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El parador neuquino que aguantó el frío y ahora se reinventa para no cerrar ni en primavera

Después de atender a 400 personas durante el invierno con un promedio de 100 por noche, el refugio de personas en situación de calle de Neuquén deja de ser estacional y se transforma en un dispositivo por etapas que apunta a la reinserción laboral y familiar. El modelo se nutre de una visita a Ciudad Oculta y suma salud mental, odontología y trabajo coordinado con otros refugios.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · 27 de agosto de 2026 · hace 2 h

El reloj de la cocina marcaba las seis de la tarde cuando María, 58 años, vecina del centro neuquino, me preguntó si no era una locura eso de abrir un refugio en pleno julio y encima prometer que no iba a cerrar cuando llegara el calor. La miré, le serví otro mate y le conté lo que había averiguado: que a dos meses de su apertura el parador nocturno de la ciudad había atendido a 400 personas en situación de calle, con un promedio de 100 asistentes por noche y picos de hasta 120. Acá en la cuenca, donde el invierno se mide en grados bajo cero y en historias que a veces nadie quiere escuchar, el dispositivo no solo cumplió: ahora se anima a dar un paso más.

La particularidad que más llamó la atención de quienes lo gestionan es que funcionará todo el año. Con la llegada de la primavera no cierra, sino que se reconvierte. Pasa de ser un parador invernal pensado para aguantar la noche más cruda a convertirse en un refugio con formato de bajo, mediano y alto umbral, pensado para que cada persona pueda avanzar hacia la reinserción laboral y la reconstrucción del vínculo familiar.

Quiénes pasaron por el parador y cómo es el nuevo esquema

Los datos cruzados con el Registro Nacional de las Personas son elocuentes: el 92% de quienes pasaron por el refugio son varones y el 81% tiene domicilio registrado en Neuquén. Es decir, no estamos hablando solamente de personas de paso, sino de vecinos que en algún momento quedaron a la intemperie. El nuevo esquema los recibe, los contiene y los acompaña en distintos niveles de atención, según el estado en que lleguen y los objetivos que se propongan.

  • Nivel 1, de bajo umbral: recibe a las personas tal como están, sin exigir condiciones previas de ingreso, incluso cuando hay consumos problemáticos.
  • Nivel 2, de mediano umbral: se trabaja con quienes avanzan en la estabilización, con grupos terapéuticos más frecuentes y acompañamiento del Ministerio de Salud.
  • Nivel 3, de alto umbral: orientado a quienes están en condiciones de buscar empleo, reinsertarse en un entorno familiar o acceder a un alquiler.

El punto de partida del traslado nocturno cambiará: en lugar de encontrarse directamente en el refugio, las personas podrán dejar sus pertenencias en un tráiler instalado junto al Hospital Bouquet Roldán y desde allí serán llevadas al parador, aunque quienes estén en condiciones podrán movilizarse por sus propios medios. El acceso sigue siendo voluntario: las personas se acercan a la Catedral María Auxiliadora y desde ahí se organiza el traslado.

Cómo se diseñó el nuevo formato y qué servicios se sumarán

El rediseño no salió de un escritorio porteño: nació después de una visita de trabajo de dos días a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, donde funcionan organizaciones con mayor trayectoria en atención a personas en situación de calle. Lo que aprendieron allá se trajo a Neuquén y se adaptó a la realidad local. Nosotros, los que seguimos de cerca esta movida, vimos cómo se replicaron los protocolos con la impronta neuquina: menos golpes de efecto y más red territorial.

En materia de servicios, el parador ya cuenta con atención podológica todos los miércoles, residentes de medicina general y odontología, y equipos de psicólogos con abordajes individuales. Con el nuevo formato se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia y una participación más activa del Ministerio de Salud. Además, se trabajará de forma coordinada con los refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad, para que nadie quede dando vueltas entre dispositivos. Todavía, eso sí, hay personas que duermen en la calle y no utilizan el espacio, y dentro del parador rigen reglas de convivencia cuyo cumplimiento es condición para seguir adentro.

Cuando me fui de la cocina de María, ya entrada la noche, me quedó dando vueltas una imagen: la de alguien que llega con lo puesto, deja la mochila en un tráiler al lado del hospital, sube a un vehículo y pasa la noche bajo techo. Después, si quiere, empieza un camino. La vecina me despidió con un «mientras no cierren, ya es mucho». Tiene razón: acá en la cuenca, hasta que el último caso se cierre, este parador que aguantó dos meses de frío y ahora se planta frente a la primavera es una de las noticias que vale la pena contar.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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