Cuando el cuerpo avisa antes de que la tos llegue: las señales silenciosas de la neumonía que se nos pasan por alto
El cansancio profundo, la respiración agitada y las náuseas pueden anticiparse a los síntomas clásicos y cambiar el rumbo de la enfermedad si se detectan a tiempo.
Acá en la cuenca, en la cocina de doña Elsa, de 71 años, el tema aparece casi siempre a la hora del mate: alguien comenta que un familiar arrancó con un cansancio que no se explicaba y, a los pocos días, terminó internado por neumonía. Esa escena se repite más de lo que uno quisiera, y por eso vale la pena prestarle atención a lo que los médicos vienen repitiendo hace rato: la neumonía no siempre empieza con la tos ni con la fiebre. A veces, el cuerpo avisa antes, con señales que uno tiende a minimizar.
La neumonía es una infección que inflama los alvéolos de los pulmones y los puede llenar de líquido o pus, lo que complica el paso de oxígeno al resto del organismo. La causa puede ser bacteriana, viral o fúngica, y entre los agentes más frecuentes aparecen el Streptococcus pneumoniae y el Mycoplasma pneumoniae. También algunos virus de la gripe o del covid-19 pueden derivar en este cuadro. La evolución, según explican los especialistas, depende mucho del agente que la provoque, de la edad y del estado de salud previo de cada uno.
Las pistas que aparecen antes que los síntomas clásicos
Lo que suele pasar inadvertido, y a nosotros nos ocupa especialmente, es que hay indicadores que se presentan antes que la tos o la fiebre. El neumonólogo Gerald Weinhouse, de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham, lo planteó con claridad: la fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos. Y agregó algo que a más de uno le cambia la mirada: si bien la tos es casi universal, algunas personas no tienen mucha fiebre.
- Fatiga intensa y repentina, sin causa aparente.
- Respiración más acelerada de lo habitual, incluso en reposo.
- Latidos rápidos y sensación de falta de aire.
- Náuseas, falta de apetito y malestar general.
- Confusión, somnolencia excesiva o desorientación, sobre todo en mayores de 65.
Cuando la infección avanza pueden sumarse presión arterial baja, diarrea o cambios en el estado mental. En los adultos mayores y en quienes tienen las defensas comprometidas, la temperatura corporal puede incluso estar por debajo de lo normal, así que la ausencia de fiebre no descarta nada. Precisamente por eso, en ese grupo la confusión repentina y la desorientación son motivos de consulta médica sin demoras.
Quiénes tienen que mirar estas señales con más cuidado
Los grupos más expuestos a complicaciones son los niños, los bebés, los mayores, los fumadores y quienes conviven con enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes, asma o cáncer, o están bajo tratamientos que bajan las defensas. Entre las complicaciones posibles aparecen la acumulación de líquido alrededor de los pulmones, la presencia de bacterias en sangre, los abscesos pulmonares y la insuficiencia respiratoria, que en muchos casos termina en internación.
Conviene ir al médico si la tos persiste varios días y va empeorando, si aparece dolor en el pecho al respirar, si los síntomas vuelven después de una mejoría inicial, o si la fiebre se sostiene en 39 grados o más. Vuelvo a doña Elsa, que ahora revisa el termómetro y mira cómo respira cada uno de la familia antes de pasar el mate: a veces, las señales más chicas son las que evitan un problema grande.
