Cinco esquinas del mundo donde se vive más, y lo que nosotros podemos aprender de ellas
Un cardiólogo recorrió Loma Linda, Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa para encontrar qué tienen en común las comunidades más longevas del planeta. La respuesta, según explicó, está mucho más en lo que cada uno hace cada día que en la herencia genética.
Me acuerdo de la mañana en que una vecina, María, de 58 años, me dijo desde la puerta de su casa que ya no sabía si le conveníajubilarse o seguir yendo a caminar al parque todas las mañanas. Esa duda, acá en la cuenca y en cualquier barrio de Argentina, es exactamente el tipo de pregunta que hoy parece definir cuántos años de vida buena nos quedan por delante. Porque de eso se trata el hallazgo que difundió el cardiólogo Jorge Tartaglione: la edad no es solo una cuestión de genes, sino de decisiones cotidianas que cada uno toma desde los 55 o 56 años en adelante.
Para llegar a esa conclusión, el profesional salió a recorrer cinco zonas del planeta conocidas por la cantidad de vecinos que superan los 80, 90 y hasta 100 años. La genética, explicó, apenas explica un 25 por ciento de la longevidad. El 75 por ciento restante, insistió, lo definimos nosotros con lo que hacemos cada día. "Definimos nosotros el 75%", resumió Tartaglione, y la frase funciona casi como una sentencia: no hay destino biológico escrito en piedra si las costumbres acompañan.
Las cinco comunidades y sus secretos
- Loma Linda, California: una comunidad mayoritariamente religiosa en la que la fe marcaría una diferencia de hasta diez años en la expectativa de vida frente a la media.
- Costa Rica: consumo habitual de frutas tropicales y un ritmo de vida tranquilo que lleva a muchos habitantes a cruzar los 80 años con holgura.
- Icaria, Grecia: la geografía hace el trabajo, porque la isla tiene subidas y bajadas pronunciadas y obliga a caminar de manera constante a lo largo del día.
- Cerdeña, Italia: una dieta basada en lo que la tierra produce de forma natural, sin ultraprocesados ni conservantes.
- Okinawa, Japón: la existencia se ordena alrededor de un propósito diario, por pequeño que sea, que estructura el día desde el momento de levantarse.
“Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre.”Jorge Tartaglione, cardiólogo
Esa definición del médico sobre la comida de Cerdeña apunta, en realidad, al corazón del asunto: alimentos frescos, sin aditivos, nacidos del campo y no de la fábrica. Pero Tartaglione fue más lejos cuando describió Okinawa, porque aclaró que el propósito diario no requiere grandes hazañas. "No significa que tenés que hacer algo enorme. Sino tomarte un mate con una amiga, salir a caminar, salir a pasar el perro, pero todos los días se levantan con una visión, se levantan con ganas de hacer algo", describió, y mencionó habitantes de 90 años que se levantan a bailar, cantar o tocar música como si el reloj no pasara por ellos.
El patrón que cruza a las cinco comunidades es bastante sencillo de enumerar, aunque no siempre de aplicar: movimiento cotidiano, alimentación poco procesada, vínculos sociales activos y alguna motivación que organice la jornada. Ninguno de esos hábitos exige recursos extraordinarios ni condiciones excepcionales, y esa es, perhaps, la parte más interesante del recorrido. Volviendo a María, la vecina del principio, la conversación terminó con una conclusión práctica: mañana, antes que nada, sale a caminar. Y a la tarde, en lugar de mirar el teléfono, llama a una amiga. Dos decisiones, de ese tipo que parecen menores, son justo las que, según lo que contó Tartaglione, pueden sumar entre 20 y 25 años más de vida sin enfermedad para alguien de 55. Acá en la cuenca, y en cualquier rincón del país, el cálculo parece estar al alcance de la mano.
