó mostrando un problema de escala nacional en ríos y costas del Reino Unido.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · · hace 2 h
Dos jubilados contra el agua sucia: la serie británica que revisa décadas de vertidos

Hay historias que arrancan con una cosa mínima, un color raro en el agua que alguien nota una mañana y no puede dejar de mirar. Eso es exactamente lo que le pasa a los dos protagonistas de "Negocios turbios", un drama de tres episodios basado en hechos reales que sigue a dos vecinos jubilados mientras investigan la contaminación del río Windrush, en los Cotswolds.

Lo que empieza como una preocupación de barrio se va agrandando a medida que avanza la trama. La serie expone décadas de vertidos de aguas residuales sin tratar, falta de inversión en infraestructuras y mecanismos de control insuficientes, problemas que afectaron ríos y costas en todo el Reino Unido. Según el material de base, la ficción incorpora imágenes reales grabadas por activistas, algo que le da un peso particular a lo que se ve en pantalla.

Dos vecinos, una sospecha y muchos datos

Ashley Smith es un expolicía interpretado por David Thewlis, y Peter Hammond es un profesor de matemáticas jubilado al que da vida Jason Watkins. Ambos empiezan a investigar cuando notan que el Windrush presenta una turbidez que no recuerdan haber visto antes. Las explicaciones de la compañía de agua responsable no los convencen, y deciden seguir por su cuenta.

La combinación de habilidades es la clave del relato. La experiencia policial de uno y la capacidad del otro para analizar grandes volúmenes de datos les permiten identificar patrones que terminan revelando un problema que excede por completo a ese río. Es una mirada muy humana sobre un asunto que, visto desde afuera, suele parecer demasiado técnico.

Una niña, una playa y un veredicto incompleto

La serie no se queda solo con la investigación principal. Alterna esa línea con un retroceso a 1999, cuando Mark y Julie Preen viajan con sus hijas a Dawlish, en Devon, para pasar las vacaciones en una playa que entonces tenía distinción de calidad del agua. La hija de ocho años, Heather, entra en contacto con agua contaminada por un vertido visible en la orilla y muere dos semanas después por una infección causada por la bacteria E. coli O157.

El caso nunca llegó a esclarecerse por completo, y el veredicto determinó que la muerte fue accidental. Es un dato que pesa mucho en el ánimo de quien mira, porque pone rostro y nombre a lo que en otras partes de la serie aparece como estadísticas y decisiones administrativas.

Y como si la historia no tuviera suficientes capas, otra línea temporal ubica el relato en 2008, cuando el organismo regulador ambiental empezó a trasladar parte de la responsabilidad de detectar incumplimientos a las propias compañías de agua, mediante un sistema de autocontrol. La ficción muestra cómo esa decisión afectó la capacidad de fiscalización del Estado.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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