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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Colombia, a más de seis mil kilómetros de El Calafate: el Caribe, la montaña y la historia que conquistan al turista argentino

Más de 134.000 visitantes de nuestro país llegaron al país cafetero en 2025, con un salto interanual del 22 %. Una recorrida por San Andrés, Santa Marta, el Eje Cafetero, Bogotá y Cartagena, con el pulso que dejó la FIT y los datos que presentó ProColombia.

Por Bruno YutronichTurismo y glaciares · · hace 12 d
Colombia, a más de seis mil kilómetros de El Calafate: el Caribe, la montaña y la historia que conquistan al turista argentino

A casi seis mil quinientos kilómetros hacia el norte de El Calafate, cruzando buena parte del continente sudamericano, aparece un destino que en los últimos dos años cambió de escala para los viajeros argentinos: Colombia. Las cifras que presentó ProColombia en la última Feria Internacional de Turismo son elocuentes. En 2025 ingresaron al país más de 134.000 turistas de origen argentino, lo que representa un aumento interanual del 22 por ciento, y entre enero y julio de 2026 ya se contabilizaban 85.930 llegadas más. El grueso de esos visitantes, el 70,7 por ciento, dijo haber viajado por ocio, descanso y vacaciones. No es un dato menor: confirma que Colombia dejó de ser una escala curiosa para convertirse en un destino con identidad propia dentro del calendario de los argentinos.

Cinco puertas de entrada, cinco climas distintos

La primera lectura que dejó la presentación de Luis Fernando Fuentes Ibarra, representante de ProColombia, fue que Bogotá, Cartagena, Medellín y San Andrés ya están consolidados como los productos estrellas para el público de nuestro país, mientras que Santa Marta gana presencia a paso firme. La variedad de climas es, en buena medida, la razón de esa diversidad. Colombia permite pasar de la sabana andina a la selva tropical y del calor húmedo del Caribe al frescor de las zonas cafeteras en cuestión de horas, algo que no todos los países sudamericanos pueden ofrecer en un mismo itinerario. En San Andrés, las temperaturas rondan los 27 grados durante todo el año, con aguas cálidas y visibilidad para el buceo, mientras que en el Eje Cafetero, a unos 1.800 metros de altura, el promedio baja hasta los 18 grados y la humedad alimenta los cafetales que dan fama mundial a la región.

San Andrés es, para muchos, la gran postal del Caribe colombiano. El archipiélago es conocido por las distintas tonalidades de su agua, asociadas a la expresión mar de los siete colores, y por una oferta que combina el buceo entre arrecifes de coral con recorridos por la isla a bordo de los característicos carritos de golf. Es una alternativa ideal para quienes buscan dedicar buena parte del viaje al mar, aunque también permite sumar caminatas cortas y salidas a Johnny Cay o a Acuario, dos de los puntos más visitados por los turistas. La diferencia con otros destinos caribeños, según repiten los guías locales, es que acá el turista argentino se cruza con poco fellow traveler y termina siendo tratado casi como un visitante esperado: los propios prestadores reconocen que la presencia argentina creció de manera sostenida desde la pospandemia y que el tipo de consultas cambió, porque ya no preguntan solo por playa sino también por hospedaje y gastronomía.

Selva, café y ciudades coloniales

Quien quiera sumar naturaleza sin resignar Caribe tiene en Santa Marta un punto de partida ideal. Desde allí se accede al Parque Nacional Natural Tayrona, donde se pueden combinar caminatas por senderos rodeados de selva tropical con playas que figuran entre las más atractivas de la costa norte. La oferta se completa con visitas a la Ciudad Perdida, asentamientos arqueológicos de la cultura tairona que, según los guías de la zona, vienen ganando consultas de viajeros argentinos justamente porque permiten unir trekking con playa en una sola experiencia. Más al sur, el Eje Cafotero ofrece un contrapunto de montaña: haciendas donde se explica el proceso del café de la semilla a la taza, pueblos como Salento con su arquitectura típica y actividades de observación de aves en zonas donde la niebla se vuelve parte del paisaje.

Bogotá y Cartagena cierran el abanico con la cuota cultural e histórica. En la capital, el recorrido clásico incluye subir al Cerro de Monserrate para ver la sabana desde 3.152 metros de altura, caminar por el barrio de La Candelaria y visitar el Museo del Oro, que custodia más de 55.000 piezas de orfebrería prehispánica. Cartagena, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, aporta la arquitectura colonial, el sector amurallado y una gastronomía que dialoga con el Caribe. Para quienes viajen entre febrero y abril, la oferta se enriquece con dos eventos que la propia ProColombia suele mencionar en sus presentaciones: el Carnaval de Barranquilla, una de las fiestas más importantes de América Latina, y el Festival Vallenato en Valledupar, donde la música tradicional colombiana se vive en su máxima expresión.

“Bogotá, Cartagena, Medellín y San Andrés ya están consolidados entre los viajeros argentinos, y Santa Marta gana presencia con mucha fuerza.”Luis Fernando Fuentes Ibarra, representante de ProColombia, en la FIT

Para armar un primer acercamiento al país, lo más recomendable es combinar dos o tres de estos productos. Un itinerario habitual entre los operadores que trabajan con público argentino empieza en Bogotá con dos o tres noches dedicadas a la ciudad, sigue hacia el Eje Cafetero para una experiencia de hacienda cafetera de un par de jornadas, y cierra con una semana en la costa, repartida entre Cartagena y San Andrés o Santa Marta, según el perfil del viajero. La temporada alta para el público argentino coincide con el verano boreal, entre diciembre y marzo, y con los recesos de julio. En esos meses la demanda hotelera se incrementa y conviene reservar con anticipación, sobre todo en San Andrés y en las haciendas del Eje Cafetero, donde la capacidad es limitada. En cuanto al abrigo, alcanza con ropa liviana y de verano para la costa, un piloto liviano para las noches en Bogotá por la altura, y algo de lluvia para el Eje Cafetero, donde las lloviznas son frecuentes casi todo el año. Quien venga del sur argentino, donde el abrigo grueso es la norma, descubrirá que buena parte de este viaje cabe perfectamente en una valija de mano.

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Bruno YutronichTurismo y glaciares

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