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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Freidoras de aire con inteligencia artificial: la nueva cocina ya reconoce la comida antes de cocinarla

Cámaras, sensores de humedad y conexión WiFi permiten identificar el alimento, regular la temperatura y estimar cuánto falta para retirarlo, sin que el usuario toque un solo botón.

Por Bruno YutronichTurismo y glaciares · · hace 17 d
Freidoras de aire con inteligencia artificial: la nueva cocina ya reconoce la comida antes de cocinarla

Me acuerdo de la primera freidora de aire que vi en casa de un amigo: una caja plástica con una perilla y un temporizador, tan simple que parecía un juguete. La que llegó después, una Philips con pantalla táctil, ya era otra cosa. Y la que ahora aparece en los catálogos de fin de año tiene una cámara en la puerta, se conecta al WiFi del living y, según el fabricante, reconoce qué hay adentro de la cesta antes de empezar a cocinar. La promesa es atractiva: que la máquina piense por nosotros, que ajuste la temperatura, la potencia del ventilador y hasta el tiempo restante mientras nosotros miramos la serie. La pregunta es cuánto de eso es marketing y cuánto funciona de verdad en la mesada de una cocina argentina.

Cámaras que miran, sensores que miden

El corazón del asunto está en una cámara interna y en sensores de humedad que trabajan mientras la freidora está en funcionamiento. La cámara, explican los manuales técnicos de varias marcas, intenta distinguir entre una proteína, un vegetal o un alimento congelado. Esa identificación no es decorativa: define con qué temperatura arranca el equipo, cuánta potencia aplica y a qué velocidad gira el ventilador. A la vez, el análisis de imagen estima el volumen y la densidad de lo que cargamos en la cesta. Una papa entera, por ejemplo, no recibe el mismo tratamiento que una bandeja de papas fritas cortadas finas. La diferencia parece menor, pero en la práctica cambia el resultado: la primera necesita más tiempo y menos calor superficial; las segundas, lo contrario.

El seguimiento no se corta cuando empieza la cocción. Los algoritmos de visión por computadora observan cómo cambia el color de la superficie del alimento. Cuando el dorado llega al punto que el sistema considera adecuado, el calentamiento se detiene solo, antes de que se queme. En paralelo, los sensores de humedad detectan condensación al inicio del proceso. Si el vapor acumulado es mucho, el equipo aumenta durante unos segundos la circulación de aire para favorecer la evaporación y conseguir esa textura crujiente que justifica, en gran parte, tener una freidora de aire en lugar de un horno convencional.

Tiempo estimado y avisos al celular

Otra función que se incorporó en los últimos modelos es la estimación del tiempo que falta. El equipo compara la evolución de la temperatura con registros de recetas guardados en la nube y va recalculando el reloj. En los aparatos más nuevos esa información llega al teléfono: la aplicación envía un aviso cuando hay que agitar la cesta a la mitad del ciclo y otro cuando la comida está lista. También permite arrancar, pausar o modificar la programación desde el celular, e incluso dar órdenes por voz a través de asistentes como Alexa o Google Assistant.

Para el usuario promedio, el cambio más visible no es la cámara ni el algoritmo, sino la aplicación en el teléfono. Desde allí se elige una receta, se envía la programación al electrodoméstico y se reciben notificaciones. El control puede ampliarse a asistentes de voz, con órdenes para iniciar o pausar la preparación sin tocar la pantalla. Además, la conexión permanente permite instalar actualizaciones del software interno que incorporen nuevos perfiles de cocción o mejoras en el consumo eléctrico, sin necesidad de cambiar piezas ni llevar el equipo al servicio técnico. Para una familia tipo, eso significa que la freidora que compraron en 2024 puede cocinar distinto en 2025, o al menos eso prometen las marcas.

¿Conviene hoy en Argentina?

Las freidoras con inteligencia artificial todavía tienen un precio sensiblemente más alto que los modelos básicos: en el mercado local, los equipos con cámara y conexión WiFi arrancan en torno a los 400.000 pesos y superan el millón en las gamas más completas. Para un hogar que cocina todos los días y busca automatizar parte del proceso, la inversión puede justificarse. Para alguien que solo quiere papas fritas los domingos, un modelo mecánico de 80.000 o 100.000 pesos sigue dando resultados muy parecidos. Como me dijo una vez un vendedor de electrodomésticos de Once, mientras me mostraba una freidora con pantalla a color que parecía una tablet: la tecnología sirve cuando uno la usa; el resto es una caja caliente con ventilador. La frase me quedó dando vueltas, y la sigo repitiendo cada vez que alguien me pregunta si vale la pena pagar el plus por una freidora que reconoce lo que hay adentro de la cesta.

BY
Bruno YutronichTurismo y glaciares

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