Una cama en Villa La Angostura a cambio de manos solidarias: la propuesta que crece en la Patagonia
Un proyecto de permacultura y bioconstrucción ofrece hospedaje en habitación compartida, desayuno, bicicletas y dos francos por semana. Piden 25 horas de tareas y al menos 14 noches de permanencia. Los pasajes y traslados corren por cuenta de cada voluntario.
La pava empieza a silbar en una cocina de madera todavía con olor a pino recién cortado y afuera, por la ventana, se ven los cerros todavía medio verdes que dibujan el contorno de Villa La Angostura. En esa misma casa funciona, desde hace años, un proyecto de permacultura y bioconstrucción que ahora se hizo conocido por una movida bastante particular: ofrece una cama a cambio de colaboración. Sí, leíste bien: dormir en el sur, comer un desayuno con mermelada casera y, al mismo tiempo, meter las manos en la pintura, el jardín o las refacciones. La idea me la crucé mientras revisaba la plataforma Worldpackers, donde la convocatoria aparece abierta para los próximos meses, siempre y cuando haya lugar.
Lo concreto es así: el alojamiento consiste en una cama dentro de un dormitorio compartido, el desayuno está incluido y hay lavandería sin cargo, bicicletas para moverse por el pueblo y acceso a espacios comunes y actividades del lugar. A cambio, se piden 25 horas semanales de trabajo repartidas entre diferentes días y horarios, con dos jornadas libres por semana para recorrer la zona, sacar fotos, caminar hasta el lago o simplemente no hacer nada, que también es válido cuando uno anda de viaje. La permanencia mínima prevista es de 14 noches, aunque puede extenderse según cómo se acomode cada voluntario y las necesidades que vaya teniendo el proyecto.
Qué hay que poner de cada uno y qué pone el proyecto
- Pasajes, traslados, documentación personal y todo gasto que no figure expresamente como beneficio corren por cuenta del voluntario.
- Las tareas pueden ser pintura, decoración, construcción, reparaciones, jardinería y mantenimiento general del predio.
- Se puede postular quien viaje solo, en pareja o con un acompañante, siempre que tenga un conocimiento básico de español.
- La disponibilidad de lugares depende del período elegido, de la cantidad de postulantes y de las necesidades concretas del proyecto.
- El anfitrión declara 15 años de experiencia en iniciativas de este tipo, según detalla la convocatoria.
Acá en la cuenca del lago, este tipo de intercambio no es exactamente nuevo pero sí empieza a sonar cada vez más fuerte, sobre todo entre los que buscan una manera distinta de conocer la Patagonia sin que la tarjeta de crédito termine llorando a los cinco días. La movida funciona, en gran parte, gracias a que los cupos se van completando con anticipación: por eso conviene revisar fechas y disponibilidad antes de ilusionarse, porque no es lo mismo llegar en pleno enero con el pueblo colmado de turistas que hacerlo en una semana más tranquila, donde el equipo del proyecto suele necesitar más manos.
“Yo me enteré por una amiga que se fue en marzo del año pasado y volvió diciendo que había aprendido a revocar paredes, que ahora sabe hacer compost y que no gastó ni un peso en alojamiento. La verdad que te da ganas de probar.”Marta, vecina de 52 años,Bariloche
Nosotros, los que solemos mirar estas noticias con la cuchara del mate todavía tibia, tenemos que tener en cuenta un detalle nada menor: el primer paso es entrar a Worldpackers, crear un perfil con los datos de cada interesado y enviar la solicitud directamente al anfitrión, que es quien decide si la postulación encaja con el ritmo del proyecto. Si la respuesta es positiva, se confirma la estadía y, a partir de ahí, empieza el trueque: 25 horas semanales de tareas compartidas a cambio de techo, desayuno, bici y dos días libres para volver a ser turista por unas horas en uno de los pueblos más lindos del sur argentino. Como le dije a Marta mientras me contaba su experiencia desde la cocina de mi casa, con la pava ya servida y la ventana abierta al frío de afuera: a veces, lo que parece un dato curioso de internet termina siendo, para muchos, la manera más concreta de conocer la Patagonia de cerca.
