Cuando el cuerpo avisa: las señales de un coágulo que no conviene dejar pasar
Dolor, hinchazón y cambios en la piel pueden ser indicios de trombosis venosa. Especialistas remarcan que conocer los propios factores de riesgo es la mejor forma de prevenir una complicación potencialmente mortal.
En la cocina de Marta, una vecina de 52 años del barrio de Belgrano, el tema apareció de la manera más inesperada. Mientras hervía el mate, se quejó de un dolor en la pantorrilla que arrastraba hacía días. Acá en la cuenca del Paraná o en cualquier rincón del país, esa clase de malestar muchas veces se toma a la ligera, como si fuera un calambre sin importancia. Sin embargo, ese dolor en una pierna, la hinchazón o un cambio en la temperatura de la piel pueden ser señales de algo mucho más serio: un coágulo sanguíneo.
Qué pasa cuando aparece un coágulo
La trombosis venosa se produce cuando se forma un coágulo en una vena profunda, por lo general en las piernas. Si ese coágulo se desprende y viaja hasta los pulmones, puede provocar una embolia pulmonar, una complicación que requiere atención de emergencia y que, en los casos más graves, puede ser fatal. Por eso, cuando el cuerpo avisa, conviene escucharlo a tiempo.
El cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco identificó cuatro señales físicas que pueden advertir sobre la presencia de un coágulo. Son indicios que, solos, no confirman nada, pero que justifican una consulta médica inmediata para descartarlo o confirmarlo. Acá van los cuatro puntos a los que hay que prestar atención:
- Dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o en el muslo.
- Hinchazón en la zona afectada.
- Cambios en el color de la piel, que puede verse roja, azulada o más oscura de lo habitual.
- Sensación de calor localizada en el sector comprometido.
Cuándo la consulta no puede esperar
Hay síntomas que ya no dan margen: dificultad respiratoria súbita, dolor en el pecho que se intensifica al respirar, tos con sangre o pérdida del conocimiento. Ante cualquiera de estos cuadros, corresponde llamar a emergencias de inmediato, sin esperar a ver si el malestar pasa solo. Nosotros, como comunidad, solemos tener la costumbre de aguantar; pero en estos casos la espera puede costar muy caro.
Los factores que elevan el riesgo
Algunas personas tienen probabilidades más altas de desarrollar un coágulo que otras. Entre los factores que Lo Monaco mencionó se cuentan haber tenido un coágulo previamente, tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia, fumar, pasar períodos prolongados con movilidad reducida y convivir con enfermedades como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer. Además, tres etapas de la vida de las mujeres merecen especial atención: el uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno (que eleva el riesgo, aunque en la mayoría de los casos sigue siendo bajo), el embarazo y el posparto (donde el cuerpo activa mecanismos que favorecen la coagulación para evitar sangrados excesivos) y la terapia hormonal con estrógeno que se utiliza para tratar los síntomas de la menopausia.
“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo
El especialista insistió en algo que vale la pena repetir: los riesgos no son fijos a lo largo de la vida. El embarazo, los tratamientos hormonales y los cambios en la movilidad pueden modificarlos, por lo que el consejo más adecuado varía según la historia clínica de cada persona. Quienes tienen antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación son los que más necesitan conversar el tema con su médico, incluso antes de que aparezca cualquier síntoma.
Marta, nuestra vecina de la cocina del principio, terminó esa tarde en el consultorio. Le hicieron los estudios y, por suerte, era solo un calambre. Pero el susto le dejó una enseñanza que transmite a quien quiera escucharla: cuando el cuerpo manda señales raras, no hay que hacerse el distraído. Acá entre nosotros, quedarse tranquilo con que ya va a pasar puede ser la diferencia entre una consulta a tiempo y una emergencia. Y eso, vale siempre la pena tenerlo presente.
