La nueva Carrie encuentra en los libros su primera forma de libertad
La serie basada en la novela de Stephen King usa la literatura como motor narrativo: la protagonista descubre la lectura en su primer día de colegio y elige títulos censurados que reflejan su proceso de emancipación. En el segundo episodio, además, aparece un guiño a El Exorcista que conecta la producción con el próximo film de su creador.
Yo siempre digo que las buenas series se cuentan solas, pero las muy buenas, las que de verdad dejan huella, además se dejan leer, y eso es justo lo que me pasó con esta nueva adaptación televisiva de Carrie, la novela de Stephen King, donde la literatura se convierte en el corazón palpitante de la historia y en la primera ventana que la protagonista tiene hacia un mundo que su madre le venía ocultando con una furia casi religiosa.
Para entender por qué la lectura es tan importante acá, hay que situarse primero en el living de la casa White, ese living donde Margaret, la madre fanática interpretada por Samantha Sloyan, educó a Carrie en su encierro, sin colegio, sin amigas, sin nada que no fuera la Biblia y el miedo, porque la chica, a la que Summer H. Howell le pone el cuerpo y la mirada, llega al instituto sin saber ni siquiera cómo funciona un recreo.
Un primer día con J. M. Barrie
El primer día en la escuela, Carrie intenta acercarse a sus compañeros citando de memoria una frase de El pajarito blanco, de J. M. Barrie, esa joyita breve que el escritor escocés dejó como regalo a los chicos del Hospital Great Ormond Street, y la frase, hay que reconocerlo, es de esas que quedan sonando en el aire mucho después de que se apaga la voz que las dice: "¿Establecemos una nueva regla de vida a partir de esta noche: intentar siempre ser un poco más amables de lo necesario?". El problema es que nadie entiende la referencia, claro, porque el mundo que la madre construyó alrededor de su hija no incluía a Peter Pan, ni a Wendy, ni a ninguna criatura literaria que no fuera el Antiguo Testamento.
Libros prohibidos en la biblioteca
El verdadero vuelco llega en el segundo episodio, cuando el orientador Peter Morton, ese personaje entrañable que se pone en la piel Tim Bagley, la lleva hasta la biblioteca del colegio, que es como decir la abren la puerta grande y la dejan entrar a un parque de diversiones al que ella nunca tuvo acceso, y entonces Carrie se para frente al estante y elige cinco títulos, ni más ni menos que cinco, y los elige con una intuición que a mí, como lector, me puso la piel de gallina, porque son todos libros que en distintos momentos fueron cuestionados, desafiados o directamente prohibidos en escuelas de Estados Unidos, justamente por hablar de sexualidad, de racismo, de libertad individual o de cuestionamiento a la autoridad, que vienen a ser, justamente, los mismos temas sobre los que Margaret White quiere mantener a su hija bien lejos.
- El cuento de la criada, de Margaret Atwood, esa distopía canadiense que volvió a quedar en boca de todos con la serie de Hulu.
- Alguien voló sobre el nido del cuco, de Ken Kesey, con su manicomio como metáfora de cualquier sistema que aplasta al individuo.
- Sé por qué canta el pájaro enjaulado, de Maya Angelou, memorias eternas de una infancia silenciada por el abuso.
- Buscando a Alaska, de John Green, uno de los grandes fenómenos de la literatura juvenil contemporánea.
- Anoche en el Telegraph Club, de Malinda Lo, novela que narra un amor lésbico en la San Francisco de los años cincuenta.
Lo más interesante, a mi entender, es que esa selección no funciona como una lista decorativa ni como un ejercicio pedante de referencias culturales cruzadas, sino que se lee como un acto de rebeldía pura y silenciosa, una declaración de principios de una adolescente que por fin empieza a entender quién es y quién quiere ser, y lo hace por el camino más íntimo y a la vez más revolucionario que existe, que es el de leer en voz baja, sentada en un rincón, esos libros que otros consideran peligrosos.
El guiño que conecta con El Exorcista
Pero la serie guarda además un segundo y muy jugoso guiño, que yo en lo personal me perdí en la primera vuelta y recién valoré cuando me acerqué a leer sobre el detrás de escena: alrededor del minuto 31 del segundo episodio, aparece otra estudiante leyendo El Exorcista, la novela de William Peter Blatty, en la biblioteca del colegio, y el detalle, que parece menor, en realidad es una pista enorme para quien sigue de cerca la carrera del director, porque ese mismo realizador tiene en producción El Exorcista: Mártires, una nueva entrega de la franquicia que tiene previsto llegar a los cines en marzo de 2027, con Scarlett Johansson y Chiwetel Ejiofor en los papeles protagónicos.
De esa manera, la serie termina armando dos capas de referencias que conviven muy bien: una interna, donde los libros definen el arco de crecimiento y emancipación de Carrie, y otra externa, más juguetonamente cinéfila, que conecta esta producción con otros títulos del género y con proyectos en curso de su propio realizador, un equilibrio que a mí, como espectador, me parece de manual.
Dónde y cuándo se puede ver: la serie se emite por el canal de streaming MGM Plus, en Estados Unidos, y se puede ir viendo capítulo a capítulo a medida que se estrenan, mientras que la esperada secuela de El Exorcista, por ahora, sigue anunciada para marzo de 2027 en la pantalla grande, así que hay tiempo de sobra para ir armando la lista de libros prohibidos antes de que llegue el estreno.
