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El taller de Suipacha donde el tango se empieza a dibujar sobre una horma

Antonio Ávalos lleva casi tres décadas fabricando calzado de baile en el microcentro porteño. Habla del taco, la suela y la decisión de no usar cuero ecológico, en un oficio que aprendió de su padre y hoy comparte con su hijo.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · 28 de agosto de 2026 · hace 2 h

Acá en la cuenca del microcentro porteño, más precisamente sobre la calle Suipacha, hay una puerta que abre directo a un mundo que muchos vecinos de Buenos Aires intuyen pero pocos conocen de cerca: el de los zapatos con los que se baila el tango. Detrás de esa puerta trabaja Antonio Ávalos, un hombre de 46 años que a los 18 se calzó las herramientas de su padre y nunca más se las sacó. Hoy, casi tres décadas después, sigue dando forma a hormas, tacos y suelas junto a su mujer Analía y a Tobías, su hijo de 24, que ya aprendió el oficio en el mismo lugar.

Un aprendizaje que nació de no poder comprar zapatillas

La historia arranca en la cocina de la casa de los Ávalos, como tantas historias de oficios argentinos. Eugenio, el padre de Antonio, era modelista de calzado y llegó a representar a Christian Dior en la Argentina en una época en la que las mujeres iban a trabajar con taco aguja todos los días. Antonio, de pibe, miraba las zapatillas que pasaban por la mesa familiar y pensaba en las que no podía tener. La solución que encontró fue aprender a fabricarlas él mismo.

“Papá era mi maestro. De chico no teníamos mucho dinero y a mí me gustaban las zapatillas que no me podían comprar. Entonces me enseñó a hacerlas.”Antonio Ávalos

De ese aprendizaje, que fue pura necesidad y al mismo tiempo puro cariño, salió la marca Todo Tango Shoes. El local funciona como showroom y taller a la vez: en una punta se atiende al público y en la otra se cortan, aparen y arman los zapatos. La producción semanal ronda los 50 pares, una escala de oficio que permite decidir cada detalle a mano.

La horma como punto de partida

Lo primero que aclara Antonio, con esa paciencia que tienen los que trabajan hace años en lo mismo, es que en este taller no se empieza dibujando en papel. Se empieza sobre la horma. Ahí marca los trazos, arma un prototipo en talle 37 y lo coloca en la vidriera. La idea, cuenta, es ver cómo reacciona la gente que pasa o se detiene a mirar. Si el modelo convence, entra en producción.

  • Dibujo directo sobre la horma y prototipo en talle 37 que se exhibe en vidriera.
  • Ajuste de moldes a toda la numeración por parte del escalista.
  • Etapas de corte, aparado, armado, colocación de suela y terminación.
  • Producción aproximada de 50 pares por semana.

El taco no es un adorno: es una decisión técnica

Una de las cosas que más le gusta explicar a Antonio es la altura del taco, que puede ir de 5,5 a 9 centímetros según el cliente. Para el que no sabe, parece un capricho estético; para quien fabrica zapatos de baile, es una cuestión central. Si la horma y el taco no están bien combinados, el zapato pisa mal y arrastra problemas al bailarín.

“No podés poner un taco de 7 centímetros en una horma de 9, porque te va a caer mal. El zapato pisa chueco, ya sea en la punta o en el talón.”Antonio Ávalos

La caída correcta, insiste, define el eje del bailarín, la precisión del giro y la seguridad del deslizamiento. Por eso, antes de elegir un color o un material, lo que se discute en el mostrador es la combinación entre horma y taco. El resto viene después.

Suelas, zapatillas y un giro que llegó con la pandemia

Para las suelas, el taller maneja dos opciones con usos bien diferenciados. El cromo, dice Antonio, es para pisos pulidos: el zapato no resbala pero sí desliza, que es justo lo que necesita el bailarín de tango. El cuero, en cambio, se adapta a cualquier superficie y fue el gran protagonista cuando el tango salió a las plazas durante la pandemia. Las zapatillas, derivadas del calzado de jazz, llevan suela de cromo en lugar de goma y son las preferidas para prácticas y milongas informales.

Materiales que vienen de afuera y una decisión sobre el cuero ecológico

En el taller también se fabrican zapatos para otros ritmos, como la bachata, con sus clásicas tiras sobre el empeine y el taco chupete, y para rock. Los materiales que entran a la mesa de corte incluyen cuero, telas, billoné, glitter, charol y estampados, que llegan principalmente de China y Brasil. Sobre el cuero ecológico, Antonio tiene una postura firme: no lo usa, porque considera que tiene vencimiento y se deteriora con el tiempo. Para él, un zapato de baile tiene que aguantar el uso intensivo de una pista y los viajes de una maleta.

Cuando uno se retira de la calle Suipacha y vuelve a mirar la vereda, queda la sensación de haber entrado a un lugar donde el tango todavía se decide a mano, taco por taco, suela por suela. Para nosotros, los que caminamos esta cuadra hace años, ver a Tobías trabajando en el mismo mostrador donde estaba su padre es una pequeña confirmación de que hay oficios que todavía se transmiten de generación en generación, como una coreografía que se ensaya en familia.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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