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Viernes, 16 de octubre de 2026
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A 25 años del desembarco: por qué "Hermanos de sangre" sigue siendo la cima de la televisión bélica

La miniserie de HBO que Steven Spielberg y Tom Hanks produjeron en 2001 cumplió un cuarto de siglo sin que ninguna producción del género haya podido hacerle sombra. Un repaso por la historia, los hombres y las decisiones que la convirtieron en una obra irrepetible.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · · hace 37 d
A 25 años del desembarco: por qué "Hermanos de sangre" sigue siendo la cima de la televisión bélica

Tengo que confesarlo de entrada: cada vez que un canal de televisión anuncia una nueva superproducción bélica, hago el mismo gesto de descreimiento, porque sé que el listón que tiene que pasar es altísimo y, casi siempre, termina golpeándose contra el suelo. Es que cuando uno se sienta frente al televisor (o frente a la pantalla del teléfono, como nos toca cada vez más seguido) a buscar algo sobre la Segunda Guerra Mundial, tarde o temprano termina recalando en aquellos diez episodios que HBO puso al aire en septiembre del 2001 y que, con el correr de los años, se transformaron en una especie de monumento del género. "Hermanos de sangre", como se la conoce en estas pampas, acaba de cumplir 25 años, y la mejor manera de celebrarla es volver a recordar por qué sigue siendo, a mi entender, la más grande que se haya emitido jamás.

La serie narra lo que le tocó vivir a la Compañía Easy del 506° Regimiento de Infantería Paracaidista del Ejército de los Estados Unidos: desde el entrenamiento en el Campamento Toccoa, en Georgia, pasando por el desembarco en Normandía, la operación Market Garden en Holanda, la batalla de las Ardenas y, finalmente, la liberación del campo de concentración de Berchtesgaden, en los Alpes bávaros. Para reconstruir ese periplo, los productores Steven Spielberg y Tom Hanks se basaron en el libro homónimo que el historiador Stephen E. Ambrose publicó en 1992, aunque en la pantalla el foco se corrió de la estrategia militar hacia los vínculos entre los soldados, que es donde la serie encuentra su verdadera alma.

"Nijmegen, un gran salto adelante"

Una de las decisiones más recordadas de la producción es que cada uno de los diez episodios arranca con un veterano real de la Compañía Easy hablando a cámara, contando en primera persona lo que vivió. Esa presencia no es un adorno ni un recurso nostálgico: le da al conjunto una capa de testimonio que las reconstrucciones puramente ficcionales difícilmente pueden igualar. Son hombres ya mayores, con la voz cascada por el tiempo, que vuelven al frente como si pudieran tocarlo con la mano, y uno siente, mientras los mira, que está del otro lado de la historia.

El elenco, en aquel entonces, era prácticamente desconocido. Damian Lewis, un actor inglés que hoy es una figura consolidada, se puso en la piel del teniente Winters, el líder sereno al que todos terminan respetando. Lo acompañaron Ron Livingston, Donnie Wahlberg, Kirk Acevedo y Michael Cudlitz como el núcleo de la tropa, mientras que en papeles secundarios empezaron a asomar nombres que después se harían enormes: Michael Fassbender, James McAvoy, Simon Pegg y Tom Hardy. El más reconocible del grupo, en esa época, era David Schwimmer, el Ross de "Friends", que aquí se alejó de la comedia para encarnar al capitán Herbert Sobel, el oficial estricto y despreciado por sus propios hombres.

Hay un detalle que siempre me gusta recordar y que pinta de cuerpo entero el momento en que la serie salió al mundo: el estreno fue el 9 de septiembre del 2001, apenas dos días antes de los atentados en Nueva York. La cadena había preparado una fuerte campaña de promoción, pero la tragedia la suspendió de un plumazo. La serie se siguió emitiendo igual, llegó a unos diez millones de espectadores en su primera pasada y, con el tiempo, terminó encontrando al público que se merecía. En parte, porque el boca a boca fue haciendo el trabajo que la publicidad ya no podía hacer.

Técnicamente, la producción se mueve con un calibre cinematográfico pocas veces visto en una serie de televisión. Las batallas están rodadas con un criterio muy cercano al del cine bélico clásico, el diseño de producción es detallista hasta la exageración, y la dirección se repartió entre varios realizadores de peso, entre ellos Phil Alden Robinson y David Nutter. Los 125 millones de dólares de presupuesto se notan en cada plano de combate, pero la violencia nunca aparece como un espectáculo en sí mismo: siempre está al servicio de la historia de los hombres que la padecieron.

"La cosa más grande que hicimos"

A diferencia de lo que pasó después con "The Pacific", donde el peso narrativo se concentró en dos o tres protagonistas, "Hermanos de sangre" eligió contar la guerra desde lo coral, desde el conjunto del batallón, sin convertir a ningún personaje en un héroe exclusivo. Esa decisión es la que le da, a mi modo de ver, su verdadera densidad: uno no termina la serie pensando en Winters o en cualquiera de los oficiales, sino en una compañía de hombres que se bancaron mutuamente para volver a casa.

Veinticinco años después, mientras las plataformas de streaming multiplican las producciones bélicas y los algoritmos nos empujan hacia títulos nuevos cada semana, la serie sigue disponible y sigue siendo vista por nuevas camadas de espectadores que se topan con ella por recomendación o por azar. No tiene rivales en su género y, a esta altura, parece difícil que alguien se anime a discutirle ese trono. Si todavía no la vieron, el mejor homenaje que le podemos hacer es prender el televisor y darle play. Se puede ver completa en la plataforma Max.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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