Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Aftas en la boca: por qué aparecen, cómo distinguirlas y cuándo conviene ir al médico

Pequeñas llagas que suelen irse solas, pero que a veces dejan pistas sobre algo más profundo. Una guía para entender los desencadenantes, los déficits nutricionales asociados y las señales de alerta que no conviene dejar pasar.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 37 d
Aftas en la boca: por qué aparecen, cómo distinguirlas y cuándo conviene ir al médico

Empiezo esta nota como tantas otras tardes, en la cocina de casa, preparando un mate mientras mi vecina Beatriz, 52 años, me cuenta que lleva dos semanas con una llaga en la encía que no se le va. Ella pensaba que era un roce de la dentadura postiza, pero el tiempo pasó y la molestia sigue. Su caso, que parece menor, abre la puerta a un tema que a muchos les parece trivial y que en realidad tiene más tela para cortar de la que imaginamos: las úlceras bucales, conocidas popularmente como aftas.

Acá en la cuenca, como en cualquier barrio de la Argentina, casi todos las tuvimos alguna vez: esas lesiones redondeadas con centro blanquecino, gris o amarillento y bordes enrojecidos que aparecen en la cara interna de las mejillas, debajo o sobre la lengua, en las encías, el interior de los labios o el paladar blando. Suelen avisar con ardor u hormigueo, y a diferencia del herpes labial, no salen en la parte de afuera de los labios ni se contagian. Esa diferencia es clave para entender de qué hablamos.

Cuando se resuelven solas y cuando no

La mayoría de las aftas son pequeñas, redondeadas y se curan en una o dos semanas sin tratamiento, dejando la mucosa sin marcas. Existe una variante mayor, menos frecuente, más profunda y dolorosa, cuya cicatrización puede extenderse hasta seis semanas. También hay una forma compuesta por múltiples ulceraciones diminutas que tienden a agruparse, que suele ser la más molesta de todas.

  • Traumatismos locales: morderse la mejilla, cepillado agresivo, roces con aparatos de ortodoncia o prótesis mal ajustadas, quemaduras por alimentos calientes.
  • Estrés, cansancio y cambios hormonales vinculados a la menstruación o el embarazo.
  • Déficits nutricionales de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D.
  • Enfermedades de base como celiaquía, enfermedad de Crohn, lupus, enfermedad de Behçet, artritis reactiva, infecciones virales, bacterianas o fúngicas y estados de inmunidad debilitada, incluido el VIH/sida.

Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health encontró que las personas con aftas recurrentes registraban con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina. Los autores aclararon que esa asociación no implica necesariamente una causa directa y que en algunos indicadores la evidencia disponible sigue siendo limitada. Es decir: tener aftas no significa automáticamente que falte una vitamina, pero conviene tenerlo en cuenta, sobre todo cuando se repiten.

Las señales de alerta que no conviene dejar pasar

Más allá de las molestias pasajeras, hay situaciones en las que la consulta médica no puede postergarse. Una llaga que persiste más de dos o tres semanas, lesiones que reaparecen con frecuencia, un tamaño inusualmente grande, dolor que dificulta comer o hablar, o la aparición simultánea de fiebre, pérdida de peso, manchas en la piel o dolor en articulaciones son motivos suficientes para pedir turno con un profesional. También merece atención si las aftas vienen acompañadas de síntomas digestivos, ya que pueden estar vinculadas a enfermedades como la celiaquía o el Crohn, que afectan mucho más que la boca.

Vuelvo entonces a Beatriz, mi vecina de toda la tarde. Cuando le conté todo esto, me miró con esa expresión de quien recién cae en la cuenta de algo obvio. Sacó turno para el odontólogo, pero también se propuso pedir un análisis de sangre para chequear hierro y vitamina B12. No es hipocondría, es prudencia: a veces, una llaga tan chica como una moneda de diez centavos puede ser la pista que el cuerpo nos da para mirar un poco más adentro. Y acá en la cuenca, como en cualquier otro rincón del país, esa atención temprana puede ahorrar muchos disgustos.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

Te puede interesar