Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

La barca que volvió del tiempo y arrastró dos historias distintas

La nueva película de Mark Jenkin cruza el misterio de un pesquero reaparecido, las urgencias económicas de una comunidad costera y un viaje que desordena la memoria. George MacKay y Callum Turner se meten en la tripulación y la historia se vuelve una postal fantasmal de Cornualles.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · · hace 18 d
La barca que volvió del tiempo y arrastró dos historias distintas

Les voy a ser sincero: hay noticias que uno lee con el café en la mano y termina pensando que la pantalla grande, cuando se lo propone, todavía puede hacer cosas raras y encantadoras. La nueva película del realizador británico Mark Jenkin, que tiene por nombre Rose of Nevada, cae justo en ese territorio: una historia que empieza cuando un pesquero vuelve a aparecer en un pueblo del que se había ido hacía treinta años, como si el mar lo hubiera tenido escondido en un placard. Y con esa sola idea ya hay cine del bueno, de ese que respira salitre y se banca el silencio.

Antes de meterme con la película en sí, me imagino la sala donde la van a proyectar y pienso en cómo la va a recibir el público argentino. No es una sala enorme, ni falta que haga: la propuesta de Jenkin pide oscuridad, paciencia y un cierto amor por la textura de la imagen. Las copias llegan en dieciséis milímetros, con ese grano tan particular, ese movimiento sutil de la película que se nota sobre todo cuando hay agua y reflejos. No es un capricho estético, ojo: ese formato es parte del lenguaje del director, que ya lo había usado en Bait y en Enys Men, sus dos largometrajes anteriores. Rose of Nevada cierra una especie de tríptico costero.

The Sloop John B (una versión libre de los Beach Boys como banda de pensamiento)

La historia empieza en un pueblo pesquero de Cornualles, en el sur del Reino Unido, donde la vida no es fácil ni glamorosa. La economía local depende del mar, los recursos escasean y conseguir gente dispuesta a embarcarse es cada vez más complicado. Ahí entran los dos protagonistas. Uno es Liam, un padre joven con la urgencia doméstica más concreta del mundo: arreglar el techo de la casa donde vive con su hijo, que le filtra agua cada vez que llueve, que en esa zona es casi todos los días. El otro es Will, un tipo que quiere irse, fundamentalmente, de su propia historia; un hombre que necesita distancia de lo que dejó atrás, aunque el guion no aclara demasiado qué fue eso, y está bien que no lo haga.

Ambos terminan aceptando subir al Rose of Nevada, la embarcación que lleva el nombre de la película y que vuelve a puerto después de tres décadas sin dar señales. El pueblo se moviliza para repararla y ponerla en condiciones, y entonces aparecen estos dos voluntarios justo cuando nadie más se anima. Sus razones son distintas, pero los une la misma transacción: trabajar en el mar a cambio de algo que les falta en tierra. A partir de ahí, la película los lleva a un viaje donde el tiempo se comporta de una manera muy poco educada.

En algún momento, los dos se dan cuenta de que están viviendo situaciones que no corresponden a su época. Aparecen detalles mínimos, observaciones, objetos que no deberían estar donde están, personas que no tienen edad para estar vivas o que ya deberían haber muerto. La alteración temporal, aclaremos, no se explica con diagramas ni con un científico que diga la palabra cuántico en cámara: Jenkin la trabaja de forma sensorial, con pequeños desajustes que el espectador va notando junto con los personajes. Es ahí donde el dieciséis milímetros hace el trabajo pesado, porque la textura gastada ayuda a que todo se sienta como un recuerdo que no termina de cerrarse.

The Water is Wide (la melodía que se me viene a la cabeza cuando habla la costa)

Me parece valioso detenerme un momento en el costado social de la película, porque Jenkin no usa el pueblo como decorado. La falta de trabajo, el deterioro de las viviendas, la dificultad de mantener una actividad que durante generaciones sostuvo a la comunidad: todo eso está en el relato, y es lo que empuja a los personajes a tomar decisiones que, en otras circunstancias, jamás hubieran tomado. La fantasía del filme, su rareza temporal, no flota en el aire: está pegada al asfalto, al muelle, al casco del barco. Eso es algo que el director viene construyendo desde Bait, y acá lo lleva un paso más allá.

George MacKay y Callum Turner, los dos protagonistas, están muy bien elegidos. MacKay, que viene de films como 1917 o El infierno de White Ribbon, tiene esa capacidad de cargar una escena con la cara y nada más, que viene perfecto para el Liam de Jenkin. Turner, a quien muchos conocen por la serie Masters of the Air, le pone al otro personaje algo más inquieto, más permeable al misterio. Los dos vienen del circuito inglés con peso, y eso se nota: la película no necesita grandes discursos para que uno les crea lo que están viviendo.

Quiero cerrar con algo que me parece importante para quien esté pensando en ir a verla. Rose of Nevada se proyecta en salas de cine arte y en ciclos especializados, no es un estreno masivo de multicomplejo, así que conviene consultar la cartelera antes de moverse. En Buenos Aires, las salas del Gaumont, el Malba y los espacios del circuito independiente suelen ser los primeros en programar este tipo de propuestas británicas; en el interior, hay que estar pendientes de los festivales de cine y de los centros culturales con programación de cine de autor. Las funciones, además, suelen ser limitadas: dos o tres semanas en cartel, rara vez más. Vale la pena apurarse, porque cuando un barco como este vuelve, no siempre hay segunda escala.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

Te puede interesar