Acá en la cuenca, todos temos un cerebro entero: por qué sigue vivo el mito del cerebro izquierdo y el derecho
Una investigación con más de mil participantes y la lectura de la psicóloga Grace Tworek, de Cleveland Clinic, confirman que no existe la persona "de hemisferio izquierdo" ni "de hemisferio derecho". Las fortalezas individuales no dependen de qué mitad manda, sino de redes neuronales específicas que trabajan juntas.
A mí me pasó esto mismo el otro día, en la cocina de mi casa, mientras pelaba unas papas y mi vecina del tercer piso, Marta, de 58 años, me dijo convencidísima que su nieto "es de cerebro derecho porque dibuja increíble" y que el padre del chico, contador, "tiene el cerebro izquierdo y por eso es tan cuadriculado". Me quedé con el cuchillo en la mano y le dije que eso, tan lindo y tan instalado como está, no tiene base científica. Y acá en la cuenca, donde uno comparte mate, consejos y también algunas creencias, vale la pena repasarlo bien, porque son muchos los que repiten la idea como si fuera un dato de la escuela.
La confusión empieza con un dato verdadero: los dos hemisferios cerebrales no hacen exactamente lo mismo. El izquierdo interviene de manera destacada en el lenguaje y controla el movimiento del lado derecho del cuerpo. El derecho participa en el procesamiento visual y espacial y controla el lado izquierdo del cuerpo. Esa distribución existe y está comprobada. Lo que nunca se pudo probar es que esa diferencia, que es local y específica, alcance para dividir a los seres humanos en dos categorías de personalidad.
Un estudio con más de mil personas y una aclaración necesaria
Lo que aclara la psicóloga Grace Tworek
“Las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad. No existe un patrón consistente que diga que alguien es "de cerebro izquierdo" o "de cerebro derecho" por carácter, por vocación o por la forma en que resuelve problemas.”Grace Tworek, psicóloga de Cleveland Clinic
El estudio más contundente al respecto se publicó en PLOS ONE y revisó la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años. Los investigadores identificaron regiones con lateralización, como áreas vinculadas al lenguaje en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho. Ahora bien, lo decisivo es esto: no encontraron evidencia de que esas conexiones se agrupen en un patrón global que favorezca consistentemente a un hemisferio sobre el otro dentro de un mismo individuo. La especialización hemisférica es una propiedad local de ciertas redes neuronales, no un rasgo general que permita clasificarnos como personas racionales o creativas, como nos gusta decir en las sobremesas.
Por qué el mito es tan difícil de matar
Y acá viene lo que más nos interesa a nosotros, los que convivimos en la misma esquina, los que vamos al mismo almacén y mandamos los chicos al mismo colegio: una conversación normal requiere al mismo tiempo procesar palabras, interpretar el tono de voz, leer gestos y manejar el contexto emocional. Eso no lo hace un hemisferio, lo hacen los dos, en equipo, hablando permanentemente entre sí. Cuando el nieto de Marta dibuja, usa atención visual, planificación, memoria, lenguaje interno y motricidad fina, no sólo la "parte creativa" del lado derecho. Cuando su padre cierra el balance de una pyme, además de los números maneja hipótesis, anticipa escenarios y toma decisiones que también requieren intuición y lectura de personas.
Vuelvo entonces a mi cocina, a las papas y a Marta. Le dije que ninguno de los dos viene con un hemisferio vedette y otro de reparto, sino con un cerebro entero trabajando en red. Le dije también que su nieto va a poder ser tan contador como creativo si se lo propone, y que su hijo no tiene por qué resignar sensibilidad artística porque le gusten los balances. Quedamos en que la próxima vez que alguien le tire la frase del "cerebro izquierdo" o "derecho" en el almacén, va a responder con lo que dice Tworek y lo que mostró el estudio con mil participantes: que la definición de persona es mucho más amplia, más interesante y, sobre todo, mucho más nuestra que cualquier mito de internet.
