A los 93, Ellen Burstyn camina, levanta peso y rompe el manual: qué se puede aprender de su rutina
La actriz estadounidense combina paseos diarios, gimnasio y un preparador físico desde hace décadas. Especialistas aclaran por qué caminar no alcanza y cómo adaptar el entrenamiento de fuerza cuando aparecen artritis, fracturas previas o problemas de equilibrio.
La pava empieza a silbar en la cocina de casa mientras mi vecina Marta, 58 años, se sirve el primer mate de la mañana y me pregunta qué se puede hacer a los 70, a los 80, para no terminar dependiendo de una silla de ruedas. Le cuento lo que viene investigando la prensa internacional sobre Ellen Burstyn, una actriz que a los 93 sigue caminando a su perro varias veces por semana, concurriendo al gimnasio y entrenando con un preparador físico, y que sin embargo arrastra dos fracturas de muñeca, usa una férula en una mano y convive con artritis. Su propia frase resume la filosofía que la sostiene: "Camino todos los días, hago ejercicio en el gimnasio y me cuido".
Acá en la cuenca, donde todavía hay vecinos que confunden el con el yoga y creen que con dar la vuelta a la manzana alcanza, la experiencia de Burstyn sirve para abrir un debate necesario: caminar está muy bien, pero no reemplaza de manera automática al trabajo de fuerza ni al de equilibrio, dos piezas que marcan la diferencia cuando uno se tiene que levantar de un banquito, subir una vereda o sostener una bolsa de supermercado sin doblarse como un junco.
Por qué caminar no alcanza y por qué la fuerza sí importa
Matthew Kampert, especialista en medicina deportiva y responsable del Programa de Medicina del Estilo de Vida de la Cleveland Clinic, lo explicó con una imagen muy concreta: fortalecer los glúteos mejora la estabilidad de todos los días y puede ayudar a que los adultos mayores sufran menos caídas. Esa es la frontera donde se juega buena parte de la autonomía después de los 60, cuando un tropezón en la cocina puede terminar en una cadera rota y en meses de rehabilitación.
“Fortalecer los glúteos favorece la estabilidad cotidiana y puede contribuir a que los adultos mayores sufran menos caídas.”Matthew Kampert, especialista en medicina deportiva (Cleveland Clinic)
El circuito breve que propone un entrenador
- Ponerse de pie desde una silla sin ayudarse con las manos.
- Elevar los talones parado, para trabajar tobillos y pantorrillas.
- Hacer remos con una banda elástica, fortaleciendo la espalda.
- Realizar flexiones inclinadas contra un apoyo elevado, estable y que no resbale.
- Frecuencia sugerida: tres veces por semana, en bloques de tres o cuatro minutos cada vez.
Los matices que la rutina de Burstyn deja a la vista
No se puede tomar lo que hace una actriz estadounidense de 93 años como una receta que cualquier vecino pueda copiar sin más. Las dos fracturas de muñeca, la férula y la artritis que ella misma reconoce son señales claras de que el cuerpo va poniendo límites y de que cualquier plan de entrenamiento necesita ajustes cuando hay lesiones previas, dolores que no se van, enfermedades crónicas o dificultades para mantener el equilibrio. Por eso, antes de calzarse las zapatillas o pedirle al hijo que compre bandas elásticas, conviene pasar por el consultorio: médico de cabecera, kinesiólogo o un profesional capacitado en ejercicio son los interlocutores habilitados para decir hasta dónde se puede llegar y de qué manera.
La ejecución, además, se adapta persona por persona. La altura del asiento, los apoyos, el recorrido del ejercicio y el peso con el que se trabaja pueden cambiar según las posibilidades de cada uno, y la técnica y la seguridad siempre tienen que ganarle a la rapidez o a la cantidad de repeticiones. Apurarse en una flexión o cargar más de lo debido a los 75 no es valentía, es un vuelto seguro en la guardia del hospital.
La vida entera como sostén del cuerpo
Burstyn empezó a cambiar sus costumbres cerca de los 40, mantiene una alimentación vegetariana y dejó hace tiempo el alcohol y el cigarrillo. Pero lo que más llama la atención es lo que hace afuera del gimnasio: sigue trabajando, lee, recibe visitas, va a conciertos. El movimiento ocupa un lugar dentro de una vida cotidiana habitada por vínculos, no como una meta aislada ni como una obligación pendiente. Cuando le devolví el mate a Marta y le conté todo esto, me miró por encima de los anteojos y me dijo que el lunes arrancaba con la banda elástica, aunque fuera tres minutos nada más. La actriz, en su cocina neoyorquina, seguro estaría de acuerdo.
