Cuando la grasa se va demasiado lejos: lo que el cuerpo empieza a apagar sin que uno lo note
Expertos en metabolismo y composición corporal advierten que bajar el porcentaje de tejido adiposo por debajo de ciertos umbrales puede comprometer músculos, huesos y hormonas. Una recorrida por los estudios más recientes y por las limitaciones de las herramientas que usamos para medirnos.
Acá en la cuenca, en cualquier esquina de barrio, la conversación gira siempre alrededor de lo mismo: cómo bajar la grasa, cómo verse "definido", cómo comerse menos y entrenar más. Y yo, que llevo años cubriendo temas de salud para este portal, escucho una y otra vez la misma fantasía: que el cuerpo ideal tiene apenas un uno o dos por ciento de grasa, esa cifra que aparece en las publicidades y en las revistas. Pero la realidad, como me gusta decir cada vez que me siento a escribir esta columna, es bastante más complicada y bastante menos glamorosa. El tejido adiposo no es un enemigo a exterminar: es un órgano que almacena energía, que produce hormonas y que participa en regulaciones que ni nos imaginamos. Llevar sus reservas a niveles demasiado bajos puede alterar funciones del organismo, incluso en personas que entrenan todos los días, y de eso vamos a hablar hoy, en extenso, como nos gusta.
Un número que no dice todo lo que debería decir
Empiezo por lo más básico, y se lo escuché decir a Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, en una de las tantas jornadas que seguimos de cerca: un porcentaje de grasa corporal, por sí solo, no alcanza para evaluar la composición del cuerpo. La edad, el sexo y la distribución del tejido adiposo influyen en esa lectura, y las herramientas que usamos en el día a día tienen diferencias enormes. Una balanza de bioimpedancia, esa que mucha gente tiene en el baño, puede arrojar resultados distintos según la hidratación: si uno tomó dos litros de agua o si está un poco deshidratado, el número cambia. Los pliegues cutáneos, esos que miden los profesores de educación física con un calibre, sirven para estimar la grasa subcutánea, pero no permiten conocer la grasa que rodea los órganos, que es justamente la que más problemas trae cuando se acumula de más.
La densitometría DEXA, en cambio, distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, y es considerada la más precisa. Claro que necesita equipamiento especializado y puede ser costosa, no es algo que uno se haga cada dos semanas. Hew-Butler participó de un estudio con más de setecientos deportistas en el que se utilizó justamente ese método, y los mínimos registrados fueron del diez por ciento en hombres y del dieciséis por ciento en mujeres. Lejos, muy lejos, del uno o dos por ciento que suele mencionarse cuando se habla de definición muscular. Esos números que vemos en publicidades y competencias de fitness son, en la enorme mayoría de los casos, estimaciones visuales o selfies con iluminación favorable, no mediciones reales.
Músculos, huesos y hormonas en jaque
Ahora bien, ¿qué pasa cuando alguien, con buena intención o por presión estética, lleva esas reservas a un piso demasiado bajo? Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, lo explicó con una claridad que a mí me dejó pensando varios días: una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando una restricción intensa de calorías reduce esas reservas, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía, y eso perjudica tanto la generación de tejido óseo como su reparación. En otras palabras: no solo se pierde fuerza, también se pierden huesos, y eso es algo que muchos deportistas amateurs, y sobre todo muchas mujeres jóvenes, no tienen en la cabeza.
También pueden aparecer cambios hormonales que modifican la vida cotidiana. En hombres con una alimentación insuficiente, la testosterona puede disminuir, junto con la energía y el rendimiento, algo que cualquier entrenador serio confirma con solo mirar a su alumno. En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se relacionan con irregularidades menstruales o directamente con la falta de menstruación, una señal de alarma que suele taparse con pastillas o se ignora por miedo a engordar. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, sumó otro dato que me pareció clave: disponer de pocas reservas dificulta la respuesta ante infecciones graves, porque el cuerpo no tiene con qué defenderse.
- Llevar el tejido adiposo a niveles muy bajos puede hacer que el cuerpo consuma músculo para obtener energía, debilitando la fuerza y la recuperación.
- La producción de testosterona en los hombres puede caer cuando la alimentación es insuficiente, y con ella la energía y el rendimiento.
- En muchas deportistas, la falta de menstruación o los ciclos irregulares aparecen como una de las primeras señales de alerta.
- La masa ósea puede verse afectada, tanto en su formación como en su capacidad de reparación, lo que aumenta el riesgo de fracturas.
- Unas reservas demasiado escasas comprometen la respuesta del organismo frente a infecciones serias, según los especialistas.
- La leptina, una hormona producida por el tejido adiposo, baja cuando faltan reservas y le indica al cerebro que es hora de ahorrar recursos.
El exceso también importa, y dónde se ubica
Para cerrar esta recorrida, que me llevó varias horas de lectura y de charla con colegas y vecinos, quiero volver al principio y a un nombre que conozco bien. Marta tiene 53 años, vive a dos cuadras de casa y desde que arrancó la pandemia se obsesionó con la balanza. "Quiero llegar a fin de año con un diez por ciento de grasa", me dijo el otro día mientras tomábamos mate en la cocina, y yo la miré con esa mezcla de cariño y preocupación que me sale cuando alguien me cuenta estas cosas. Le expliqué lo que estoy contando acá: que el exceso también importa, y mucho, sobre todo cuando se concentra alrededor de los órganos. La acumulación de grasa visceral favorece la liberación de sustancias que inflaman el cuerpo y predisponen a enfermedades cardiovasculares y metabólicas. El punto, como le dije a Marta y como nos recuerda la evidencia más reciente, no es bajar a cualquier precio ni tampoco mirar para otro lado cuando sobra: es entender que la grasa es parte nuestra, que cumple funciones, y que buscar un equilibrio informado, con controles médicos y con profesionales que sepan medir lo que importa, siempre va a ser mejor que cualquier foto con abdominales marcados que veamos en una pantalla. Nosotros, como sociedad, tenemos que empezar a hablar de estos temas sin culpa y sin tanta presión, porque el cuerpo, querido lector, es mucho más que un porcentaje en una balanza.
