Bill Gates le pide a la sociedad que se siente a la mesa antes de que la inteligencia artificial termine sirviendo el menú
El cofundador de Microsoft publicó un memorándum donde reconoce que el avance de los modelos ya superó lo que la mayoría esperaba y advierte que, sin debate amplio, los daños pueden ser mayores que los beneficios. Postula abrir la conversación a cientistas sociales, expertos en políticas públicas y organismos estatales, y no dejarla únicamente en manos del sector tecnológico.
Hay una canción de Litto Nebbia que dice más o menos que cuando el río suena es porque agua trae, y la advertencia que Bill Gates acaba de poner sobre la mesa con su último memorándum suena bastante fuerte. El cofundador de Microsoft, acostumbrado a mirar el futuro con la tranquilidad del que sabe que su ventana al mundo es enorme, esta vez se sentó frente al teclado y escribió algo distinto: una suerte de mea culpa tecnológica, un pedido de cautela y, sobre todo, una convocatoria a que la sociedad en su conjunto, y no solamente los ingenieros de Silicon Valley, se anime a discutir qué hacer con la inteligencia artificial antes de que sea demasiado tarde para discutir nada.
El texto, que el propio Gates acompañó con un video en sus redes, parte de una observación que a estas alturas ya es casi un secreto a voces en cualquier café porteño donde se hable de tecnología: la velocidad con la que los modelos de IA están avanzando dejó muy atrás lo que la mayoría de la gente, incluso gente muy ducha, había imaginado. Esa distancia entre el ritmo del desarrollo y la conversación pública es, según Gates, el riesgo más concreto y más urgente que tenemos por delante.
Mucho más que un problema de programadores
Lo que el empresario plantea es que el debate sobre cómo controlar esta tecnología no puede quedar reducido a las empresas que la fabrican ni a los especialistas en informática. A su entender, el asunto es demasiado grande y toca demasiadas costuras como para que lo cocinen en una cocina chica. Por eso reclama que se sienten a la mesa cientistas de otras disciplinas, expertas y expertos en políticas públicas, organismos estatales y organizaciones sociales, con la idea de identificar los problemas antes de que se vuelvan difíciles de revertir.
“Me sorprende la falta de participación fuera de la industria en cuanto a los problemas que se plantearán y cómo evitar o minimizar los posibles efectos negativos de la IA.”Bill Gates
Gates, hay que decirlo, reconoce que esta postura marca un cambio respecto de su optimismo habitual con la tecnología, ese optimismo de muchachos que fundó una empresa en un garaje y terminó cambiándole la vida a millones. En esta ocasión, y acá viene lo que a mí me parece lo más interesante de todo el documento, admite sin vueltas que existe la posibilidad real de que los efectos negativos sean mayores que los positivos si no se establecen mecanismos de control adecuados. Y, con una honestidad que no es tan frecuente en figuras de su calibre, reconoce que no tiene todas las respuestas y que algunos de los desafíos requerirán colaboración global entre personas con conocimientos muy distintos.
- Que el debate no quede limitado a empresas tecnológicas y especialistas en informática, sino que se abra a cientistas sociales, expertas y expertos en políticas públicas, organismos estatales y organizaciones de la sociedad civil.
- Que se identifiquen los riesgos antes de que se vuelvan difíciles de revertir, sin que eso implique frenar la innovación.
- Que se reconozca que la velocidad del avance de los modelos de IA superó las expectativas de buena parte del público y de los propios especialistas.
- Que se mantenga una mirada positiva sobre el potencial de la IA para resolver problemas globales, como herramientas para agricultores afectados por el cambio climático o el avance de soluciones contra enfermedades como la malaria.
- Que se acepte que ninguno de los actores tiene todas las respuestas y que la salida razonable pasa por una colaboración amplia y sostenida en el tiempo.
Ahora bien, no quiero que se entienda esto como una película de catástrofe ni como el sermón de un tecnólogo arrepentido. Gates no se subió al caballo del apocalipsis ni salió a pedir que se apaguen los servidores. Todo lo contrario. Siguió defendiendo con entusiasmo que la inteligencia artificial puede ser una herramienta enorme para ayudar a agricultores golpeados por el cambio climático o para acelerar descubrimientos científicos en salud, incluyendo soluciones contra la malaria, esa enfermedad que sigue matando gente en muchísimos lugares del mundo. La diferencia es que, esta vez, al entusiasmo le sumó una advertencia: sin reglas claras y sin participación amplia, el costo puede ser altísimo.
A mí, que llevo años mirando cómo se discute el futuro desde estas páginas, lo de Gates me resonó como esas letras de Spinetta que parecen inocentes y después te dejan pensando un rato largo. No se trata de tenerle miedo a la inteligencia artificial, sino de entender que una herramienta tan poderosa no puede quedar en manos de un solo club de aficionados, por más brillantes que sean. La tecnología, como decía mi vieja, es buena sirviente pero mala señora, y la única manera de que no se nos suba a la cabeza es justamente esta: abrir el juego, escuchar a quien sabe de lo suyo y construir, entre todos, las reglas que hoy todavía no tenemos.
Dónde y cuándo se puede leer
El memorándum completo de Bill Gates está disponible en su blog personal y fue difundido junto con un video explicativo en sus cuentas oficiales en redes sociales, donde amplió los puntos centrales del texto y respondió consultas de la audiencia.
Te puede interesar
