Cleveland va por el salto que la temporada pasada le negó: ahora con Watson en el freezer y las manos llenas
Los Cavaliers cierran el plantel con Mitchell y Harden renovados y un alero que sabe anotar: la apuesta es clara, continuidad con una pieza nueva que puede cambiar la conversación.
Dicen que en Cleveland hay dos estaciones, el invierno y el maldito invierno. Pero esta vez la nieve llega con la planilla completa: los Cavaliers arrancan la temporada NBA con la base del año pasado y un refuerzo que promete, sobre el papel, tapar el agujero que les quedó a mitad de la serie contra New York.
Lo que se hereda, lo que se renueva
El cierre de la 2025-26 dejó 52 victorias, 30 derrotas y un cuarto puesto en el Este que nadie les regaló. Fue la primera vez, en la era post-LeBron, que Cleveland volvió a las finales de conferencia. La franquicia respondió como responden los equipos que se toman en serio: Donovan Mitchell firmó por cuatro años, James Harden por tres, y el juego interior sigue en pie con Evan Mobley y Jarrett Allen haciendo de Mobley y Allen, que es lo mejor que saben hacer.
La dupla Mitchell-Harden es a la vez la gran promesa y la gran duda. Spida es el anotador de referencia, el que aparece en los momentos calientes, el que se carga el equipo al hombro cuando el entrenador deja de tener plan. Harden, en cambio, es el director de orquesta, el que te dice pará, dejame ordenar, yo te la pongo en la bandeja. El problema es que los dos quieren la pelota en el último segundo, y cuando eso ocurre, la defensa propia se cae como torre de naipes en una mesa coja.
Watson, la pieza que faltaba
Ahí entra Peyton Watson, el alero que llega desde Denver con una mochila que ya viene cargada. La temporada pasada promedió 14,6 puntos, 4,9 rebotes y 2,1 asistencias. Pero lo jugoso está cuando le dieron la titularidad: ahí se transformó. Como titular, registró 17,3 puntos, 49,9 por ciento en tiros de campo y 43 por ciento en triples. Son números de alguien que entiende la diferencia entre calentar la banca y calentar el aro ajeno.
Watson es largo, rápido y tiene esa virtud que en el básquet moderno cotiza como departamento en Puerto Madero: anotar de tres sin perder de vista al rival. Puede aprovechar los espacios que generan Mitchell y Harden en las penetraciones, y del otro lado acepta el trabajo sucio de marcar al alero contrario, el que normalmente te destroza el esquema.
- Mitchell renovó por cuatro temporadas y sigue siendo el termómetro ofensivo del equipo.
- Harden extendió su vínculo por tres años y mantiene el rol de organizador del juego.
- Mobley y Allen sostienen la pintura, una de las mejores duplas internas de la liga.
- Watson arriba desde Denver, con números sólidos como titular y capacidad de marcar en ambos extremos.
- El resto del plantel llega desde el primer día, algo que el año pasado fue una utopía.
El Este no espera. New York viene de campeón, Philadelphia se armó para subir un escalón y otros equipos se frotan las manos pensando en colarse. Cleveland tiene algo que el año pasado le faltó: empezar la pretemporada con todos los titulares adentro de la cancha, sin novelas, sin esperas, con la base construida y la pregunta todavía abierta.
Yo lo miro desde la tribuna, con el café en la mano y la bufanda que mi vieja me tejió, y me queda una sensación que es puro vértigo. Es como armar un asado con los mismos amigos del año pasado, más uno nuevo que la rompe en los asados ajenos, y sentarse a ver si esta vez el fuego se prende más rápido. Veremos.
