Esa llaga que vuelve: cuándo conviene dejar de hacerse el desentendido y llamar al dentista
Las aftas son comunes, dolorosas y, en general, se van solas. Pero hay cuatro señales concretas que indican que la consulta profesional dejó de ser opcional.
Me lo contaba Carmen, mi vecina de toda la vida, 58 años, mientras tomábamos mate en la cocina y ella se quejaba, con el labio hinchado, de una llaga que llevaba más de un mes sin irse. Yo la escuchaba y pensaba en la cantidad de gente que, como ella, se acostumbra a convivir con esas heridas chiquitas en la boca sinimensionandolas como merecen. Acá en la cuenca, donde uno se atiende cuando ya no queda otra, las aftas suelen quedar en el terreno de lo que se soporta en silencio. Pero la verdad es que hay momentos en los que el silencio deja de ser una buena idea.
Qué es una afta y por qué aparece
Las aftas, también llamadas llagas bucales, son úlceras dolorosas que se forman en la cara interna de los labios, las mejillas o la lengua. No tienen origen infeccioso ni se transmiten por contacto con otra persona, y en la mayoría de los casos desaparecen solas en una o dos semanas sin necesidad de tratamiento. El Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos señala que alrededor de una cuarta parte de la población las padece en algún momento de la vida, y que las terapias disponibles apuntan a aliviar el dolor y favorecer la cicatrización, aunque no evitan que vuelvan a aparecer.
Entre los factores que pueden provocarlas o empeorarlas, la Clínica Mayo menciona las mordeduras accidentales, el cepillado demasiado enérgico, el roce de aparatos de ortodoncia o de prótesis mal ajustadas y los bordes filosos en alguna pieza dental. También los alimentos ácidos, picantes o salados irritan la zona y prolongan las molestias. Identificar y corregir ese detonante, ya sea cambiando la técnica de cepillado o ajustando una prótesis, reduce las chances de que la lesión se repita.
Las cuatro señales de alarma que la Clínica Mayo recomienda no ignorar
- Cuando la llaga dura dos semanas o más sin mejorar.
- Cuando reaparece con frecuencia, en episodios repetidos.
- Cuando la lesión es inusualmente grande.
- Cuando aparece una nueva antes de que termine de cicatrizar la anterior.
A esas cuatro situaciones se suman otras que también justifican la consulta: dolor que no se controla con lo que uno tiene en casa, molestias que impiden comer o beber con normalidad, o fiebre que acompaña a la lesión. En todos esos casos, la visita al odontólogo o al médico deja de ser opcional.
Cuando las aftas se repiten, qué puede estar pasando
Las aftas que vuelven con regularidad pueden estar relacionadas con niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12, siempre según la Clínica Mayo. Eso no significa que cualquier persona con llagas frecuentes tenga una carencia ni que deba salir a comprar suplementos por su cuenta. El profesional evaluará la historia clínica y los síntomas y, si lo considera necesario, pedirá análisis para confirmar o descartar esa posibilidad. Una revisión publicada en el repositorio científico PMC advierte, además, que antes de cargarles el peso del diagnóstico a unas aftas recurrentes conviene descartar otras causas, por lo que la evaluación suele incluir lo que pasa tanto dentro como fuera de la boca.
Mientras tanto, para las molestias leves, los geles de venta libre y los enjuagues antisépticos pueden ayudar a controlar el dolor y a sobrellevar los días que dura la lesión. Nada reemplaza, en cualquier caso, la consulta profesional cuando aparece alguna de las señales que acabamos de repasar.
Volví a la cocina con Carmen y le dije lo que estaba escribiendo. Se quedó pensando un rato largo, con el mate quieto en la mano, y después me dijo que sí, que iba a llamar al dentista esa misma semana. A veces uno necesita que alguien se lo diga en voz alta para tomar la decisión. Nosotros, acá, solemos aguantar hasta último momento, y la boca, que es algo tan nuestro y tan cercano, termina pagando esa espera.
