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Viernes, 16 de octubre de 2026
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'Gracias, equipo': la comedia que desnuda la sonrisa forzada del escritorio ajeno

Una oficina, un retiro corporativo y la sombra de los despidos: la nueva película española de Netflix que convierte la amenaza del desempleo en motor de enredos.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · · hace 31 d
'Gracias, equipo': la comedia que desnuda la sonrisa forzada del escritorio ajeno

Hay una frase popular en la cultura del trabajo que dice, más o menos, que el problema nunca es la tarea en sí sino el compañero que tenés al lado. Eso es exactamente lo que viene a confirmar, con buena cuota de humor y un ojo clínico muy europeo, 'Gracias, equipo', la comedia española que llega al catálogo de Netflix este viernes y que, créanme, se deja mirar sin que duela el control remoto.

Antes de entrar de lleno en la película vale la pena imaginar el escenario, porque la propuesta se apoya mucho en el espacio donde transcurren las cosas. Imaginen una suerte de galpón moderno reconvertido en salón de capacitaciones, con luces frías, paredes con frases motivacionales en inglés y una mesa larga donde supuestamente se va a construir el futuro de la empresa. Ahí, en ese entorno aséptico, un grupo de empleados asiste a lo que les vendieron como un retiro de integración, una de esas jornadas de team building que las compañías organizan para que, según dicen los manuales de Recursos Humanos, afloren los talentos y se fortalezcan los lazos. La postal, ya desde el primer plano, tiene un punto agridulce que el director no esconde.

La dirección lleva la firma de Diego Núñez Irigoyen, que también codirigió la primera temporada de 'División Palermo' y que acá vuelve a demostrar que tiene una mano firme para manejar conjuntos numerosos sin que el relato se le vaya de las manos. El guion es de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, dos guionistas con trayectoria en la televisión española, conocidos por su trabajo en series como 'Fariña', y que firman un libreto que apuesta por la comedia de enredos clásica, con personajes arquetípicos del mundo corporativo llevados al límite sin que el ridículo los aplaste.

No todo lo que brilla en la oficina es oro

La historia arranca con un equipo de empleados variopintos, de esos que uno reconoce apenas los ve: la que siempre lleva la voz cantante y se candidatea para todo, el que pasa desapercibido hasta que lo necesitan, el que llegó de otra empresa y todavía no encajó del todo, la que se ríe de todo para que no se note lo que le cuesta estar ahí. Alexandra Jiménez, que interpreta a la protagonista, se mueve en el centro de la escena con la solvencia que le conocemos de otros papeles en el cine y la televisión ibéricos. La actriz maneja con naturalidad el registro de comedia sin resignar el costado dramático que el personaje va mostrando a medida que la presión sube.

El motor del conflicto es bien sencillo y, por eso mismo, muy efectivo: en medio del retiro, los participantes se enteran de que la empresa prepara una ola de despidos. A partir de ahí lo que se quiebra no es solo la promesa de armonía laboral, sino la confianza entre compañeros que, hasta ese momento, se habían mostrado las mejores versiones de sí mismos. El filme no apunta a la sátira afilada ni al drama corporativo de pasillo oscuro: su objetivo declarado es entretener, y en eso cumple con bastante solidez. El tono se mantiene liviano durante buena parte del metraje, con gags que funcionan y un ritmo que no decae.

El desenlace, es cierto, no sorprende demasiado: uno más o menos intuye por dónde van a ir los tiros antes de que aparezcan los títulos finales. Aun así, el recorrido tiene la cuota de gracia suficiente como para que uno se quede hasta el final sin mirar el celular. La película no pretende innovar en el género ni decir algo radicalmente nuevo sobre la toxicidad del mundo del trabajo, pero sí alcanza para dejar alguna pregunta flotando sobre el comportamiento cotidiano en cualquier oficina, y eso, en estos tiempos, no es poca cosa.

Para mí, lo mejor que tiene 'Gracias, equipo' es que se banca el convite sin necesidad de volverse solemne. Hay algo muy humano en ver cómo un grupo de personas decentes empieza a calcular, a especular, a guardar información, apenas aparece la sombra del desempleo. Y eso, lejos de quedar en la pantalla, se devuelve al living de cada espectador, que de una forma u otra va a reconocer gestos, frases o silencios del propio ámbito laboral. La recomendaría sin dudar para una noche de sofá, manta y, por qué no, un vino tinto compartido en pareja o con amigos, a condición de no estar demasiado cansado y de tener ganas de reírse un poco, y también de pensarlo otro tanto. Quienes quieran sumarse al visionado pueden encontrarla en el catálogo de Netflix a partir del viernes 11 de septiembre de 2026.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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