Al Di Meola volvió a parir en La Trastienda y dejó dos horas de milagro acústico
El guitarrista estadounidense, de 72 años, repasó cinco décadas de carrera con un formato íntimo de flamenco y jazz que incluyó versiones de The Beatles, Piazzolla y Simon & Garfunkel. La noche tuvo ajustes de sonido, tensión que se aflojó en algunos tramos y un final a todo trapo con palmas del público.
Volver a nacer es una frase que se dice liviana, casi como un suspiro, hasta que le toca a un tipo que hace dos años se quedó tirado en un escenario de Bucarest con el corazón haciendo cosas que no debía. Al Di Meola, el guitarrista estadounidense que el viernes a la noche llenó La Trastienda en su regreso a Buenos Aires, lo sabe mejor que nadie, y por eso se paró delante del público argentino y largó esa confesión a boca de jarro: Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer. Lo dijo en un castellano con la misma cadencia lenta y paciente de quien pisa un escenario con la cautela de un sobreviviente, y la sala, que venía aguantando la respiración desde que las luces se apagaron, le respondió con un aplauso que parecía un abrazo.
Pero antes de la música hubo que cruzar la puerta de La Trastienda, ese galpón cálido de la calle Balcarce que siempre parece más chico de lo que es, con las paredes de ladrillo a la vista y esa acústica que se arma entre la gente apretada y el escenario bajo, casi a la altura de las manos del que se acerque. La noche de Buenos Aires tenía esa humedad pegajosa de noviembre que no afloja ni después de la medianoche, y adentro el calor se sumaba al de las guitarras, que iban a entrar en ebullición durante las dos horas y diez minutos que duró el show, casi sin pausas, casi sin respiro.
Mediterranean Sundance, un pacto entre dos mundos
Sobre el escenario, el formato era austero y a la vez lujoso: tres músicos, nada más. Al Di Meola, de 72 años y con el pelo blanco peinado hacia atrás, en el centro; a su derecha, el guitarrista español Isaac Romagosa, que se mueve con la prosapia del flamenco heredado y no aprendido; y bien adelante, el percusionista Sergio Martínez, también español, con su cajón como único utensilio, convertido en el ancla rítmica de toda la velada. La imagen era la de una mesa de tres donde se servía jazz, flamenco y algo más que no tiene nombre pero que suena a Mediterráneo cuando entra en contacto con el Río de la Plata.
El carácter del show fue acústico, con algunas distorsiones puntuales que aparecían como relámpagos en medio de la conversación de las guitarras, y esa decisión definió el clima de la noche: íntimo, concentrado, como una charla larga entre amigos que se conocen desde hace décadas. Martínez sostenía los fandangos y las soleás con una mano de hierro dentro de un guante de terciopelo, Romagosa contestaba las frases de Di Meola con una paleta que iba del susurro al grito, y el jefe de la troupe se dedicaba a hacer lo que mejor sabe: cruzar fronteras sin pedir permiso, meter un acorde de Chick Corea al lado de un compás afrolatino y salir ileso.
In My Life, una calle que se llama memoria
- La época con Return to Forever, el supergrupo que compartió con Chick Corea, tuvo su lugar en el repertorio con guiños que los fans más avezados celebraron en silencio.
- Aparecieron versiones de The Beatles, entre ellas In My Life, tocada con la solemnidad que merece una canción que habla del paso del tiempo.
- Hubo pasajes de Astor Piazzolla, con Café 1930 como momento de recogimiento casi religioso, y un cover de The Sound of Silence de Simon y Garfunkel que estiró su sombra hasta hacerla sonar porteña.
- También sonó Ava's Dance in the Moonlight, una pieza que Di Meola dedicó a su hija, y temas propios como Misterio, Infinite Desire y Eden, que funcionan como pequeños retratos de un músico que lleva cinco décadas contando la misma historia con distintos acentos.
“Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer”Al Di Meola, en castellano, sobre el escenario de La Trastienda
El programa fue un viaje a varias manos por la carrera de Di Meola, y eso incluyó momentos donde la nave hizo agua: en un tramo, el guitarrista llamó a su ingeniero de sonido al escenario porque el audio estaba haciendo de las suyas, y algunas improvisaciones se extendieron más allá de la tensión que podían sostener, como esos solos de jazz que en el estudio quedan eternos y en vivo se vuelven charcos. Pero son asperezas que forman parte del género, y no opacaron el conjunto de una noche pensada para que el oyente se dejara llevar más que para exigir precisión de reloero.
El cierre fue a palmas y con teléfonos en alto
Hacia el final, Di Meola invitó al público a arrimarse al escenario, y La Trastienda entera respondió como un solo cuerpo, con gente que se paró de las sillas y se acercó al borde con los celulares en alto para registrar el cierre. Mediterranean Sundance, esa pieza emblemática que el guitarrista construyó junto a Paco de Lucía cuando los dos eran jóvenes y el mundo del flamenco y el jazz todavía se miraban con recelo, sonó como un pacto cumplido: palmas del público, rasgueos que se respondían entre las dos guitarras, y Martínez clavando el cajón con la autoridad de un director de orquesta. Fue el broche de oro de una noche donde un señor de 72 años demostró que volver a nacer no es una frase hecha, sino un trabajo de todos los días.
La cita, para quien quiera anotarse: Al Di Meola se presenta este sábado 15 de noviembre a las 21 en La Trastienda, Balcarce 460, en el barrio de San Telmo. Las entradas estaban a la venta por la web del venue y, según lo que se vio en la sala el viernes, conviene apurarse porque la segunda fecha también viene cargado de expectación. Cinco décadas de música en un galpón del centro porteño: a veces la vida te da revancha y lo mínimo que uno puede hacer es ocuparla.
