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Lindelof rompió el silencio: lo que la isla de Perdidos escondió durante seis temporadas y recién ahora se sabe

El cocreador de la serie volvió a aclarar el significado de los flash sideways de la última temporada, desmintió la teoría del purgatorio y reveló cómo un texto budista terminó definiendo el final de la historia de Jack, Kate, Hurley y compañía.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

A esta altura uno ya se hizo cargo de que hay ciertas discusiones que van a seguir dando vueltas por los bares y las redacciones hasta el final de los tiempos, y una de las más rendidoras, al menos en mi círculo de conocidos, sigue siendo la de Perdidos, esa serie que entre 2004 y 2010 nos tuvo a todos pegados al televisor tratando de descifrar qué diablos pasaba en esa isla remota del Pacífico sur, con un grupo de sobrevivientes de un vuelo de Oceanic que se había partido en mil pedazos. Bueno, pues bienvenidos a una nueva entrega de ese debate interminable, porque Damon Lindelof, uno de los dos cerebros creativos detrás de la ficción, decidió volver a hablar del tema y dejó algunas definiciones que,créanme, sirven para ordenar la conversación.

La cuestión de fondo es la siguiente: durante años circuló con fuerza la idea de que la isla era en realidad una suerte de purgatorio y que todo lo que habíamos visto durante seis temporadas había sido una especie de proyección colectiva de almas en pena, una hipótesis que, dicho sea de paso, simplificaba bastante la cosa y le quitaba un montón de peso dramático a momentos que a mí,personalmente,me habían dejado con un nudo en la garganta. Esa lectura, sin embargo, nunca tuvo el aval de los creadores, y Lindelof lo repitió con todas las letras cada vez que tuvo la chance.

El último fotograma lo dice todo

Para el guionista, la clave está en detenerse en el último plano de la serie, ese en el que Jack Shephard, el médico interpretado por Matthew Fox, cierra los ojos y muere mientras Vincent, el labrador, se acurruca a su lado. Ese cierre, asegura Lindelof, pertenece al hilo principal del relato, a lo que efectivamente ocurrió en la ficción. Lo que nunca existió como realidad paralela fue la línea narrativa de los llamados flash sideways de la sexta temporada, esa dimensión en la que los personajes no se conocen entre sí y el vuelo 815 de Oceanic aterriza sin sobresaltos en Los Ángeles.

“Todo lo que siempre te hemos mostrado, todo lo que ocurre en la isla, ocurrió. Absolutamente, al cien por cien.”Damon Lindelof, cocreador de Perdidos

El propio Lindelof fue todavía más allá en sus declaraciones y ratificó que la Iniciativa Dharma fue real, que la isla fue real y que, una vez terminado el ciclo de la serie, fueron Hurley y Ben quienes quedaron a cargo de ese lugar tan particular, una continuidad que a muchos les cerró una historia que había quedado flotando en el aire.

  • La isla existió: lo que se vio durante las seis temporadas ocurrió de verdad dentro de la ficción.
  • Los flash sideways no son una línea temporal alternativa: representan lo que les sucede a los personajes después de morir.
  • Jack muere al final: el cierre de sus ojos pertenece al relato principal, no al plano posterior.
  • La semilla del final se plantó entre la tercera y la cuarta temporada, cuando se decidió que la serie terminaría con la muerte del protagonista.
  • El Libro tibetano de los muertos fue la referencia conceptual para construir esa dimensión intermedia.
  • Dharma y la isla siguen activas: Hurley y Ben quedaron al frente luego del desenlace.

Cómo se cruzó un texto budista en el camino

Ahora bien, lo realmente jugoso de las declaraciones de Lindelof tiene que ver con el origen creativo de los flash sideways, porque la decisión de sumarlos se tomó cuando la serie todavía estaba en el aire, entre la tercera y la cuarta temporada, en una etapa donde los guionistas ya tenían claro que la historia iba a terminar con la muerte de Jack, fundamentalmente por una cuestión de simetría narrativa entre el ojo que se abre en el piloto y el ojo que se cierra en el desenlace. El problema, claro, era cómo mostrar lo que le pasaba al personaje después de muerto sin caer en el lugar común del cielo, el infierno o cualquier versión edulcorada del más allá. La respuesta la encontraron en el Bardo Thodol, más conocido por estos pagos como el Libro tibetano de los muertos, un texto del siglo VIII que describe el estado intermedio entre la muerte y el renacimiento, ese momento en el que una persona muere pero todavía no se da cuenta de que está muerta y nadie puede avisárselo, aunque pueda ir recibiendo señales a lo largo del camino. Lindelof lo definió con una frase que, a mi entender,resume todo el espíritu de la operación: La idea de Bardo es un lugar al que vas cuando mueres pero no sabes que estás muerto. Nadie puede decírtelo. Para que el truco funcionara y el espectador no advirtiera de entrada que estaba frente a un recurso póstumo, los guionistas metieron los viajes en el tiempo al final de la cuarta temporada y edificaron toda la quinta sobre esa base, con la idea de que el público leyera los flash sideways como una paradoja temporal hasta que los propios personajes, al ir recordando cosas que en esa línea nunca habían vivido,terminaran forzando la pregunta inevitable.

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Ramón VeraCultura y espectáculos

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