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Siete aulas que viajan: así funciona la escuela rodante de oficios que cambió la vida de 463 neuquinos

Las unidades móviles del Ministerio de Educación y el INET ya pasaron por once localidades de la provincia. Soldadores, torneros, gasistas y mecánicos se formaron sin moverse de su pueblo. La crónica, desde el calor de una cocina cordillerana hasta la puerta de una fábrica de sueños.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · 31 de agosto de 2026 · hace 1 h

La pava empieza a silbar en la cocina de Norma, 52 años, mientras afuera la mañana todavía tiene ese frío húmedo que se pega en la cara cuando uno vive en un paraje neuquino. Norma prepara mate y me cuenta, mientras revuelve el azúcar con la cuchara, que el año pasado terminó un curso de gasista domiciliaria sin subirse jamás a un colectivo. “Acá en la cuenca siempre decimos que para estudiar hay que irse, pero esta vez la escuela vino a nosotros”, me dice, y se le nota una mezcla de orgullo y de alivio que yo, que vengo de estas latitudes, conozco bien. Lo que Norma no llegó a pronunciar con todas las letras es algo que desde hace un tiempo viene transformando la vida de cientos de personas en la provincia: la existencia de un programa oficial que lleva aulas montadas sobre camiones hasta los rincones más apartados de Neuquén, donde antes la única manera de aprender un oficio era emigrar a la capital o a Buenos Aires.

Siete aulas, un mismo objetivo: que la formación llegue donde antes no llegaba

El Ministerio de Educación de Neuquén, junto con el Instituto Nacional de Educación Tecnológica, pone en marcha una red de siete unidades educativas móviles que están equipadas con herramientas, maquinaria específica y hasta con aire acondicionado para soportar los veranos del norte y los inviernos de la cordillera. No son tráileres viejos adaptados: cada una responde a una currícula pensada para lo que cada zona necesita producir. Desde que arrancaron en 2025, ya pasaron por once localidades y, según los datos oficiales, 463 personas completaron capacitaciones en oficios que van desde soldadura y tornería hasta instalación de paneles solares y confección de indumentaria.

  • Huinganco: mecánica de motores fuera de borda y motores nafteros
  • Aluminé: instalación de sistemas solares fotovoltaicos y térmicos
  • San Patricio del Chañar: gasista domiciliario y soldadura
  • Plaza Huincul: tornería
  • Mariano Moreno: moldería y patronaje de indumentaria
  • San Martín de los Andes: soldadura y formación de docentes técnicos
  • Además, hay oferta de metalmecánica, mecánica automotriz y de motos, trabajo textil e instalación de sistemas de gas

La distribución, como se ve, no es caprichosa ni uniformadora. La oferta se va adaptando a la matriz productiva de cada lugar, y esa es una de las claves del programa. En Huinganco, un pueblo chico del norte neuquino, la formación apunta a reparar los motores de las lanchas que usan los pescadores del río y los lagos; en Aluminé, en cambio, la prioridad son las energías renovables porque la localidad trabaja hace años en proyectos solares. En Plaza Huincul, el curso de tornería responde directamente a la cercanía con los yacimientos petroleros, donde ese oficio tiene salida laboral inmediata.

Una articulación que funciona porque se sostiene en acuerdos locales

El funcionamiento no depende de un solo organismo sino de una red de convenios que articulan el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano provincial, cada municipio y la Dirección de Educación Técnica. El Centro de Formación Profesional N°43 es el que coordina los acuerdos y, sobre todo, escucha qué necesita cada comunidad antes de mandar la aula rodante. Esa lógica de abajo hacia arriba es la que permite que los cursos sean pertinentes y no una imposición administrativa.

Las aulas ya pasaron por Lonco Mula, Villa La Angostura, Villa Pehuenia, San Martín de los Andes, Aluminé, Plaza Huincul, Chos Malal, Huinganco, Mariano Moreno, Centenario y San Patricio del Chañar. La idea es que la lista siga creciendo. Para los vecinos que todavía no saben que esta posibilidad existe a la vuelta de su casa, vale la pena acercarse al municipio o al centro de salud local y preguntar: muchas veces la información llega tarde, y lo único que se necesita es que alguien nos cuente que la formación profesional, finalmente, se digna venir a nosotros. Vuelvo a la cocina de Norma, que ya me está convidando el segundo mate, y me parece que la postal de una provincia que enseña oficios sin pedirle a nadie que se vaya de su pueblo bien vale una nota entera.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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