Gates encendió una alarma global: la inteligencia artificial puede facilitar el bioterrorismo y vaciar oficios enteros en apenas una década
El cofundador de Microsoft publicó un ensayo de unas seis mil palabras donde describe tres riesgos concretos de la inteligencia artificial, propone impuestos a los robots y plantea reservar para personas los trabajos de cuidado y salud. El texto ya circula en el mundo académico y corporativo como una de las advertencias más serías de quien conoce la industria desde adentro.
Acá en la cuenca, mientras preparaba el mate en la cocina y miraba por la ventana cómo se viene la tarde, me llegó a la mano el último ensayo de Bill Gates. No es un paper técnico ni un comunicado con olor a oficina de marketing. Es una carta larga, de unas seis mil palabras, escrita en primera persona por el cofundador de Microsoft, donde pone sobre la mesa lo que muchos techniciens vienen diciendo en voz baja y que el gran público todavía prefiere mirar para otro lado. El título ya marca el tono: "The Turbulent AI Era Is Here. The Choices We Make Are Critical", algo así como "la era turbulenta de la inteligencia artificial ya está aquí, las decisiones que tomemos son críticas". Y a mí, que vengo cubriendo estos temas hace rato, me llamó la atención que un tipo que construyó buena parte de la infraestructura digital del planeta se siente a escribir, con calma y sin marketing, sobre los riesgos existenciales de lo que él mismo ayudó a popularizar.
El texto se puede leer como tres bloques de preocupación, y los tres se sostienen con ejemplos y datos, no con slogans. El primero, y el más inquietante, es el bioterrorismo. Gates advierte que los sistemas de inteligencia artificial ya pueden reunir y cruzar información vinculada a la fabricación de explosivos, programas maliciosos y agentes biológicos. Esa misma capacidad, aclara, hoy sirve para acelerar el descubrimiento de vacunas y medicamentos, pero también podría usarse del revés: para diseñar enfermedades nuevas, más contagiosas o más letales. La diferencia con el pasado, dice el ensayo, es que la tecnología no hace inevitable una pandemia artificial, pero sí baja las barreras técnicas que hasta hace poco la hacían prácticamente imposible. Y agrega algo que a mí me hizo ruido: se trata de un problema global, no fronterizo, y ningún país lo puede resolver de manera aislada.
Trabajos que se borran, oficios que se defienden
El segundo bloque apunta al mercado laboral, y acá es donde la cosa se pone más cercana para nosotros, los laburantes de a pie. Gates marca una diferencia clave respecto de revoluciones tecnológicas anteriores. Cuando llegó la mecanización, reemplazó sobre todo trabajo físico: brazos, espaldas, músculos. Lo que tenemos hoy enfrente es distinto: los sistemas actuales observan, escuchan, escriben, programan y resuelven problemas. Reemplazan parte de la cognición, no solo del esfuerzo. El derecho, la atención al cliente, la medicina, el desarrollo de software y la manufactura figuran entre los sectores con mayor exposición. Y el dato que más me golpeó es el plazo: el cambio, según el documento, ocurrirá en el término de una década, no a lo largo de generaciones, lo que deja poco margen para recapacitar o reubicar a quienes pierdan su empleo.
“Muchos empleos desaparecerán para siempre.”Bill Gates, en el ensayo "The Turbulent AI Era Is Here. The Choices We Make Are Critical"
Como contrapeso, Gates propone dos ideas que ya están dando vueltas en el Congreso de Estados Unidos y en varios parlamentos europeos. La primera es que los robots y los sistemas de inteligencia artificial tributen de manera comparable a los trabajadores humanos, una suerte de impuesto a la automatización que financie redes de contención social. La segunda es más sensible: que ciertos oficios vinculados a la salud, el cuidado y el acompañamiento emocional queden formalmente reservados para personas, incluso cuando la tecnología tenga la capacidad de realizarlos. La idea suena discutible, y de hecho lo es, porque abre un debate enorme sobre regulación, libertad de empresa y calidad del servicio. Pero el planteo está hecho y merece discusión seria, no un tuit.
- La inteligencia artificial ya puede reunir y procesar información vinculada a la fabricación de explosivos, programas maliciosos y agentes biológicos, lo que reduce las barreras técnicas para el bioterrorismo.
- Los modelos más avanzados ya no solo buscan información: la interpretan, formulan instrucciones y pueden asistir en la ejecución de acciones, lo que complica la atribución de responsabilidad cuando algo sale mal.
- Sectores como el derecho, la atención al cliente, la medicina, el desarrollo de software y la manufactura figuran entre los más expuestos a la automatización cognitiva en el término de una década.
- Gates propone que los robots y sistemas de IA tributen de manera comparable a los trabajadores y que ciertos oficios de cuidado y salud queden reservados para personas, incluso cuando la tecnología pueda realizarlos.
- El ensayo advierte además que las herramientas automatizadas de vigilancia y de generación masiva de contenidos abaratan las campañas de desinformación y dificultan distinguir lo verdadero de lo fabricado.
El tercer bloque del ensayo se mete con el poder y la concentración. Gates señala el riesgo de que las herramientas automatizadas de vigilancia y la generación masiva de contenidos abaraten las campañas de desinformación y refuercen a los actores ya dominantes, sean gobiernos o grandes corporaciones. Para él, sin reglas claras, la inteligencia artificial puede profundizar las únicas en lugar de distribuirlas. A mí, lo confieso, esto último me resonó fuerte mientras tomaba el último mate y escuchaba el ruido de la calle. Marta, mi vecina de toda la vida, tiene 63 años, trabajó cuarenta años en una fábrica de la zona y hoy cobra la jubilación mínima mientras ve cómo su nieto estudia programación y se pregunta si va a encontrar un trabajo o si lo va a reemplazar un bot. Cuando le conté de qué se trataba el ensayo, me miró con esa mezcla de curiosidad y desconfianza que tenemos los que peinamos canas, y me dijo algo que me quedó dando vueltas: "Si hasta el que la inventó dice que hay que tener cuidado, será porque hay que tenerlo". Y la verdad, querido lector, tiene razón. La tecnología no es buena ni mala en sí misma, pero cuando alguien que la conoce desde adentro se toma el trabajo de escribir seis mil palabras para advertirnos, nosotros, los que estamos del otro lado de la pantalla, haríamos bien en leerlo despacio y no mirar para otro lado.
