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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Esa falta de aire que muchos aclaran como "cosa de la edad" y termina siendo otra cosa

Un neumonólogo y una reumatóloga explican por qué la fibrosis pulmonar puede pasar dos años sin diagnóstico, qué señales merecen una consulta urgente y por qué hay enfermedades autoinmunes que lastiman los pulmones en silencio.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 15 d
Esa falta de aire que muchos aclaran como "cosa de la edad" y termina siendo otra cosa

Acá en la cuenca, en la cocina de mi tía Marta, de 63 años, la escucho cada mañana decir que ya no sube las escaleras como antes y que, claro, es la edad. Pero resulta que no siempre es la edad. Hay una enfermedad que va dejando cicatrices silenciosas en los pulmones y que, según me explícito al teléfono el neumonólogo Juan Ignacio Enghelmayer, del Hospital de Clínicas, puede tardar hasta dos años en ser diagnosticada. La fibrosis pulmonar no avisa con un cartel luminoso; avisa con cosas que parecen cotidianas, y por eso se nos pasa.

Cuando la falta de aire aparece en pocos días, o se presenta con esfuerzos mínimos, la consulta tiene que ser urgente. Y cuando uno nota que ya no tolera actividades que antes hacía sin problema, o que le queda una tos seca que no se va, también hay que ir al médico. Esas manifestaciones no alcanzan, por sí solas, para confirmar una fibrosis pulmonar, pero sí son motivo suficiente como para no quedarse en casa esperando que pase.

No es "normal" envejecer así

Enghelmayer, que se dedica a las enfermedades pulmonares intersticiales, me dijo algo que vale la pena repetir: la pérdida de capacidad para hacer esfuerzos no se le puede atribuir automáticamente al paso de los años. Aunque son más frecuentes después de los sesenta, la edad no vuelve normal la falta de aire. Y esto lo subraya con un tono que, se nota, le sale de adentro: lo ve seguido en el consultorio.

La fibrosis produce cicatrices permanentes en los pulmones que pueden dificultar la oxigenación de la sangre. Puede estar vinculada con enfermedades autoinmunes, con partículas que uno inhaló en el trabajo o en otro ambiente, o con determinados medicamentos. Cuando no se identifica una causa, se la llama idiopática. Pero el punto clave es que diferenciar el origen cambia el tratamiento y los controles, y por eso importa llegar al diagnóstico.

Cuando el enemigo está en silencio

Acá viene la parte que más me llamó la atención, y se la escuché a la reumatóloga Fabiana Montoya, jefa del servicio en el Hospital Ramos Mejía. Ella me contó que, en personas con enfermedades autoinmunes, no siempre hay síntomas que avisen que el pulmón está comprometido. La molestia puede no aparecer nunca, o aparecer tarde.

“En una cohorte argentina en la que participé, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no presentaba síntomas respiratorios. Dentro de ese grupo, el 40 por ciento tenía una afectación extensa en la tomografía.”Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía

Por eso, Montoya fue clara: los pacientes con esclerosis sistémica deben ser evaluados desde el diagnóstico. En artritis reumatoidea, la búsqueda se concentra en quienes tienen factores de riesgo. No alcanza con esperar a sentir tos o falta de aire, porque a veces el daño ya está avanzando sin dar señales.

Vuelvo a la cocina de mi tía Marta, que ya me está preguntando si le tengo que contar a su médica lo del neumonólogo. Le digo que sí, pero con una aclaración que los dos especialistas me repitieron: la falta de aire puede tener muchas causas, y la mayoría no son fibrosis. Lo importante es no naturalizarla. Si el cuerpo cambia, hay que consultar. Si los pulmones están en silencio, hay que pedir los estudios igual. Nosotros, los que tenemos padres, tíos o vecinos que ya rondan los sesenta, haríamos bien en acompañar esa decisión en lugar de mirar para otro lado.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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