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Volver a moverse sin pagar el precio: la guía para retomar el ejercicio después de una pausa larga

Después de vacaciones, una lesión o cualquier corte prolongado, el cuerpo pide paciencia. Especialistas en medicina del deporte coinciden en que la clave está en reducir la carga, respetar los descansos y escuchar las señales que aparecen en el camino.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · 31 de agosto de 2026 · hace 1 h

Acá en la cuenca, donde las vecinas se cruzan en la esquina y comparten quejas sobre la humedad y los kilos de más que dejaron las fiestas, hay una pregunta que vuelve cada enero como un ritual: ¿cómo hago para volver al gimnasio sin quedar destrozado? María del Carmen, 52 años, contadora y madre de tres, me lo planteó mientras tomábamos mate en su cocina, con la taza todavía caliente entre las manos. «Quiero retomar la caminata, pero la última vez que salí después de las vacaciones terminé con la rodilla inflamada y una semana de reposo», me dijo, con esa mezcla de frustración y resignación que conozco bien. Lo que le pasa a María del Carmen le pasa a miles de argentinos que cada año enfrentan el mismo dilema: volver al movimiento después de un descanso sin pagar el precio en lesiones.

La cuestión de fondo es que el cuerpo no funciona como una máquina que se enciende y listo. Tras vacaciones, una lesión o cualquier pausa prolongada, el organismo no está en el mismo punto que cuando dejó de entrenar. La tolerancia al esfuerzo baja, los músculos pierden parte de su capacidad para absorber cargas altas y el sistema nervioso tarda en recuperar los patrones de movimiento. Retomar desde donde se dejó, sin transición, aumenta el riesgo de molestias y lesiones. Así lo señala la literatura científica revisada por especialistas en medicina del deporte y preparación física, que coincide en una recomendación central: la progresión gradual en todos los componentes del entrenamiento.

Menos volumen, menos intensidad y más descanso

En términos concretos, esto se traduce en tres ejes que parecen simples pero que muchos subestimamos. Quien estaba acostumbrado a entrenar una hora puede arrancar con sesiones de treinta a cuarenta minutos, con circuitos menos exigentes o ritmos moderados. La meta no es recuperar el nivel anterior en el menor tiempo posible, sino permitir que el organismo se readapte sin sobrecargas. Durante las primeras dos semanas, la consigna es clara: menos volumen, menos intensidad y más tiempo de recuperación entre sesiones.

  • Empezar con sesiones de 30 a 40 minutos si antes se entrenaba una hora.
  • Reducir la intensidad: ritmos moderados y circuitos menos exigentes.
  • Alternar días de actividad con pausas suficientes para favorecer la adaptación.
  • Incorporar ejercicios de fuerza con cargas ligeras para preservar la masa muscular.
  • Trabajar la potencia con estímulos de alta velocidad y pliometría suave.
  • Priorizar horarios de sueño regulares para mejorar la recuperación.

Hay además un componente poco visible pero decisivo: la cabeza. La ansiedad por recuperar el hábito rápidamente puede llevar a exigirse más de lo que el cuerpo tolera en esa etapa. Períodos de alteración prolongada de la rutina, como los que vivimos después de una lesión seria o una mudanza, pueden afectar variables psicológicas vinculadas al entrenamiento, y algunos deportistas pueden necesitar acompañamiento específico para retomar con confianza. Acá en la cuenca, donde el ritmo de vida suele ser intenso y la presión por «estar en forma» aparece en cada conversación de whatsapp, vale la pena recordar que empezar con menos no es retroceder: es la forma más segura de volver a moverse.

Volví a la cocina de María del Carmen unos días después de nuestra charla. Me mostró la caminata que finalmente pudo hacer el domingo anterior, cuarenta minutos por la rambla, con ritmo suave y dos pausas para estirar. «Volví sin dolor y con ganas de salir de nuevo el próximo fin de semana», me dijo, mientras servía otro mate con esa calma de quien aprendió que la paciencia, en esto, también es parte del entrenamiento. Para nosotros, que tantas veces confundimos constancia con obsesión, la lección es simple y a la vez profunda: el cuerpo necesita tiempo para acordar de nuevo con la cabeza, y respetar ese proceso es la única manera de sostener el movimiento en el tiempo.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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