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Un puñado de almendras antes de dormir: lo que dice un estudio de cinco meses sobre el descanso

Un ensayo clínico con 175 adultos indios comparó el efecto de incorporar unas 50 almendras diarias a la cena. Los participantes que lo hicieron reportaron dormir mejor, aunque las mediciones objetivas fueron más prudentes. Qué aporta el fruto seco, dónde está la cautela y por qué conviene leer el estudio con cuidado.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

Acá en la cuenca, más de una vez me contaron que a la noche, cuando el cuerpo no se entrega, lo primero que se prueba es un vaso de leche tibia, una infusión de tilo o, en las últimas temporadas, un puñado de almendras a último momento. La escena se repite en la mesa familiar: alguien destapa el paquete, cuenta una por una las unidades y se las lleva a la cama como quien se juega una carta a la suerte. La pregunta que sobrevuela esas noches es si esa costumbre casera tiene algún respaldo serio o si es, simplemente, otro placebo con bonito. Un ensayo clínico publicado en la revista Frontiers in Nutrition se propuso averiguarlo y los resultados, aunque preliminares, dan para una conversación larga.

Cómo se armó el estudio y qué midió

El trabajo reclutó a 175 adultos de entre 21 y 55 años en India, todos con una calidad de sueño deficiente al arranque del experimento, confirmada con registros de ondas cerebrales, marcadores bioquímicos y cuestionarios autopercibidos. A la mitad se le indicó consumir alrededor de 50 almendras diarias, integradas a la cena; al resto, una colación con el mismo aporte calórico, para aislar el efecto del fruto seco y no el de cualquier comida extra. El ensayo se extendió cinco meses, un plazo inusual para este tipo de investigaciones, que suelen quedarse en cuatro u ocho semanas.

  • Participantes con sueño deficiente, sin apnea, narcolepsia ni insomnio crónico.
  • Dos grupos comparables: 50 almendras diarias versus colación isoenergética.
  • Duración: cinco meses de seguimiento.
  • Herramientas: registros de ondas cerebrales, marcadores bioquímicos y cuestionarios subjetivos.

Qué cambió y qué no cambió tanto

Al cierre del período, quienes incorporaron almendras tuvieron mayor probabilidad de alcanzar una mejora clínicamente significativa en sus puntajes de calidad de sueño, según los registros del propio estudio. En términos prácticos, eso se tradujo en menos despertares nocturnos, mayor facilidad para conciliarlos y una percepción general de dormir mejor. Los niveles de melatonina, la hormona que regula el ciclo sueño-vigilia, aparecieron algo más altos en el grupo de las almendras, un dato que los autores destacan como posible vía biológica.

Ahora bien, y acá viene el llamado de atención que el propio paper hace explícito: la diferencia más elocuente apareció en la calidad percibida del descanso, mientras las mediciones objetivas, las que no dependen de lo que el participante cuenta, mostraron cambios más acotados. Es una distinción clave, porque en salud dormir bien no es solo cómo uno se siente al levantarse, sino lo que los registros fisiológicos muestran mientras se duerme.

Por qué podrían funcionar las almendras

Las almendras concentran magnesio, un mineral que los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos consideran necesario para la actividad muscular y nerviosa y que suele aparecer asociado a la relajación. A eso se suma el triptófano, aminoácido que el cuerpo usa para sintetizar serotonina y, a partir de ella, melatonina. El paquete se completa con proteína, grasas insaturadas y fibra, una combinación que favorece una digestión más lenta y puede ayudar a mantener estables los niveles de glucosa durante la noche, un factor que distintos especialistas vinculan con menos despertares.

“Una porción de unas 50 unidades al día fue la dosis explorada por el ensayo, que aclara que no se trata de un tratamiento sino de un complemento alimentario compatible con una estrategia mayor de descanso.”Griselda Muñoz, Sociedad y vida

Dónde está la cautela

El estudio contó con financiamiento del Almond Board of California, la entidad que representa a la industria de la almendra en ese país, y aunque eso no invalida los hallazgos, sí obliga a esperar investigaciones independientes, con muestras más amplias y diseños que permitan descartar sesgos. La Organización Mundial de la Salud, por su parte, recuerda que el insomnio sostenido, la somnolencia diurna marcada o las pausas respiratorias nocturnas requieren evaluación profesional, porque ninguna fruta seca reemplaza una consulta médica cuando los síntomas se vuelven persistentes.

Vuelvo entonces a la mesa del principio, a esa vecina que me decía, mientras servía el café, que desde que prueba con un puñado de almendras a la noche duerme del tirón. Le creo su experiencia, como le creo a cada uno que me cuenta la suya, pero también le respondo lo mismo que le diría a cualquiera: el estudio existe, los números son prudentes y la mejor forma de cuidarse sigue siendo combinar un hábito alimentario razonable con una buena higiene del sueño, pantallas lejos de la almohada, horarios estables y, ante la duda, un profesional que mire el cuadro completo. Nosotros, en la cuenca, podemos seguir contando almendras a la luz de la cocina, siempre y cuando no nos olvidemos de que la ciencia avanza más lento que el boca a boca, y está bien que así sea.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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