Un estornudo en plena alegría: por qué el perro hace ese ruido y cuándo conviene encender la señal de alerta
El adiestrador canino Tony Silvestre lo define como parte del lenguaje emocional del animal. Una guía para distinguir el estornudo de juego del que esconde un problema de salud real.
Acuérdese de Norma, la vecina de toda la vida acá en la cuenca, que el otro día me paró en la esquina del almacén con el celular en la mano y cara de susto. Su perra Mora, una mestiza de cuatro años que adoptó en la veterinaria del barrio, había empezado a estornudar mientras jugaba en el patio con la pelota. Me dijo, casi sin respirar: 'Llueve o truene, yo al teléfono del veterinario'. Y no la culpo, porque durante años nos vendieron la idea de que cualquier ruido raro en la nariz del perro es sinónimo de enfermedad. Pero la mayoría de las veces no hace falta correr a la guardia. Lo bueno es entender qué nos está diciendo el animal con ese estornudo, y en qué momento sí conviene preocuparse de verdad.
El adiestrador canino Tony Silvestre, que trabaja hace más de dos décadas con perros de todo tipo y temperamento, lo explica sin rodeos: 'Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo'. Para nosotros, los que convivimos día a día con un perro, eso cambia la mirada por completo. Deja de ser un síntoma sospechoso para pasar a ser un mensaje.
La explicación que viene del propio cuerpo del perro
La lógica es bien simple y tiene que ver con la fisiología del momento. Cuando el perro se emociona, ya sea porque lo estamos por sacar a pasear, porque le hacemos upa, porque llega alguien a casa o porque estamos jugando con él en el patio, el cuerpo se le prepara para la descarga de adrenalina. Esa preparación incluye una acumulación de presión en las vías respiratorias que el animal necesita liberar de alguna manera. El estornudo aparece entonces como una válvula natural, una forma de recuperar la calma respiratoria después de un pico de excitación. Silvestre lo resume con una frase que se hizo conocida entre sus clientes: 'Si no estornuda, significa que no te quiere'. Y uno, viéndolo desde acá, no puede más que sonreír.
Cómo confirmar que el estornudo es emocional y no sanitario
- Mirada tranquila y ojos sin inflamación visible, ni lagañas excesivas ni enrojecimiento.
- Cola moviéndose con soltura, sin rigidez ni posición baja permanente.
- Orejas en posición natural para la raza, no caídas ni echadas hacia atrás por molestia.
- Postura relajada, con el cuerpo suelto y dispuesto a seguir jugando o a echarse panza arriba.
- Curiosidad intacta durante los paseos, interés por el entorno y por otros perros, sin aislamiento.
- Apetito normal, ganas de beber agua y rutinas de descanso sin alteraciones.
Ahora bien, hay un segundo escenario que también es importante tener en el radar. Hay estornudos que responden a causas externas menores, como cuando el perro mete la cabeza en el agua de la pileta, cuando bebe apurado del bebedero o cuando juega a meter el hocico en el pasto alto. Esas situaciones generan una pequeña molestia en las fosas nasales y el estornudo aparece como reflejo para limpiar la vía. Tampoco es motivo de alarma, porque se resuelve solo en cuestión de segundos.
Cuándo sí hay que llamar al veterinario sin pensarlo
La línea que separa la alegría del problema es, por suerte, bastante clara. Los especialistas consultados coinciden en que la consulta se vuelve obligatoria cuando los estornudos se repiten sin un disparador emocional evidente y, sobre todo, cuando aparecen en combo con otros indicadores. Si el perro deja de comer, si lo notamos apagado, si se cansa más rápido de lo habitual o si respira agitado estando echado en el piso, el cuadro cambia por completo. También hay que prestar atención a la presencia de mucosidad nasal, a estornudos en salva o a cualquier cambio en el ladrido o en la forma de respirar. En esos casos no hay que esperar al día siguiente: la consulta profesional no es opcional, es urgente.
El criterio práctico que propone Silvestre, y que en casa aplicamos desde hace años, es bien concreto. Si el estornudo aparece en un momento de juego, de caricias o de euforia, y el resto del cuerpo del perro muestra todas las señales de bienestar que enumeramos arriba, no hay razón para asustarse. Si en cambio el estornudo surge de manera repetida, sin vínculo con la emoción ni con el juego, y se combina con cualquier alteración del apetito, del sueño o del humor habitual, entonces sí hay que sentarse frente al veterinario y pedir turno. Aprender a leer el lenguaje corporal del perro no es un capricho de entendidos: es la mejor forma de cuidarlo y de evitar que convivamos con un miedo permanente a cada estornudo que suelte en el sillón. Norma, gracias a Dios, entendió el mensaje: terminó guardando el celular y volviendo a tirar la pelota con Mora, que mientras escribo esta nota sigue estornudando de alegría cada vez que alguien le mueve la cola.
