Algo se mueve en el socavón del consumo: Argentina se abarata en dólares, pero la ropa y los restaurantes siguen mandando al frente
El tipo de cambio le ganó a la inflación en julio y los precios en moneda extranjera cayeron 0,3 por ciento. Por segundo mes consecutivo, el país quedó debajo del promedio regional, aunque los rubros más sensibles al bolsillo de los trabajadores siguen siendo los más caros de América Latina. El combo empieza a frenarse en agosto.
Lo que pasa abajo, en la profundidad del bolsillo de la gente, no siempre coincide con lo que se anuncia desde la oficina de algún gerente del BCRA con cargo completo ni con la última promesa incumplida con fecha del Ministerio de Economía. Esta vez, sin embargo, hay un número que se mueve en el socavón: en julio de 2026, el tipo de cambio oficial subió 2,4 por ciento y la inflación marcó 2,1, y esa diferencia mínima alcanzó para que los precios argentinos medidos en dólares bajaran 0,3 por ciento.
Es el segundo mes consecutivo en el que el país se abarata en moneda extranjera, según el índice mensual de precios relativos que elabora Fundar a partir del Price Level Index (PLI) del Banco Mundial. En la comparación con América Latina, Argentina quedó 0,9 por ciento por debajo del promedio regional al tipo de cambio oficial y 1,7 por ciento más barata que la media latinoamericana en términos generales.
Quién quedó arriba y quién quedó abajo
En el ranking regional, Argentina salió más económica que Uruguay, Costa Rica y México, pero más cara que Brasil, Colombia, Honduras y Ecuador. Por primera vez desde abril del año pasado, también terminó levemente por encima de Chile, que se abarató casi 3 por ciento en julio por la depreciación de su moneda.
- Indumentaria: 37 por ciento más cara que el promedio regional
- Restaurantes: 53 por ciento más caros que la media latinoamericana
- Comunicaciones: 21 por ciento arriba
- Recreación: 39 por ciento por encima del promedio
- Equipamiento del hogar: 7 por ciento más caro
- Transporte: 2 por ciento arriba
La foto completa muestra que, de las once categorías que releva el índice, los precios locales siguen por encima del promedio latinoamericano en seis rubros, con la indumentaria y los gastronomía como reincidentes crónicos del ranking. Del lado opuesto, los alimentos están 10 por ciento por debajo de la media regional, y también resultan más baratos la vivienda y servicios, la educación, el alcohol y tabaco y la salud.
Dentro del movimiento de julio, la mayor baja en dólares se registró en indumentaria, con una caída del 4,1 por ciento. Detrás se ubicaron alcohol y tabaco, vivienda y servicios y equipamiento del hogar. Diez de los once rubros cayeron; la excepción fue recreación, que subió 1,3 por ciento. En una mirada más larga, la indumentaria acumula desde fines de 2023 una baja relativa del 41,2 por ciento y los restaurantes del 26,5 por ciento, aunque ambos mantienen el podio de los más caros de la región. En el otro extremo, las comunicaciones treparon 50,4 por ciento frente al promedio latino.
La pausa de agosto
El propio informe de Fundar advierte que el proceso de abaratamiento se está frenando: en agosto, la inflación de 1,7 por ciento superó el avance del tipo de cambio, que fue de apenas 1,0 por ciento. Esa diferencia implicó un encarecimiento de 0,7 por ciento en moneda extranjera, lo que sugiere que la ventana de alivio en dólares podría empezar a cerrarse si la dinámica del mercado cambiario no acompaña a la que vienen mostrando los datos de precios.
Como lector de esta columna desde hace años, lo que me llevo de este número es el lugar incómodo en el que se ubica hoy el país: más barato que el promedio en alimentos, vivienda y salud, pero todavía pagando sobreprecios siderales en la ropa que se ponen los mineros y en el plato que se sirven después del turno. Es un combo que muestra que la macro puede corregir, pero que en el socavón de la vida diaria todavía falta mucho para que el alivio llegue a la cocina, al placard y al mostrador del restaurante del pueblo. Al Gobierno le digo lo que vengo diciendo: no alcanza con que el tipo de cambio le gane a la inflación un mes. Hace falta que esa diferencia se sostenga para que, de una vez, la ropa y el asado dejen de ser los más caros de la región.
