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A la vera de la ruta 7, el Camino Real revive entre asados, viñedos y carretas de antaño

A 84 kilómetros de Buenos Aires, un trazado pavimentado de 16 kilómetros rescata la huella de las postas coloniales y la resignifica con parrillas criollas, granjas, bodegas y propuestas de aventura en los partidos de Luján y Pilar.

Por Bruno YutronichTurismo y glaciares · 3 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Desde El Calafate hacia el norte del país, la imaginacion del viajero suele detenerse en glaciares y ventisqueros; sin embargo, a apenas 84 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, en el corazón pampeano, late un itinerario que guarda su propia antiguedad de hielo: la del tiempo colonial que aun se siente en el asfalto. Se trata del Camino Secundario Provincial 064-05, conocido como el Camino Real al Alto Perú, una franja pavimentada de 16 kilómetros que une la ruta 7 con Villa Ruiz y que, desde mediados del siglo XVII, ofició de arteria para las carretas que viajaban entre postas de descanso y aprovisionamiento hacia el norte andino.

El recorrido se inicia en el kilómetro 72 de la ruta 7, en el partido de Luján, muy cerca del desvío hacia Carlos Keen, y propone una jornada que se estira desde las diez de la mañana hasta la merienda. Lo que en otra época fueron paradas de postas hoy se transformó en una seguidilla de restaurantes de campo, granjas educativas, lodges con spa, cabañas, campings, puestos de productos regionales y espacios de aventura, configurando un corredor gastronómico y rural que combina la cocina criolla con propuestas recreativas para pasar el día entero fuera de la capital.

De la ruta al fogón: el primer tramo hacia Carlos Keen

Apenas se dobla a la derecha desde la ruta 7, los primeros establecimientos aparecen sobre la mano derecha: un lodge que ofrece spa y actividades de aventura y, dos kilómetros más adelante, una granja con laguna donde el menú del mediodía se sirve en pasos generosos. La mesa arranca con fiambres y empanadas, sigue con pastas caseras y un asado bien campestre, y se cierra con un postre que da pie a la sobremesa. Mientras tanto, los más chicos -y también los grandes- pueden sumarse a talleres de amasado de pan y a un contacto directo con los animales del establecimiento.

A medida que el camino avanza hacia Carlos Keen, el paisaje se llena de parrillas, casas de campo y comedores donde la cocina criolla se impone sin dudarlo. En uno de esos establecimientos, la cocina funciona desde hace generaciones y el menú incluye especialidades que se cocinan con recetas familiares que, según quienes lo atienden, superan el siglo de antiguedad. Más adelante, un comedor enclavado en un bosque se hace conocido por su picada, sus empanadas y sus carnes llevadas a las brasas con la parsimonia que exige el fuego a leña.

Pasando Carlos Keen, el camino suma vino, parques y un menú libre

Una vez atravesado el pueblo de Carlos Keen, el tramo hacia Villa Ruiz agrega nuevas texturas. Del lado de los viñedos, el visitante se encuentra con un establecimiento que ofrece catas y recorridas entre cepas de malbec, pinot, tannat, cabernet sauvignon y marcelan, acompañadas por un menú pensado para maridar cada varietal con platos de la huerta y la granja. Más adelante, un restaurante con parque despliega su propuesta de menú libre con aire de domingo familiar: búsqueda del tesoro, vóley, fútbol, juegos de mesa y un taller de pan para cerrar la jornada con las manos enharinadas.

  • La picada de campo y las empanadas del comedor del bosque, pasadas por el fuego a leña.
  • El menú de tres pasos de la granja con laguna, que arranca con fiambres y termina con el postre.
  • El lechón a la estaca, la bondiola con salsa de cerveza negra y las pastas caseras de la casona de 1897.
  • La copa de malbec o pinot tras la recorrida por las cepas, como cierre de la jornada.

Cerca del final del trazado, una casona de 1897 reconvertida en hotel de campo convive con comedores especializados en lechón a la estaca, bondiola con salsa de cerveza negra y pastas caseras. La parada, además, tiene espesor histórico: en las afueras del pueblo de Azcuénaga se conservan parte de las instalaciones de una estancia construida en 1755, donde en 1834 se firmó un documento político relevante del período rosista, en un ámbito por el que pasaron figuras centrales de las guerras civiles argentinas. La huella de aquellos tiempos, aunque silenciosa, se deja adivinar en los muros y en el camino.

Cómo llegar y cuándo conviene ir

Para llegar en auto desde Buenos Aires, la opción más directa es tomar el Acceso Oeste hasta Luján y empalmar luego con la ruta 7; en el kilómetro 72 se dobla a la derecha y, doce kilómetros después, aparece Carlos Keen. El camino continúa hasta Villa Ruiz completando los 16 kilómetros de la traza original. Lo ideal es dedicarle el día entero: salir temprano, almorzar a la sombra de los árboles, merendar en alguna de las casas de campo y regresar antes de que caiga el sol. En otoño y en primavera, cuando las temperaturas pampeanas se vuelven más amables y el campo se pinta de amarillos o de verdes intensos, el viaje se disfruta sin el rigor del calor del verano ni la crudeza del invierno. Conviene llevar abrigo liviano, calzado cómodo para caminar entre el pasto y, sobre todo, hambre: las mesas son largas y las porciones, a la altura de las carretas que alguna vez pasaron por aquí.

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Bruno YutronichTurismo y glaciares

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