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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una cifra que se mide en millones: por qué conviene tener un tensiómetro a mano

La presión arterial elevada atraviesa la vida de casi cuatro de cada diez adultos argentinos, y en la mayoría de los casos avanza sin que se note. Una recorrida por los números, los controles que hacen falta y los hábitos que pueden cambiar el rumbo de esa película silenciosa.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 13 d
Una cifra que se mide en millones: por qué conviene tener un tensiómetro a mano

Acá en la cuenca, una mañana de esas en que la cocina todavía huele a café recién colado, el tema aparece de la nada. Marta, mi vecina de 52 años, me dice mientras corta un limón que el médico le dijo que tenía la presión alta y casi se cae de la silla. "Yo me sentía perfecta", repite, y se toca el pecho como quien todavía no se lo cree. Esa escena, multiplicada por millones, ayuda a entender de qué se habla cuando se dice hipertensión en la Argentina.

Un problema que no avisa

La hipertensión arterial es una de esas condiciones que pueden instalarse sin dar señales durante años. Como no produce síntomas evidentes en sus primeras etapas, mucha gente convive con valores elevados sin saberlo. Por eso tomarse la presión de forma periódica no es un capricho ni un trámite: es la única manera concreta de saber cómo están las arterias en ese momento.

El procedimiento es sencillo, no duele y lleva apenas unos minutos. Lo que está en juego con esa medición es enorme: detectar a tiempo una presión elevada antes de que aparezcan complicaciones cardiovasculares serias, como infartos o accidentes cerebrovasculares.

  • Reducir el consumo de sal en las comidas cotidianas.
  • Mantener una alimentación equilibrada, con verduras, frutas y ultraprocesados.
  • Realizar actividad física de forma regular, aunque sean caminatas.
  • Atender el estrés crónico, que también pesa sobre la presión arterial.
  • Sumar controles médicos periódicos, sobre todo a partir de los 40 años.

Las cifras que muestran el tamaño del asunto

El Registro Nacional de Hipertensión Arterial aporta un dato que nos obliga a mirarnos de cerca: el 36,3% de los adultos mayores de 18 años en nuestro país tiene hipertensión. Son cerca de 12 millones de personas, y casi cuatro de cada diez desconocen su diagnóstico. Es decir, no basta con sentirse bien: hace falta medirse.

Y hay otro costado que también preocupa. Entre quienes ya están bajo tratamiento, apenas alrededor del 44% logra mantener los valores controlados. O sea, no alcanza con saber que la presión está alta: el seguimiento y la adherencia al tratamiento son la otra mitad del trabajo.

El panorama, mirado desde afuera, no es muy distinto. El segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, indica que 1.400 millones de adultos viven con presión elevada en el mundo y que solo uno de cada cinco la tiene controlada. Un número tan grande cuesta imaginarlo, pero se vuelve cotidiano cuando aparece en la propia familia.

Con el paso del tiempo, la hipertensión puede deteriorar las arterias y afectar órganos vitales. Esperar a que el cuerpo avise suele ser llegar tarde. Por eso los controles periódicos, sumados a los hábitos saludables, forman la base de una prevención que no necesita grandes hazañas, sino constancia.

Vuelvo a la cocina de Marta, que ya está lavando los platos. Me dice, mientras seca una taza, que ahora se toma la presión dos veces por semana y que le bajó la sal a la mitad. "Es un cambio chico", me dice, "pero saber cómo estoy me tranquiliza un montón". En esa frase, que parece simple, está condensada una parte importante del cuidado: prestar atención antes de que la salud tenga que gritarnos.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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