Cielos nocturnos de cuatro provincias: la ruta que Santile trazó con la cámara y las estrellas
El astrofotógrafo sanjuanino repasa sus escenarios preferidos en San Juan, Salta, La Rioja, Mendoza, Córdoba y Jujuy, y comparte qué tener en cuenta antes de salir a fotografiar o simplemente mirar el cielo.
A unos 1.850 kilómetros de El Calafate, si uno traza la línea hacia el norte del país, termina aterrizando en los paisajes que Gonzalo Santile eligió como escenario de su trabajo de una década. El Valle de la Luna sanjuanino, con sus formas talladas por el viento que el hielo del pasado geológico alguna vez modeló de otro modo, y Cafayate, con sus quebradas de tonos rojizos, encabezan la lista de destinos que este astrofotógrafo registró bajo las estrellas. A ellos se suman Talampaya y otros rincones riojanos, el Cordón del Plata mendocino, las Altas Cumbres cordobesas y las Salinas Grandes jujeñas: un recorrido que cruza seis provincias y que, mirado en conjunto, deja una postal inesperada del cielo argentino.
Lo que distingue a estas salidas no es solamente el momento del día en que se realizan, sino la preparación previa. Santile lo explica con una costumbre que se repite en cada viaje: antes de llevar la cámara al terreno, recorre el lugar con luz natural. Identifica los senderos, evalúa por dónde puede moverse y decide la posición del equipo. Esa recorrida diurna funciona como una suerte de cartografía personal sobre la que después se apoya la sesión nocturna.
Permisos, guías y la regla de no ir solo
En cualquier área protegida, el acceso es el primer punto a resolver. "En parques nacionales o provinciales hay que solicitar los permisos correspondientes y no se puede ingresar solo de noche; siempre voy acompañado por un guía o guardaparques", resume el fotógrafo sobre una práctica que, en su experiencia, no admite excepciones. La compañía no es un trámite burocrático: en escenarios como las Salinas Grandes jujeñas, perderse es un riesgo concreto. Durante una visita al salar, Santile y un artesano local que lo acompañaba se desorientaron al regresar y terminaron encontrando una salida cerca del punto por el que habían ingresado.
La comunicación también puede fallar. En otra excursión, la batería del teléfono se agotó y dejó al fotógrafo incomunicado; su familia inició una búsqueda hasta que pudo restablecer contacto. Son situaciones que aparecen poco en las postales pero que pesan a la hora de planificar.
Viento, nubes y la paciencia que pide el cielo
La meteorología es, quizás, la variable más caprichosa. Santile consulta los pronósticos antes de cada viaje, aunque asume que eso no alcanza: las ráfagas y la nubosidad pueden arruinar una sesión incluso después de haber recorrido cientos de kilómetros. En el norte cordobés, una tormenta lo obligó a esperar varias horas antes de poder capturar estrellas reflejadas en el agua que había quedado acumulada sobre las salinas. La recomendación, en estos casos, es construir márgenes de tiempo que contemplen la posibilidad de quedarse sin tomas.
Lo que ve la cámara y lo que ven los ojos
Vale la pena distinguir entre mirar el cielo y fotografiarlo. Las imágenes de Santile, con sus colores profundos y detalles que parecen improbables a simple vista, son el resultado de exposiciones que se prolongan varios minutos; algunas panorámicas, incluso, se arman con capturas realizadas a lo largo de varias noches. La cámara acumula información que el ojo humano no llega a procesar del mismo modo, y esa diferencia explica buena parte del asombro que generan sus fotos. Pero también obliga a moderar expectativas: quien salga a observar sin equipo debe saber que lo que verá será una versión más modesta, aunque igualmente potente, de aquello que registra el sensor.
- Recorrer el lugar de día para reconocer caminos y posibles puntos de cámara.
- Gestionar los permisos en parques nacionales o provinciales antes de la salida.
- Ir siempre acompañado por un guía o guardaparque en áreas protegidas.
- Llevar teléfono cargado y, si es posible, una linterna y reserva de batería.
- Consultar el pronóstico de viento y nubosidad, y dejar margen para reprogramar.
- Distinguir entre la observación a simple vista y el resultado de una exposición prolongada.
En conjunto, la experiencia de Santile apunta a una idea que recorre toda su trayectoria: las extensiones con escasa luz artificial tienen un potencial enorme para desarrollar el astroturismo en el país, y eso vale tanto para quien quiere llevar una cámara réflex como para quien simplemente se sienta en una reposera a mirar hacia arriba. Después del atardecer, el paisaje argentino cambia de registro y deja ver una cara que los horarios habituales no suelen mostrar. La mejor temporada para estas salidas en el centro y norte del país suele coincidir con el invierno y el inicio de la primavera, cuando las noches son más largas y el cielo tiende a estar más estable, aunque en zonas como Cafayate o las Salinas Grandes conviene llevar abrigo grueso: el viento Zonda y las ráfagas propias de la altura bajan la sensación térmica de manera considerable incluso en meses templados. Quien se anime a intentarlo debe hacerlo con la misma paciencia con la que Santile espera el momento justo: a veces la foto sale a la primera; otras, como él mismo reconoce, la espera se prolonga hasta que el cielo decide cooperar.
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