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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una semana entera con la misma nube encima del AMBA y la misma pregunta de cada mañana: ¿hoy sí sale el sol?

Un centro de altas presiones instalado sobre el Atlántico actúa como un tapón invisible que sostiene el tiempo gris, las lloviznas y el fresco en Buenos Aires y el conurbano. Acá te contamos por qué se extiende el mal humor del cielo, cuándo llega lo peor y a partir de qué día se avizora una mejora.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 2 d
Una semana entera con la misma nube encima del AMBA y la misma pregunta de cada mañana: ¿hoy sí sale el sol?

Acá en la cuenca del Plata arrancó la semana con esa luz plomiza que ya se está volviendo costumbre, y en la cocina de cualquier casa del conurbano la conversación de la mañana vuelve a ser la misma: si va a llover o no, si conviene sacar el perro antes o después de las compras, si el nene necesita el camperón o alcanza con una remera larga. Son decisiones chicas, domésticas, que terminan marcando el ritmo de la jornada cuando el cielo lleva varios días decidido a no abrirse. María Inés, 52 años, vecina de Lanús, me lo decía ayer mientras esperábamos el colectivo en la esquina de Hipólito Yrigoyen: "Yo ya dejé de mirar el pronóstico, porque me miente todas las mañana". Le tuve que dar la razón, pero con un consalo: esta vez la culpa no es del parte meteorológico, sino de un fenómeno con nombre y apellido que tiene al Área Metropolitana de Buenos Aires literalmente trabada.

Lo que está pasando, y lo que nos va a acompañar toda la semana, tiene una explicación concreta: un bloqueo atmosférico. En criollo, un centro de altas presiones se quedó estacionado sobre el océano Atlántico y funciona como una suerte de pared invisible que impide que entren otros sistemas, otras masas de aire, otro movimiento de la atmósfera que nos saque de este pozo gris. Mientras esa pared siga firme, nosotros seguimos atrapados debajo, con vientos del este y del sudeste que se encargan de empujar humedad hacia la ciudad y de mantener el termómetro sin demasiados márgenes para subir.

Frío húmedo, sin sol y con mínimas que ya huelen a invierno

Las cifras que dejó el material al que tuvimos acceso pintan un escenario bastante claro: las mínimas de la semana se mueven entre los 11 y los 13 grados, y las máximas no van a pasar de los 18. Esa amplitud térmica tan chica, sumada a la falta de sol, termina generando una sensación de frío que a muchos nos descoloca, porque ya estamos en octubre y el cuerpo, aunque no quiera, sigue esperando un poco de calor de primavera. Lo que pasa es que la primavera, por ahora, decidió hacerse la ausente.

Y ojo, porque no estamos hablando de lluvias torrenciales ni de tormentas severas. El bloqueo no descarga agua de manera constante ni genera acumulados importantes, pero sí se encarga de mantener el cielo cubierto y de regalarnos lloviznas intermitentes que aparecen y desaparecen, justo del tipo de precipitación que te arruina un plan sin que te termine empapando. Esas lloviznas, que en general suman volúmenes chicos, son las grandes protagonistas de la semana.

  • Miércoles 14: el día más inestable, con probabilidad de precipitación superior al 70% y chaparrones que podrían dejar hasta 5 milímetros.
  • Jueves 15: la jornada de mayor actividad dentro de la semana, con acumulados que podrían llegar a los 10 milímetros.
  • Viernes: sin mejora sostenida, cielo mayormente cubierto, nuevas chances de lloviznas y temperaturas entre 13 y 17 °C.
  • Fin de semana: primeras señales de cambio, con menor probabilidad de lluvia y algo más de presencia del sol.
  • Inicio de la semana próxima: el momento en que, según los pronósticos, recién volverían las jornadas más estables.

Para los que viven cerca del río, hay un dato extra a tener en cuenta: el viento va a sentirse más fuerte hacia el tramo central de la semana, con velocidades sostenidas de entre 10 y 20 kilómetros por hora y ráfagas que en algunos momentos podrían alcanzar los 40. No es un temporal, pero alcanza para complicar una salida en bicicleta, para hacer tiritar a un pariente en la parada del colectivo o para que la campera térmica deje de ser un accesorio y pase a ser una necesidad.

“Mientras la pared de altas presiones siga firme sobre el Atlántico, el AMBA queda atrapado en un loop de humedad, lloviznas y cielo gris que recién podría empezar a soltarse a partir del fin de semana.”Servicio Meteorológico Nacional

Ahora, si me preguntan a mí, lo más molesto de este tipo de situaciones no es la lluvia en sí, que en definitiva hace falta y siempre suma, sino la incertidumbre. El bloqueo atmosférico es traicionero justamente por eso: te invita a pensar que en cualquier momento mejora, te deja un rato de sol tibio a la tarde, y a la hora de la cena otra vez te cubre el cielo. Es un ida y vuelta que desgasta, sobre todo para quienes planifican cosas al aire libre, para los que tienen obra en la casa, para los que organizan una reunión en la vereda o simplemente para los que, como María Inés en la parada del 98, quieren saber si pueden o no tender la ropa sin arriesgarse a tener que repetirla a la noche.

Nosotros, mientras tanto, vamos a tener que seguir organizando las actividades al aire libre con elástico, guardando el plan B en el bolsillo y aceptando que, hasta nuevo aviso, la primavera en Buenos Aires viene con piloto automático gris. La buena noticia es que, según todos los indicios, este bloqueo tiene fecha de vencimiento: el inicio de la próxima semana asoma como la primera ventana seria para volver a ver el cielo azul de verdad, el que tanto nos está costando extrañar.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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