Bakú, hielo y plata: Colapinto se planta en Q3 y ahora quiere morder puntos
El argentino cerró la clasificación décimo, hereda el noveno lugar por la sanción a Sainz y este domingo va por algo más que un diploma: el Alpine lo dejó a pie en los frenos y la batería.
Otra vez el viento barriendo la costanera, otra vez Baku y la sensación de que sopla algo raro. Pero esta vez la noticia es buena: Franco Colapinto metió al Alpine en Q3, cerró la clasificación décimo y largará noveno este domingo, a las 8 de la mañana de la Argentina, gracias a los seis puestos de castigo que le cayeron a Carlos Sainz por hacer la vista gorda con las banderas amarillas. Poco premio para un Williams que terminó expectante y mucho premio para el piloto de Pilar, que venía masticando bronca desde los entrenamientos.
El auto, como diría mi vieja, estaba hecho un ocho. Frenos que se cocinaban, batería que se quedaba sin jugo en el momento clave y un piloto que aún así se las arregló para meter la cabeza en la última tanda. Los problemas, según contó el propio Franco, venían desde el jueves y no hubo forma de apagarlos: intentaba frenar con ganas y la rueda se le iba de viaje, la goma se sobrecalentaba y el resto de la curva la hacía pidiéndole permiso al asfalto.
Las trampas del circuito
- Frenos que bloqueaban y derretían los neumáticos antes de tiempo.
- Pérdida de potencia de la batería en el peor momento de la vuelta.
- Falta de succión en las rectas, que le costó entre cuatro y cinco décimas.
- Un sector del castillo donde se la jugó a fondo y recuperó lo perdido.
Ahí, en el castillo, el pibe se mandó con todo. Tiró el auto contra el muro de contención mental que arman los pilotos en Baku y metió la vuelta que lo depositó en Q3, después de haberle tirado el carro a Pierre Gasly, que terminó séptimo. El francés le devolvió la gentileza con un trompo a la salida de boxes que casi le arruina la maniobra, pero Colapinto igual sacó el registro y se quedó. Bien ahí.
Después el entusiasmo bajó: en la tanda final el Alpine no respondió igual y Franco terminó con la décima marca. Pulgares para arriba en el objetivo, pero la mano se cierra cuando uno mira el reloj y ve que había potencial para más. Ahora, con la grilla acomodada, viene la parte que a él más le gusta: correr con la calculadora rota y el corazón entero.
Lo que viene
Cincuenta y una vueltas en un circuito donde las alternativas estratégicas valen oro y los abandonos ajenos son medio podio. Colapinto avisó que quiere hablar con su ingeniero Stuart Barlow para revisar datos y, eventualmente, jugarse a una estrategia distinta. No suena a promesa, suena a necesidad: con este auto, si querés sumar, tenés que inventar algo.
Veremos. La nieve de Baku es invisible, pero muerde. Y el pibe, por ahora, la viene esquivando con dignidad.
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