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Una taza de arándanos al día y el corazón que casi ni se acuerda de la presión alta

Nutricionistas y cardiólogos de Estados Unidos coincidieron en que el pigmento oscuro de esta fruta, la fibra y su efecto sobre los vasos sanguíneos pueden ser un buen complemento para quienes lidian con hipertensión o glucosa rebelde.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · 31 de agosto de 2026 · hace 2 h

La escena es bien de barrio: son las siete de la tarde, la cocina todavía huele a lo de la tarde y Nélida, mi vecina de 58 años, revuelve el café con la cuchara como quien busca respuestas. "Yo tomo la pastilla, pero el médico me dijo que mire lo que como", me dice mientras acomoda la bolsa del super sobre la mesa. Justo ahí, entre el paquete de galletitas y la banana, aparece el protagonista de esta nota: un pomo de arándanos congelados. Acá en la cuenca, donde el frío se mete por las baldosas y la presión alta es casi tema de sobremesa, esta frutita chiquita y oscura viene ganando terreno entre quienes buscan sumar aliados cotidianos para cuidar el corazón. Y los estudios, al menos los que repasamos hoy, le dan la derecha.

Por qué el color oscuro importa más de lo que parece

El secreto está en la pinta. Lo que vuelve violeta, casi tinta, a los arándanos es un compuesto llamado antocianina, y resulta que esa misma molécula, una vez que llega al cuerpo, estimula la producción de óxido nítrico, una sustancia que ayuda a relajar y abrir los vasos sanguíneos. Cuando las arterias están más distendidas, la sangre circula con menos resistencia y la presión tiende a bajar. Así lo explicó Ashlee Bobrick, nutricionista dietista registrada del Ohio State University Wexner Medical Center, en una investigación que repasó los efectos metabólicos de esta fruta. La idea es sencilla: arteria más elástica, corazón más tranquilo.

“Esas moléculas estimulan la producción de óxido nítrico en el organismo, una sustancia que facilita la relajación y la apertura de los vasos sanguíneos.”Ashlee Bobrick, nutricionista dietista registrada del Ohio State University Wexner Medical Center

Pero el arándano no viene solo. A esa acción vasodilatadora se le suma otra, menos vistosa pero igual de importante: la fibra. Una taza de arándanos aporta alrededor de cuatro gramos de fibra, un número que ayuda a acercarse al consumo diario recomendado sin demasiado esfuerzo. Durante la digestión, esa fibra se fermenta en el intestino y genera ácidos grasos de cadena corta que pasan al torrente sanguíneo, donde participan en la regulación de la presión arterial. De paso, colabora con dos temas que en la consulta aparecen pegados: mantener estable la glucosa en sangre y bajar el colesterol LDL, el famoso "malo". Bobrick insistió en que esos dos factores están directamente vinculados con la salud del corazón.

El endotelio, esa capa invisible que sostiene todo

Hay un actor silencioso en esta historia y se llama endotelio: la capa finísima de células que recubre el interior de las arterias y que decide, en gran parte, cuán elásticos se mantienen los vasos con el paso de los años. El cardiólogo Parveen Garg, de Keck Medicine de la Universidad del Sur de California, planteó que los arándanos podrían mejorar justamente esa función endotelial. Si el endotelio anda bien, el control de la presión se vuelve más eficiente; si se deteriora, las arterias se endurecen y todo se complica. Estudios previos habían observado mejoras en este punto, lo que refuerza la idea de que la frutita no trabaja en un solo frente, sino en varios al mismo tiempo.

  • Vasodilatación: las antocianinas favorecen la producción de óxido nítrico, que relaja las arterias y reduce la resistencia al paso de la sangre.
  • Control de la glucosa: la fibra y los compuestos activos ayudan a estabilizar el azúcar en sangre, clave en personas con resistencia a la insulina.
  • Colesterol LDL más bajo: la fibra contribuye a reducir el colesterol "malo", uno de los factores de riesgo cardiovascular más vigilados.
  • Función endotelial: el consumo regular podría mejorar la elasticidad del revestimiento interno de los vasos sanguíneos.
  • Accesibilidad: la versión congelada conserva las propiedades activas, lo que permite sumar arándanos al menú durante todo el año, incluso lejos de la temporada.

Los especialistas coinciden en algo simple, de esos tips que a Nélida le encantan: con una taza diaria, ya sea de arándanos frescos o congelados, alcanza para cosechar los beneficios documentados. No hace falta volverse loco con batidos ni comprarlos en el local de frutos exóticos del centro: la cadena de freezer del súper de la esquina sirve y sobra. Bobrick agregó, además, que el consumo regular se asocia con una menor probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas, entre ellas algunos tipos de cáncer y trastornos neurodegenerativos, aunque advirtió que se trata de un campo de investigación que todavía está en desarrollo. Para nosotros, los que transitamos los 40, 50, 60 años y sentimos que el cuerpo nos pasa facturas nuevas cada mañana, sumar un aliado así a la mesa no parece mala idea. Como me dijo Nélida mientras guardaba el pomo en el freezer, con esa sonrisa de quien todavía cree en los remedios simples: "Mire, si con una taza de arándanos la pastilla me baja un poquito, yo le hago lugar al postre todos los días". Y la verdad, vecina, la ciencia esta vez parece darle la razón.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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