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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Estar solos no es lo mismo que sentirse solos: lo que dice un estudio que lleva la discusión a la mesa familiar

Una investigación con más de 277.000 personas del Reino Unido encontró que la soledad y el aislamiento social se asocian con menos años de vida sin enfermedades, y que la brecha más marcada se da en la salud mental de los hombres. Los hábitos saludables ayudan, pero no borran del todo el peso de sentirse solo.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 20 d
Estar solos no es lo mismo que sentirse solos: lo que dice un estudio que lleva la discusión a la mesa familiar

Acá en la cuenca, en la cocina de Marta, mientras el café se calienta en la pava, la conversación empieza casi siempre del mismo modo: con alguien que se queja de los vecinos, de un hijo que vive lejos, de una hermana que ya no llama como antes. La escena, que parece de barrio, es la mejor puerta de entrada para entender un tema que a veces cuesta nombrar: la diferencia entre estar solo y sentirse solo. Una investigación reciente, difundida por la Universidad de Tulane el 22 de septiembre de 2026, se tomó el trabajo de separar esas dos cosas y medir cuánto pesan en la salud.

El equipo siguió a más de 277.000 participantes del Biobanco del Reino Unido, de entre 40 y 69 años, que al comenzar el estudio no padecían ninguna de las siete condiciones evaluadas: diabetes, enfermedades cardíacas, problemas pulmonares, demencia, cáncer, depresión y ansiedad. Para estimar cuántos años podían esperar vivir sin esas enfermedades, los investigadores tomaron los 50 años como punto de referencia. La conclusión, traducida a palabras simples, es que tanto la soledad como el aislamiento social se asociaron con menos años de vida saludable.

Dos problemas distintos, aunque se parezcan

Según las definiciones que maneja el Consejo Nacional de Envejecimiento de Estados Unidos, el aislamiento social es la situación objetiva de tener pocos vínculos o interactuar poco con los demás. La soledad, en cambio, es un sentimiento: el malestar que aparece cuando esas relaciones que uno tiene no alcanzan para sentirse conectado, escuchado, contenido. Por eso, como repiten los especialistas, una persona puede estar aislada y no sentirse sola, si los vínculos que mantiene la satisfacen, y al revés: puede tener mucha gente alrededor y, sin embargo, experimentar una soledad profunda.

Esa diferencia no es un detalle académico: se nota en los números del estudio. Entre las mujeres que atravesaban soledad y aislamiento social, la estimación de vida sin enfermedades físicas fue 2,4 años menor; entre los hombres, 1,7 años menor. Pero cuando se miró la salud mental, la brecha se agrandó: 3,7 años menos para las mujeres y 5,8 años menos para los hombres. Es decir, en los varones el impacto más fuerte no se vio en el cuerpo, sino en la cabeza y las emociones.

Los hábitos ayudan, pero no alcanzan

  • Alimentación equilibrada.
  • Actividad física regular.
  • Sueño de calidad.
  • No fumar.

Sostener esos cuatro hábitos atenuó la pérdida de años sin enfermedades asociada al aislamiento social. Sin embargo, no redujo de manera significativa los riesgos vinculados con la soledad. Para los autores, el dato es clave: cuidarse el cuerpo es necesario, pero no suple la falta de vínculos significativos. Como dijo el investigador principal, Lu Qi, en el comunicado de Tulane, los hallazgos abarcan tanto la salud física como la mental, y muestran que sentirse solo tiene un peso propio, que no se borra con una dieta ordenada o con caminatas diarias.

“Los hallazgos abarcan tanto la salud física como la mental, y muestran que sentirse solo tiene un peso propio, que no se borra con una dieta ordenada o con caminatas diarias.”Lu Qi, investigador principal del estudio

Hay un detalle que conviene aclarar para no malinterpretar las cifras: cuando se habla de menos años de vida sin enfermedades, se refiere a años libres de las siete condiciones estudiadas, no a años de vida perdidos en términos absolutos. Es una diferencia técnica, pero importante: el estudio no dice que alguien aislado vaya a morir cinco años antes, sino que, en el escenario que modelaron los investigadores, es probable que viva menos años sin atravesar alguno de esos problemas de salud.

Volver a la mesa de Marta

Marta tiene 67 años, vive sola desde que se jubiló y cada mañana cruza la calle a comprar el pan y, de paso, a contarle algo a Ofelia, la kiosquera. "Yo no tengo hijos, pero tengo a Ofelia, y a mi vecina del segundo piso, que me avisa cuando llueve fuerte", dice mientras sirve el café. Es una escena chica, de cocina y de esquina, pero condensa lo que el paper intenta medir: los vínculos no se cuentan como en un Excel, se sienten. Y lo que se siente, según este trabajo, también pesa en la salud.

Para nosotros, que miramos estos estudios desde la redacción pero también desde la vida cotidiana, la pregunta que queda flotando es qué lugar le damos a los vínculos y a la sensación de pertenencia en la agenda de salud. Los autores no proponen una solución mágica, pero sí dejan una pista: los hábitos saludables son un piso, no un techo. Lo que parece mover la aguja de la salud mental, sobre todo en los hombres, es algo más difícil de prescribir: sentirse acompañados, vistos, parte de algo.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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