Salud mental con otra lógica: el Chaco pone sobre la mesa una red que pretende llegar a cada pueblo
Un proyecto que se debate en la Legislatura chaqueña propone tejer, bajo un mismo paraguas, todos los dispositivos de salud mental que hoy funcionan dispersos. Nodos regionales, equipos interdisciplinarios, guardias de crisis todo el año y un plan personalizado después de cada internación: la idea es que nadie quede a la deriva después del momento más difícil.
A la mañana, en una cocina cualquiera del interior chaqueño, todavía se escucha la frase de siempre: "acá en la cuenca, si te quiebras, te arreglás solo". Pero esa lógica, que durante años fue casi una sentencia, parece empezar a quedar vieja. Lo que se discute ahora en la Legislatura del Chaco es justamente lo contrario: un proyecto de ley que propone organizar, de una vez, una red pública de salud mental que tenga presencia territorial, equipos completos y, sobre todo, que no suelte la mano de nadie después de una crisis.
La iniciativa, que lleva varios meses en análisis, no inventar nada desde cero. La intención, según pudo reconstruir este medio a partir del texto en danza, es articular lo que ya existe: los programas, los profesionales y los dispositivos que hoy funcionan en el sistema público pero de manera dispersa, casi de modo atomizado, y meterlos dentro de una estructura provincial única con reglas claras, presupuesto y metas a mediano plazo.
Una provincia partida en nodos, no en parcelas
El corazón del proyecto es dividir al Chaco en nodos regionales de salud mental, pegados a las regiones sanitarias que ya existen. Cada nodo tendrá que hacer, como primer paso, un mapa propio: dónde vive la gente, qué servicios hay, qué barreras aparecen cuando alguien necesita pedir ayuda. Y sobre ese diagnóstico, montar equipos interdisciplinarios con psicólogos, psiquiatras, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y acompañantes terapéuticos, integrados de verdad, no como una lista de profesiones en un organigrama.
- Consultas ambulatorias en centros de salud y en dispositivos comunitarios.
- Visitas domiciliarias para llegar a quienes no pueden trasladarse.
- Intervención en el momento mismo de la crisis, donde sea que ocurra.
- Seguimiento personalizado después de cada internación, con un equipo asignado.
- Centros comunitarios, hospitales de día y espacios de rehabilitación psicosocial.
- Acompañamiento a las familias y articulación con educación, trabajo y organizaciones barriales.
Después de la internación: el momento donde todo se corta
Para nosotros, que convivimos con esta problemática hace rato, uno de los puntos más sensibles del proyecto es el que apunta al "después". Porque, como me confiaba Marta, 52 años, vecina de una localidad del sudoeste chaqueño que hace años acompaña a un familiar con padecimientos mentales: "el día que te dan el alta es el día que empezás a rezar, porque quedás en la calle, sin saber a quién llamar". El texto que se debate recoge, en parte, esa preocupación: obliga a que cada paciente que lo necesite tenga un Plan Individual de Cuidados, con un equipo responsable y un abordaje que contemple a la familia y al entorno comunitario, no solo la pastilla o la consulta suelta.
Crisis las 24 horas y prevención del suicidio como política de Estado
La iniciativa también pone blanco sobre negro en un punto crítico: las urgencias en salud mental. Propone una estrategia provincial de atención de crisis disponible las veinticuatro horas, los trescientos sesenta y cinco días del año, con protocolos regionales que contemplen desde la primera llamada hasta la continuidad del tratamiento. Y le dedica un capítulo especial a la prevención del suicidio, con un planteo que busca integrar los programas provinciales que ya están en marcha, priorizar el seguimiento de las personas en situación de riesgo y desarrollar acciones de posvención para los familiares y allegados que quedan atravesando el duelo. Los trabajadores de los servicios involucrados, además, deberán recibir capacitación específica.
Si el proyecto termina convertido en ley, el Ministerio de Salud chaqueño tendrá ciento ochenta días para presentar un plan de implementación con metas a cinco años. Será, en los hechos, la prueba de fuego: la distancia entre una buena idea escrita y una cocina del interior donde, una mañana cualquiera, una vecina pueda levantar el teléfono y saber que alguien la va a atender. Como me decía Marta mientras se servía un mate, con esa mezcla de esperanza y desconfianza que ya es parte de nuestra forma de mirar la política: "si esta vez va en serio, puede cambiar todo; si queda en el papel, ya sabemos cómo termina". Por ahora, en la Legislatura, la discusión recién empieza.
