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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Chequeos que salvan: por qué ir al médico sin sentir nada raro puede cambiarlo todo

Sentirse bien no es un certificado de salud. Lo que se mide en un control de rutina puede anticipar lo que todavía no dio señales.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 1 h
Chequeos que salvan: por qué ir al médico sin sentir nada raro puede cambiarlo todo

Acá en la cuenca, una mañana de esas en que uno se cruza con la vecina del tercer piso y se cruza también con la evidencia, la señora Hilda Pereyra, 48 años, me dice mientras revuelve el café que hace años no pisa un consultorio porque no le duele nada. Le pregunto si se midió la presión alguna vez y me mira como si le hubiera hablado en otro idioma. Esa escena, que se repite en cualquier cocina de barrio, es el punto de partida de esta nota: la idea de que sentirse sin molestias equivale a estar sano es una de las confusiones más comunes que vemos los que andamos detrás del tema, y los controles médicos preventivos existen justamente para desarmarla.

Lo que no se siente, igual se puede medir

La hipertensión arterial y varios valores alterados en sangre pueden instalarse sin dar señales durante años, y cuando aparecen las molestias muchas veces el cuadro ya está avanzado. Un chequeo de rutina registra peso, talla, presión arterial, frecuencia cardíaca y función respiratoria, además de pasar revista por ojos, oídos, piel y mucosas, y a partir de ahí se decide qué estudios corresponden según la edad, el sexo y el historial clínico de cada paciente. Lo que se analiza en laboratorio no es un trámite: glucemia, colesterol, función renal y hepática, marcadores inflamatorios y presencia de anemia son piezas clave para anticipar diabetes, riesgo cardiovascular y otros problemas que suelen avanzar en silencio.

“Los cuidados preventivos contemplan el historial médico, los antecedentes familiares y el estado presente de salud para definir un plan individual.”Michelle Spencer, enfermera especializada certificada de la Universidad de Utah

Eso quiere decir que si en la familia directa hubo enfermedades cardíacas, diabetes o ciertos tipos de cáncer, los controles suelen empezar antes y repetirse con más frecuencia. La consulta clínica individual es la que marca el pulso de las indicaciones.

Cada etapa de la vida pide su propio ritmo

La frecuencia cambia con los años y, sobre todo, con los antecedentes. Para no perderse en el calendario, va esta guía básica que nosotros solemos repasar con los lectores:

  • Entre los 20 y los 30 años, una persona sana sin antecedentes puede requerir un chequeo cada uno a tres años.
  • A partir de los 40, las recomendaciones suelen inclinarse hacia controles anuales.
  • Desde los 45 hasta los 75 años se recomienda incorporar la detección de cáncer colorrectal; la colonoscopia cada diez años es una de las alternativas habituales, aunque los antecedentes familiares pueden adelantar el inicio.
  • Entre los 50 y los 59 los controles anuales son una práctica frecuente, con ajustes según el estado de salud.
  • Durante el embarazo, las consultas prenatales regulares permiten detectar complicaciones como preeclampsia, diabetes gestacional o problemas de crecimiento fetal.
  • Ante enfermedades crónicas, el esquema se intensifica y se personaliza según la patología.

Antes de cerrar, vuelvo a la cocina del principio y a Hilda, que mientras terminaba su café me prometió sacar turno para medirse la presión. Esa es la noticia que importa, más allá de los papeles: que un simple control, hecho a tiempo, puede anticipar lo que todavía no se siente y evitar un disgusto enorme después. Acá en la cuenca y en cualquier barrio del país, la prevención empieza por algo tan sencillo como pedir un turno.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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